viernes 6 de noviembre de 2009

Crisis, tiempo y monopolaridad
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 6 de Noviembre de 2009.



Para todo efecto práctico 2025 ya está aquí. Esta sutil percepción de Michael T. Klare, contenida en una de sus reflexiones (American Preeminence is Disappearing Fifteen Years Early www.Tomdispatch) sobre un documento reciente del National Intelligence Council (NIC) Global Trends 2025, no sólo alude a un fenómeno que es imperativo atender: la aguda contracción temporal que ocurre en tiempos de crisis. También concita la atención sobre la necesidad de la crítica teórica y conceptual, vital cuando aumentan las áreas de incertidumbre –desde lo económico a lo político/social y estratégico/militar– y se aceleran cambios en la ecuación de poder mundial, regional, nacional.

El documento del NIC, ente vinculado a la CIA, ofrece un análisis multifactorial desde el que se concluye que en los próximos 15 años la preeminencia de Estados Unidos gradualmente habrá desaparecido, junto al surgimiento paralelo de otras potencias, especialmente China e India. El uso del término preeminencia ofrece un retrato cabal de la posición estadunidense. Hace 17 años en un documento del Estado Mayor Conjunto de ese país para referirse al mismo fenómeno, se advertía que “…el mundo no es unipolar, como pensaron algunos después del derrumbe de la Unión Soviética”, para luego identificar los retos hegemónicos en Europa y Asia.

Pero el término de monopolaridad o unipolaridad y no uno como preeminencia fue el que se popularizó entre analistas de un amplio espectro político que va desde Noam Chomsky, una de las voces más lúcidas de nuestro tiempo (quien utiliza la noción de monopolaridad militar en su caracterización del medio ambiente global), hasta Richard Haas, vocero el Foreign Relations Council, el cabildo de cabildos del alto capital, por representar históricamente a la cúpula corporativa de Estados Unidos.

Ya me referí en varias ocasiones a la necesidad de reconocer la poca pertinencia de expresiones como las de posguerra fría o monopolaridad, aún a nivel militar, para caracterizar una época de crisis de acumulación y de conmoción hegemónica, en que la competencia por la supremacía se traslada de lleno a un primer plano en la estructuración de la estrategia global hacia adelante de Estados Unidos, en un contexto de intensa centrifugación que se observó y se observa entre los países capitalistas centrales, con su propensión hacia el regionalismo y la conformación de bloques, históricamente proclives en tiempos de debacle económica, a los amurallamientos comerciales y de inversión como el TLCAN, la manifestación más palpable y cruda de crisis hegemónica.

Esto impacta con fuerza la proyección de poder económico-comercial, de inversión y estratégico-militar de Estados Unidos hacia América Latina y el hemisferio, empezando por México y Canadá: en ningún momento podemos asumir que el choque estratégico-ideológico entre Estados Unidos y la URSS concentró el meollo de las variables independientes desde las que se derivaron las contradicciones centrales del lapso posterior a la Segunda Guerra Mundial, hasta principios de la década de 1990.

Como he advertido en La compra-venta de México (2002), caracterizar a lo que siguió al desplome soviético como posguerra fría o monopolaridad implica que alrededor de la contradicción este-oeste giraban todas las otras contradicciones como entre centro y periferia capitalista, que se expresaron en la lucha anticolonial y antimperialista en Asia, África y América Latina.

De aquí lo valioso de las observaciones y ponderaciones de Klare, que le hacen concluir que los planteamientos del NIC hechos hace apenas 11 meses fueron rebasados por el torrente de la crisis. Los vertiginosos cambios que se detectan, muy alejados de la monopolaridad, apenas dan alguna relevancia a las predicciones de entonces, desapareciendo la gradualidad en la pérdida de preeminencia de Estados Unidos. Pero el peligro de guerra general aumenta, por la palpable tendencia de compensar esa pérdida con la fuerza militar que aún tiene a mano.

jueves 22 de octubre de 2009

Diktat energético
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 22 de Octubre de 2009.



Qué querés decir cuando afirmás que Carlos Pascual viene por el resto? La pregunta me tomó desprevenido. La formuló un periodista argentino en una corta visita que hice a Brasil: había leído un artículo que publiqué en La Jornada en el que afirmaba que Tony Garza, el embajador de Bush en México, había venido por Pemex y logró una reforma energética que extirpa vitales actividades sustantivas y transforma el ente en un cascarón para el trámite de contratos y que Pascual, su sucesor, venía por el resto.

Me tomó por sorpresa y me asombré al responder: viene tras la electricidad y la Federación. El desasosiego que sentí permanece, en especial cuando se leen noticias sobre el recrudecimiento de la violencia en el país y en la frontera norte gestada en torno a la militarización de la cruzada antinarco; la presencia de campos de adiestramiento de ejércitos privados de Estados Unidos (tipo SyColeman o Blackwater –ahora Xe–) en las cercanías de San Diego, California, y de las visitas de Pascual a esa frontera promocionando operaciones policial-militares conjuntas en los respectivos territorios. Todo, mientras Calderón da golpes al sindicalismo y al estratégico sector petroeléctrico nacional.

El paquete de reformas estructurales impulsadas por medio de empréstitos condicionados del Fondo Monetario Internacional-Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, al promover esquemas de outsourcing a favor de contratistas nacionales y extranjeros, socavaban el control público nacional de los vastos complejos económico-territoriales, rurales, urbanos y suburbanos involucrados en la operación diaria de Pemex, Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Luz y Fuerza del Centro (LFC). El dominio de la nación sobre ese sector es vital para la soberanía y la integridad de la Federación.

Por más de 27 años Estados Unidos ha impulsado desde Los Pinos y la Secretaría de Hacienda lineamientos en materia económica que, según J. Stiglitz (ex economista principal del Banco Mundial) desembocan en descalabros como el de diciembre de 1994. Son calamidades que debilitan al Estado nacional e impulsan intereses oligárquico-imperiales. Así lo indica Sarahí Ángeles en un estudio sobre los diseños privatizadores de la industria eléctrica en México (J. Saxe-Fernández, coordinador, La energía en México: situación y alternativas UNAM/Ceiich 2009). Recuerda que en el memorando de políticas económicas y financieras anexo a la carta de intención enviada al FMI en junio de 1999 por Zedillo, se estipula que el gobierno mexicano “…se encuentra en la fase final de su programa de privatización, que incluye servicios de infraestructura, previamente en poder del Estado: puertos, aeropuertos, ferrocarriles, satélites, electricidad y la distribución de gas natural” (p.288).

La resistencia del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) a este diseño obstaculiza un proceso que incluye la liquidación de LFC y el desmembramiento de la CFE, para abrirle espacios a empresas de Estados Unidos y Canadá, favorecidas en el capítulo 11 del TLCAN.

Por ahora se envía a la calle a más de 40 mil familias para, según el Diktat del BM: “crear corporaciones de generación múltiple de energía a lo largo de las líneas geográficas o por tipo de planta… Establecer una o más corporaciones de transmisión para que sean las propietarias del sistema de transmisión de alto voltaje… establecer corporaciones de distribución, para que sean propietarias de los sistemas de distribución en cada área para manejar los precios de menudeo de la energía… corporatizar Luz y Fuerza del Centro como una compañía de distribución, transfiriendo las plantas generativas a una nueva Compañía de Generación, decidir el grado de participación privada de estas nuevas corporaciones, el cual puede ser desde cero a cien por ciento, con la mira de incrementar con el tiempo la participación privada… Transferir la responsabilidad reguladora de tarifas de la SHCP a la Comisión Reguladora de Energía para todas las entidades que participen en el sector de la energía”.


jueves 8 de octubre de 2009

John Saxe-Fernández: Tras golpe en Honduras está la señal del gobierno de Obama
EL Semanario-Universidad, Del 07 al 14 de octubre de 2009. Edición 1825. Año XIII. San Jose, Costa Rica.
Escrito por JORGE LUIS ARAYA (jorge.araya@semanario.ucr.ac.cr)
El mensaje a Latinoamérica es que se acabó lo de la Carta Democrática y el respeto a la autoridad civil.

Para ver “dónde estamos parados” luego del golpe de Estado en Honduras, es preciso ubicarlo en un contexto regional y mundial en que Estados Unidos busca una recomposición hegemónica tras el descalabro estratégico sufrido en Irak, advierte en entrevista para UNIVERSIDAD el costarricense John Saxe-Fernández, profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


¿Qué lectura hace del golpe de Estado en Honduras, está el gobierno de Obama involucrado?

- Cuando ocurrió el golpe estaba yo en República Dominicana participando en el centenario del nacimiento de Juan Bosch, quien fue mi profesor aquí en La Catalina allá en los años 60, y estaba también Jorge Rodríguez Beruff , connotado especialista puertorriqueño en relaciones cívico- militares. Y yo le decía: “Esto me huele a diplomacia de dos vías”, haciendo referencia a la diplomacia que practicaba Henry Kissinger para derrocar a Salvador Allende en Chile, es decir, la diplomacia visible y la diplomacia subterránea, la del golpe. Él me dijo: “Si es una diplomacia de dos vías, pronto se le verá la costura.”
Y pronto se le vio la costura, porque en pocas semanas ya se habían desarrollado dos indicios importantes. El primero era darle largas al golpe. Recuerdo que Manuel Zelaya dijo que sin el apoyo de EE.UU. este golpe no duraba ni 48 horas. Ya habían pasado una o dos semanas, cuando Álvaro Montero Mejía hizo una reflexión valiosa, cuando dijo que trasladar esta discusión de un foro multilateral como la OEA o las Naciones Unidas a la sala de espera de la casa de Óscar Arias era hacerle el juego a Washington. Y más aún, era darle tiempo para que se fuera consolidando el golpe, y Zelaya no debía caer en esa trampa.
El segundo indicador fue cuando el vocero del Departamento de Estado P.J. Crowley dijo que si este golpe de Estado representara una lección para Zelaya, de que no debe adoptar relaciones y modelos como el venezolano, bienvenida la lección. Posteriormente, hace unos días, la periodista chilena Frida Modak hizo un análisis en el que cita a Micheletti (presidente de facto) diciendo que los golpistas están recibiendo gran apoyo de EE.UU.
Consecuentemente, se me hacía muy difícil la hipótesis de que hubiera una especie de acción autónoma del Pentágono, y sobre todo del Comando Sur y de las instrucciones del comandante en jefe del Pentágono que es Barack Obama. En mi opinión, ni John Dimitri Negroponte, exembajador de EE.UU. quien fuera un propiciador de los escuadrones de fusilamiento rural y urbano en Honduras con miles de bajas civiles, ni Otto Reich o cualquier otro agente de la derecha, hace una operación de éstas sin el visto bueno del Consejo de Seguridad de Obama. Esto que lo tengamos claro.
Lo que pasa es que no contaban con que hubiera una resistencia de la magnitud que ha habido en Honduras y se les está formando un atolladero interno y al mismo Obama.
En América Latina hay un proceso importante de construcción social alternativa. Estamos en un punto en que ya empiezan a surgir respuestas populares como la que estamos viviendo en estos países. Esto ocurre incluso en países como Brasil con el triunfo de Lula, que está haciendo una diplomacia interesante, con todas las críticas que uno le pueda hacer.

¿Usted afirma que el golpe en Honduras es una señal del Pentágono, y no una ocurrencia de los golpistas?

- Este golpe parte de todo un esquema de aumento de la proyección de poder de los EE.UU. hacia la región, que no es “patrio trasero”, noción que no ayuda a entender las cosas. No. Es una reserva estratégica. Es una región donde hay una enorme cantidad de recursos naturales, que son fundamentales en el proceso de recomposición hegemónica de EE.UU., empantanado militarmente en Irak, y que tampoco le va bien en la guerra en Afganistán y Pakistán.
En la carta que el general Stanley McChrystal (jefe militar en Afganistán) le envió al secretario de Defensa, Robert Gates, le decía que la cosa no estaba funcionando, y en las partes clasificadas que publicaron periodistas estadounidenses, lo que indicaban era que se necesitaba medio millón de tropas adicionales (sumadas a las 169.000 que había).
EE.UU. siempre que tiene estos descalabros militares en Asia dirige su atención hacia América Latina. Por dos razones fundamentales. Una es la que mencioné, la recomposición hegemónica. Otra es un pensamiento que enarboló Kissinger en los albores del proceso que culminó con el derrocamiento del presidente constitucional de Chile Salvador Allende, el 11 de setiembre de 1973. Lo recordó Noam Chomsky (pensador estadounidense) cuando estuvo en México. Kissinger decía: “Si no podemos controlar a América Latina, no se nos puede pedir que controlemos el resto del mundo”. Esa misma línea de razonamiento está vigente, junto con otros mensajes de los que se necesita tener una mente militar para hacer la traducción.

¿En el caso de Honduras cuál sería?

- El golpe de Estado viene con su propio mensaje. Viene diciéndole al inconsciente colectivo latinoamericano: “Señores, aquello de la Carta Democrática y de las relaciones cívico militares donde había respeto a la autoridad civil, se acabó”.
Hay otro mensaje que viene con la reactivación de la IV Flota en el continente, y es: -“Ustedes son grandes exportadoras de materias primas e importadores de cosas fabricadas afuera. Pues yo les controlo las líneas de comunicaciones, señores latinoamericanos”.
Pero además, luego de la reactivación de la IV Flota por el gobierno de George Bush viene un aumento del presupuesto militar. El gobierno de Obama se pide una eliminación de las erogaciones en cierto tipo de tecnología de guerra, pero a la vez solicita mayores fondos para entrenamiento de fuerzas especiales. Y recordemos que fueron fuerzas especiales del ejército de Honduras, adiestradas por EE.UU., las que asaltaron la casa de Zelaya y lo sacaron en piyamas. Los militares de EE.UU. tienen una base en Palmerola, donde estaban perfectamente enterados, igual que la diplomacia estadounidense, que venía un golpe de Estado.
Obama también aumenta el presupuesto para la marina de litorales, es decir, de aguas no profundas. En las páginas del Pentágono uno ve que están contratando una cantidad de equipo militar que son barcos para litorales, para meterse al Orinoco, al Amazonas, o sea, a los ríos navegables de América Latina. De manera que no es chiste lo de la IV Flota.
Luego está el mantenimiento del proyecto de la llamada Flota Azul, de aguas profundas, para el 2050, porque EE.UU. parte de su proyección de poder en el control de las líneas marítimas de comunicación.
No hay que olvidar que la gran mayoría de los recursos minerales que consume EE.UU. son importados. Anualmente ese país debe importar 4.000 millones de toneladas métricas de minerales frescos, sin incluir los que se reciclan. Por eso, el control de las líneas marítimas resulta crucial.
Entonces, una cosa es la imagen de un afroamericano que llega a la Presidencia de EE.UU. y el carisma que tenga, y otra cosa es la sustancia. Y la sustancia la vamos a ver en las decisiones de presupuesto. Estas decisiones son totalmente congruentes con la proyección de fuerzas militares en América Latina por medio de todos estos instrumentos, que incluyen el adiestramiento militar de una cantidad cada vez mayor de militares latinoamericanos. Se han adiestrado más militares en los últimos ocho años, desde que llegó Bush a la fecha, que lo que se habían capacitado desde los años 70. Eso da una idea de las intenciones de EE.UU.
En ese contexto viene lo de las bases en Colombia y Panamá (donde el presidente Ricardo Martinelli acaba de autorizar tres), y en ese contexto hay que colocar el golpe en Honduras.

Álvaro Uribe dice que las bases son para combatir el narcotráfico y no representan amenaza para otros países...

- No he tenido acceso a los instrumentos confidenciales que firmó con EE.UU. este cipayo Uribe, pero ellos dijeron que esas bases navales y de fuerza aérea, son para las operaciones contra el narcotráfico. Falso, porque el Plan Colombia no ha servido para controlar el narcotráfico, el cual más bien ha aumentado brutalmente, sino que ha sido fundamentalmente contraguerrillero.
Hay otros elementos como que el Estado colombiano renuncia a su derecho de llevar ante la Corte Penal Internacional a aquellos militares estadounidenses que violen los derechos humanos de la población colombiana. Lo que se gesta entonces es una apoplejía de la constitución de dicho país.
Y ya tenemos los datos de capacidades operativas que les dan las bases y que trascienden en mucho el territorio colombiano. Desde allí cubren prácticamente todo el continente. La base de Palanqueros, por ejemplo, tiene una pista de aterrizaje de 3.000 metros, hangares para 240 aviones, cuenta con supermercados, casinos donde se lava dinero, gimnasios, tiendas, es toda una ciudad. Allí operarían los aviones C-17, que son manejados por el comando aéreo de desplazamiento rápido del Comando Sur.
En su momento, el Comando Sur dio información de que los C-17 podrían operar en cualquier lugar de Suramérica sin necesidad de reabastecimiento de combustible. Bueno, Uribe ahora les abre el camino para que tengan siete bases en Colombia. Obviamente esta es una región cercana a Venezuela, donde según nos acaba de informar Petróleos de Venezuela, a la reserva de petróleo en el Orinoco se agrega una reserva de petróleos pesados estimada en 324.000 millones de barriles, que es mayor que la de Arabia Saudita (260.000 millones).

¿Y cuál es entonces el problema?

- Que sobre ese petróleo está un presidente constitucional (Hugo Chávez), con apoyo popular, que está diciendo: “Este petróleo es venezolano y lo vamos a usar en función del interés público”. Claro que para una elite como la estadounidense eso es mal visto, y entonces empieza la campaña de satanización y de vilipendio contra Chávez.
Otro elemento es que Colombia tiene balcón hacia la Amazonia, la masa de agua dulce de mayor dimensión y una de las mayores áreas de foresta del planeta, si no la mayor.
Por el otro lado está Bolivia, que tiene los yacimientos más grandes del planeta en litio, entre 5 millones y 9 millones de toneladas. No hay que olvidar que el litio pasó de $320 la tonelada a más de $3.000 en el 2008 y ya va casi por $4.000. Esto por cuanto es el ingrediente fundamental para las nuevas baterías de litio, que tienen suficiente densidad de acumulación energética y son necesarias para movilizar las flotas de automóviles, en un momento en que ya entramos en un decaimiento de las reservas mundiales de petróleo.

¿El Plan Colombia es entonces una fachada de ocupación militar?

- Es un esquema militar y paramilitar de invasión y ocupación de grandes espacios territoriales donde hay recursos, y al mismo tiempo es un instrumento contraguerrillero. Y un émulo del Plan es la Iniciativa Mérida (IM), con la que están muy contentos tanto Felipe Calderón, presidente de México, como el señor Óscar Arias.
Arias llegó a decir algo sorprendente para un Premio Nobel de la Paz, que debían meterle más fondos a la Iniciativa. Él sabe mejor que nadie que ésta es un esquema brutal de paramilitarización, donde hay enormes violaciones de los derechos humanos. Lo único que tiene que hacer Arias es ir a fijarse en la literatura y en los datos sobre las atrocidades que se han cometido sistemáticamente en Colombia desde 1998, cuando se puso en operación el Plan Colombia.
La de Mérida es el mismo esquema de invasión y ocupación militar. Este esquema llevó a principios de año de visita a México al jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de EE.UU., el almirante Mike Mullen, quien hizo declaraciones ominosas. Dijo: “Nosotros vamos a transferir al gobierno mexicano capacidades de contrainsurgencia para combatir el narcotráfico”.
Luego varios documentos del comando de fuerzas especiales del Pentágono salieron en el periódico El Universal de México, donde se dice que el Pentágono proyectó que México como Estado puede fallar. Consecuentemente, es un problema de seguridad para EE.UU., por lo que este país debe preparar acciones que correspondan. Es decir, están preparándose para una invasión.

Lo que usted está diciendo es que todo esto son preparativos de guerra…

- Sí, con todos esos elementos. Y es una guerra de clases, además.
Dentro de los objetivos está el control de las fuerzas populares que están respondiendo en América Latina a treinta y tantos años de una sistemática guerra de clases, con los programas de ajuste estructural, las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de continua agresión al aparato productivo nacional, al empleo, los salarios, los sindicatos, con las privatizaciones. Tal y como lo que se está viviendo aquí con la minera y el ICE (Instituto Costarricense de Electricidad), que es la empresa de mayor facturación del país, y entonces se lanzan sobre eso; los proyectos de privatización de puertos, de infraestructura, prácticamente todo, como sucede también en México.
Ante ese tipo de política económica, las fuerzas sociales afectadas están reaccionando y tenemos respuestas populares en Venezuela, Bolivia, Ecuador y otras naciones, donde la izquierda ha ganado las elecciones. En México dos veces ha ganado la izquierda y dos veces las usurparon.
EE.UU. lo que necesitan son gobiernos peleles que se dobleguen, como el de Óscar Arias en relación con la minería, la electricidad, los puertos; como el de Felipe Calderón, el de Álvaro Uribe, el de Martinelli en Panamá, que recientemente autorizó tres bases militares.

¿Ante este panorama que usted expone es que están reaccionando países como Brasil y Venezuela, entre otros, que están aumentando su equipamiento militar, y los acusan de atizar una carrera armamentista?

- Bueno, la señora Hillary Clinton, secretaria de Estado, mostró preocupación porque Venezuela está comprando armamento a Rusia. Pero es muy mañosa la señora, porque lo que no dice es que Chávez tiene una cantidad de equipo estadounidense, por ejemplo, aviones F-16. Él le pide a EE.UU. que le venda refacciones y no se las venden. Va entonces a Brasil y le dice a Embraer que le quiere comprar aviones para transporte y vigilancia del narcotráfico, y entonces EE.UU. le dice a Embraer: -“Ustedes no pueden venderle a Chávez, porque nosotros tenemos el control de las licencias sobre los motores de sus aviones”. Chávez se va entonces a Francia, y quiere comprarle equipo, pero se repite la misma historia, EE.UU. tiene el control de las patentes y consecuentemente no autoriza la venta. Entonces Chávez va a Rusia y se los venden.
Ahora, si uno va a los datos del Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz (SIPRI en inglés), donde está la descripción más objetiva posible de las fuerzas militares de los países, observa que Colombia tiene medio millón de soldados, lo que es 7 o 9 veces más que lo que tiene Venezuela. El gasto militar de Colombia es también muchas veces mayor que el de Venezuela. Incluso es casi como el de Brasil, con la diferencia de que Brasil tiene ocho millones de km2 y 160 millones de habitantes, y Colombia tiene 40 millones.

Eso significa que ya hay una guerra en marcha…

- Efectivamente. Si uno se fija en el reporte anual de la Agencia Internacional de Energía (World Energy Outlook), ahí dicen que hicieron una evaluación de los 800 pozos petroleros de mayores dimensiones del planeta y que ya llegaron al pico de producción. La tasa de disminución que se publicó en el 2007 fue de 4.3%, pero lo que observamos es que en el 2008-2009 la tasa de disminución es de 9%.
Consecuentemente, el petróleo se está acabando en el planeta, y cuando se acabe, solo habrá cinco naciones que todavía lo conservarán: Arabia Saudita, Irak, Irán, Venezuela y Rusia. Y no es casual que con todas ellas, salvo Arabia Saudita donde la conflictividad es menor, EE.UU. está prácticamente en estado de agresión bélica.
En Irak ocurre una hecatombe humana, con más de 1.3OO.000 víctimas civiles, sin mencionar las atrocidades cometidas contra el cuerpo médico, los académicos, niños, mujeres, los huérfanos y desplazados. Todo por la ocupación militar de una de las tres principales reservas de petróleo del mundo. En relación con Rusia e Irán es un acoso estratégico, y ahora se está generando el consenso para atacar a Irán.
En nuestra América es un cerco que EE.UU. realiza con la IV Flota, el Plan Colombia, la Iniciativa Mérida, con el establecimiento de bases militares en Colombia y Panamá, en torno a vastos recursos, petróleo, gas, minerales, agua, biodiversidad de Venezuela -donde está la principal reserva de petróleo convencional y petróleo pesado- Brasil, Bolivia, México, Centroamérica, etc.
Y es que a medida que se van agotando las reservas petroleras se agudiza el conflicto.
El asunto central es que en medio de una crisis económica sin precedentes como la actual, con la crisis ambiental y una alimentaria que por momentos se intensifica y disminuye, los EE.UU. están tomando riesgos de guerra muy peligrosos.
Por eso decía que no podemos sacar el golpe de Estado en Honduras fuera de este contexto regional, sino hemisférico y global, de lo que está ocurriendo, porque entonces no sabemos donde estamos parados.
El predicamento hegemónico
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 8 de octubre de 2009.



La intensificación y ampliación de la proyección militar de Estados Unidos sobre América Latina ocurre cuando se agudiza una crisis de acumulación detectada desde hace 40 años, que adquirió manifestaciones sólo comparables con la gran depresión. No es asunto cíclico sino estructural. La fuerte militarización y para-militarización de esa política exterior, síntoma de debilitamiento hegemónico, es expresión de la existencia de un conjunto de límites inevitables, pero también de resistencias monopólicas (paradigmáticas) y fracasos históricos, tácticos y estratégicos.

Lo que está en juego es una premisa básica de la pax americana después de la Segunda Guerra Mundial: que el capitalismo mundial se transformaría en un sistema unificado bajo la hegemonía de Washington y que, como plantean Gabriel y Joyce Kolko, el capitalismo "dejaría de estar dividido entre rivales autónomos" (The Limits of Power, New York, Harper, 1972). Los descalabros bélicos en Eurasia (Corea, Vietnam y ahora en Irak y Afganistán, etcétera) y los retos de corte económico-empresarial planteados por Europa y Asia, en áreas tan significativas como la balística intercontinental, las armas biológicas, convencionales y termonucleares, los, submarinos, los despliegues satelitales, las industrias aeroespacial, naval, electrónica y automovilística –etcétera–, pusieron en entredicho el logro de una primacía centrada en la capacidad de Estados Unidos para re-estructurar en función de sus grandes empresas.

Por añadidura irrumpieron inquietantes vulnerabilidades gestadas por una progresiva "dependencia estratégica", agravada durante los últimos decenios por "resistencias monopólicas", ante el fin de los hidrocarburos convencionales en Estados Unidos (desde principios de los años 70) y los límites atmosféricos ante la quema de combustibles fósiles. Una precariedad que se amplía por un notable déficit en una gama cada vez más amplia de minerales y metales.

Es paradójico, pero no sorpresivo, que los fracasos se hayan gestado a la sombra de los grandes éxitos geopolíticos y geo-económicos: después de las dos grandes conflagraciones bélicas del siglo pasado el "hemisferio occidental" –que incluye a Canadá–, y sin heridas directas de esas guerras, queda "verticalmente integrado" con EU, a la vez que dicha potencia, ocupa militarmente los principales polos económicos de Eurasia –con la excepción de la URSS-Rusia y China–, y en las Américas como el polo supremo de poder económico-militar desde donde, para usar terminología de Liddel Hart, se articularía la "estrategia global hacia delante".

Pero la preponderancia de instrumentos militares y de inteligencia en áreas de importancia estratégica por sus recursos naturales (Oriente Medio, el Cáucaso, África, y ese mismo dominio sobre un Hemisferio utilizado como "reserva estratégica"), gestaron un "freno" en los avances tecnológicos requeridos para la competitividad, para el ahorro y la diversificación energética. El fenómeno se profundiza con el gobierno de Reagan, como lo documenta Paul Roberts (The End of Oil 2004), enfatizando los objetivos de lucro e imponiendo lineamientos de los poderosos cabildos petroleros, gaseros, carboníferos y automovilísticos; limitando recursos universitarios y federales para la investigación y desarrollo en energía, todo bajo el lema militar dirigido al ciudadano medio: "no se necesita conservar: nosotros iremos y conseguiremos el petróleo". En 1994 por primera vez en la historia EU importó más petróleo que el que producía lo que a su vez acicateó más militarización con Bush-Cheney, bajo otra divisa, esta vez de los consumidores al Pentágono y que empezó a leerse en los vehículos que recorrían las carreteras de costa a costa en medio de una brutal carnicería en Irak y cuando Sadam todavía vivía: “kick his ass and get the gas”. El predicamento hegemónico reside en que hoy América Latina y el mundo se unifican en el rechazo a esta barbarie genocida para acceder a los recursos.

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jueves 24 de septiembre de 2009

El riesgo de guerra
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 24 de agosto de 2009.



“La lucha global por la distribución de los recursos naturales ya está en marcha… La guerra ha sido el medio favorito usado por las grandes potencias para satisfacer sus necesidades de recursos. Si se gesta otra guerra mundial el conflicto más probable que enfrentará a las potencias será sobre los elementos de la sobrevivencia. El petróleo, desde luego, pero también el hierro, cobre, uranio, cobalto, trigo y agua”. Esta fina percepción de Richard Barnet (The Lean Years, Simon & Schuster 1980) es de peso cuando crece el agotamiento del petróleo convencional (peak oil), fundamento de la economía capitalista hasta nuestros días. La meta sería transitar hacia otro orden económico y socio-energético, sin una guerra general termonuclear (GGT): las guerras por los recursos pueden ocasionar incontrolables procesos de intensificación con empuje bélico terminal. Ya la carnicería por el petróleo de Irak lleva más de millón 300 mil bajas civiles, mientras Estados Unidos persiste en ampliar las guerras transfronterizas, desde Afganistán/Pakistán hasta Colombia/Ecuador (2008).

A primera vista la desactivación de Obama del despliegue antibalístico en Polonia y la República Checa, que Bush y Gates plantearon como defensa de Europa ante un ataque de misiles iraníes, aminoraría las tensiones y ofrecería más tiempo para la toma de decisiones en el uso de armamento nuclear y balístico. La proximidad a Rusia de un despliegue antibalístico cuya función es neutralizar una réplica aniquilatoria ante un primer ataque de Estados Unidos, acortó el tiempo disponible, haciendo necesario automatizar una respuesta contundente (Launch-on-Warning) ante ingresos balísticos al espacio aéreo ruso. La fragilidad en la disuasión conlleva un grave riesgo de guerra: el objetivo real e irresponsable del despliegue antibalístico fue anular la reacción rusa ante un ataque en pos de la reserva petrolera iraní. Se trata de lo que desde estas páginas calificamos de "acoso estratégico", como el "cerco" que Estados Unidos erige (Cuarta Flota, Plan Colombia e Iniciativa Mérida, bases etc.) en torno a los vastos recursos –petróleo, gas, minerales, agua, biodiversidad– de Brasil, Venezuela, México, Centroamérica, Bolivia, etc. En el caso ruso el despliegue antibalístico fue el equivalente al acto de guerra que habría significado si Moscú colocara en Chihuahua y Alberta componentes de un sistema nacional antibalístico ¡para "defender a Norteamérica" de un posible ataque de Corea del Norte!

Aunque la desactivación del despliegue antibalístico no es asunto menor, los vientos de GGT arrecian: Estados Unidos y la OTAN aumentan la tensión en el Mar Negro con todo tipo de provocaciones desde Georgia, mientras Gates plantea un "nuevo plan de defensa coheteril" en tres fases: en 2011 con interceptores SM-3 desde el este del Mediterráneo; en 2015 se mejoraría ese sistema y operaría, según nuevos planes, desde Polonia y la República Checa, y en 2018 actuaría otro despliegue "más poderoso", contra cohetes de alcance medio e incluso intercontinentales, parte de una "nueva arquitectura estratégica" en sustitución del despliegue antibalístico. (Ver R. Rozoff y B. Gagnon globalresearch.ca). Todo según la Casa Blanca, contra "la amenaza" iraní, pero con Rusia y el petróleo en la mira. Esta reconfiguración estratégica sigue planteando una amenaza grave a la paz. El general Vladimir Dvorkin ya advirtió que "todo depende de la escala de tal sistema". Si incluye "una multitud de infraestructuras de lanzamiento" y dispositivos orbitales, entonces "amenazaría el potencial ruso de disuasión nuclear".

El riesgo de GGT aumenta. A la presión militar de Estados Unidos sobre Medio Oriente, el Cáucaso y África, se agrega América Latina. Raúl Zibechi (ircamericas.org) muestra que la crisis del petróleo llegará mucho antes de lo previsto: “la primera evaluación detallada de más de 800 campos de petróleo en el mundo con tres cuartas partes de las reservas mundiales, llegaron a su punto máximo mientras que la tasa de disminución –de la producción– es casi el doble del ritmo calculado hace apenas dos años”.

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jueves 10 de septiembre de 2009

Polarización y estallido


John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 10 de Septiembre de 2009.


Los acoples financieros entre las principales economías del planeta, fuertemente impregnados de tendencias depresivas y de intensificada polarización y explosividad socio-económica, se encaminan hacia una modificación de la ecuación mundial de poder, signada por la incertidumbre, pero en la que hay certeza de que, como ha venido ocurriendo desde la década de 1970, la posición relativa de Estados Unidos seguirá disminuyendo. Ante ello se lanza con saña militar y para-militar sobre su periferia inmediata (Plan Colombia, Iniciativa Mérida). Es algo reconocido por académicos y presente en archivos desclasificados elaborados por el Sistema Nacional de Inteligencia, que Estados Unidos enfrenta amenazas a corto, mediano y largo plazos, incluyendo el estallamiento social en México.

El problema central es la incapacidad del aparato de seguridad de reconocer que los orígenes de la entropía estratégica, hacia Armagedón, están situados en la depredación clasista del capitalismo en general, y del de Estados Unidos en particular, y que los diseños sobre periferias como México, sometidas al Banco Mundial (BM), Interamericano de Desarrollo (BID) y Fondo Monetario Internacional (FMI), siguen la inercia de los últimos 40 años: orientan la riqueza hacia arriba y devastan los recursos humanos y naturales.

Todo ocurre en un medio más y más polarizado. Las conocidas cifras sobre el fenómeno global merecen atención: las 255 personas más ricas del mundo, entre quienes hay algunos conocidos mexicanos, controlan más riqueza que las 2 mil 500 millones más pobres y las tres más ricas del mundo controlan más riqueza que las 48 naciones más pobres.

Tampoco deja de ser significativo el hecho de que el sueldo y compensaciones promedio de los altos ejecutivos en Estados Unidos sea 344 por ciento más alto que el del trabajador promedio o que si en el primer informe de la revista Forbes (1982) sobre los 400 mayores ingresos se requería una base mínima de 100 millones de dólares para estar en la lista, en 2008 se debía contar con al menos un patrimonio equivalente a mil 300 millones de dólares. Esta riqueza se canalizó a las clases altas en los últimos 27 años por medio de lo que Jeff Faux describe como una implacable Guerra Global de Clases (UACM 2008).

En México aumenta la hiper concentración del ingreso, alentada por medio de una tenaz agresión a la economía popular, al aparato productivo, con altas tasas de desempleo a niveles de conflagración social (en la militarización antinarco y crimen de Calderón van 14 mil bajas) y en la privatización de Pemex por medio de una "reforma" que la abre al contratismo de las actividades sustantivas a favor de empresas tipo Oceanografía, Halliburton o Schlumberger. Todo ello con el insólito aplauso de ciertos sectores progresistas.

Con Pemex en el bolsillo los instrumentos empresariales tipo BM y BID prosiguen con el despojo, desde Hacienda y Los Pinos, utilizando líneas de crédito transexenales (2009-2014) que comportan arreglos comiciales (2012) para cambios de estafeta del PAN al PRI, ante un electorado brutalmente agredido en 2006. Todo con continuidad en política económica de atraco. Así lo dejó saber en medio de la carnicería cotidiana, Ellis Juan, del BID, ante el Foro Empresarial Hemisférico organizado por la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de México.

¿Cuál es ahora el diseño oligárquico-imperial?: persistencia "procíclica", más ofensiva antisindical y ampliación de la rapiña que va desde el sector energético, donde se colocan en la cúpula directiva de Pemex alfiles de grandes contratistas, hasta la privatización de la gestión del agua en curso en varias ciudades del país incluyendo el Distrito Federal.

Si los dejamos hacer, desmantelan lo que queda en los próximos cinco años. Ello, según el vocero del BID, por medio de tres reformas: 1) una ley de inversión privada en infraestructura; 2) una "reforma laboral" y 3) "una reforma de bienes y servicios que elimine los monopolios públicos y privados en los sectores de energía, agua y saneamiento".

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jueves 27 de agosto de 2009

¡Fuera bases!
John Saxe-Fernández, La Jornada 27 de agosto de 2009.


Que el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida en México, Centroamérica y el Caribe son esquemas de intervención y ocupación lo muestra una sucinta revisión de documentos oficiales disponibles en torno al veloz despliegue castrense de Estados Unidos en América Latina, protagonizado esta semana por el acuerdo sobre bases militares entre Estados Unidos y Colombia, que incluye cláusulas que en los hechos se traducen en la apoplejía constitucional de la nación sudamericana y en una amenaza grave a la región: a pesar del rechazo de sus vecinos, Uribe, con arrebato cipayo, cabildea en pro de la ocupación extranjera de Colombia, reforzando todavía más, como lo advierte la Red de la Juventud de Medellín, la presencia de tropa yanqui en bases como Palanqueros, Tres Esquinas y Tolemaida, dando "evidencia tangible de que en este país no hay soberanía, ni autonomía, ni independencia".

Los documentos oficiales indican que además de ofrecer al Departamento de Defensa de Estados Unidos (DdD) un uso amplio de bases navales, terrestres y aéreas, tanto para la agresión doméstica como regional, se otorga "inmunidad" ante "crímenes de guerra" cometidos contra la población colombiana, acotando el derecho del Estado de elevar ante instancias como la Corte Penal Internacional acusaciones por la ejecución de crímenes de lesa humanidad por la tropa y oficiales de ocupación.

Información recabada por John Lindsay-Poland, del Programa de las Américas (www.ircamericas.org) indica que las funciones que se desplegarían en Colombia, como la nueva infraestructura militar en la base de Palanquero, “…no se limitarán a operaciones anti-narcóticos, ni siquiera a operaciones en la región andina”. Según un documento de planteamiento del Comando de Movilidad Aérea (CMA) del Comando Sur, la intención es (literal) “establecer enclaves para contingencias logísticas con alcance de movilidad aérea al continente sudamericano”… "además de una capacidad para operaciones anti-narcóticos hasta el año 2025", designio sobre el que advirtió a sus homólogos de UNASUR el presidente Hugo Chávez, desde un país con jurisdicción sobre la mayor reserva de crudo conocida, según registro de Petróleos de Venezuela.

A estas alturas cabe recordar, con Michel Chossudovsky, los lazos entre el espionaje de Estados Unidos y la OTAN con el narcotráfico, fuente mayor para el apoyo de múltiples operaciones secretas, como se ha comprobado ya en la génesis y desarrollo de los triángulos de la droga en Asia y en América Latina. Con financiamientos que evaden el escrutinio legislativo-judicial y rebasan en mucho las cifras oficiales del DdD, la operación por el control militar de los recursos naturales y las economías, incluye América Latina como un todo, ya que el programa se dinamiza desde dos puntales: el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida. Así lo indica la dimensión del sustento logístico contemplado por el Pentágono, que, según esta fuente, también "está buscando acceso a un lugar en la Guyana Francesa que permitiera a las aeronaves militares alcanzar lugares en África, vía las Islas Ascensión", agregando, que el Comando Sur "buscó el uso de instalaciones en Recife, Brasil; con el mismo propósito, pero las relaciones políticas con Brasil no son favorables para el acuerdo necesario". Se indica además que, con ayuda del Comando de Transportes, sólo con la base de Palanqueros (que tiene una "pista de 10 mil pies, hangares que albergan 100 aviones, alojamiento para 2000 soldados y oficiales, restaurantes, casinos, supermercado y un sistema de radar instalado todo por el propio Estados Unidos en la década del 90") el Comando Sur espera "cubrir casi la mitad del continente que puede ser transitado por un C-17 sin recarga de combustible". Las bases "facilitadas" por Uribe a Estados Unidos permiten al DdD activar fuerzas de despliegue rápido con toda clase de equipo. Estados Unidos y sus monopolios contemplan la balcanización, agresión y ocupación de polos clave de Latinoamérica.

Hoy el mensaje es: "fuera bases de América Latina".

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