viernes, 7 de mayo de 2010

De burbujas y guerra
John Saxe-Fernández
La Jornada, Jueves 6 de mayo de 2010.
U

n vocero del FMI dijo recientemente que la crisis financiera que estalló a finales de 2008 y provocó la mayor contracción de la economía mundial en ocho décadas no ha sido superada. Agregó que los riesgos se mantienen elevados, la estabilidad financiera mundial no está asegurada y la recuperación todavía es frágil. La advertencia rompe con la usual opacidad que caracteriza al FMI, cómplice, como pocos, en la génesis de la debacle que, desde el centro del capitalismo, contagia al mundo.

El capital financiero siempre acompañó el proceso de centralización y concentración del capital observado a lo largo del siglo XIX. Su presencia se intensifica más después de la Segunda Guerra Mundial con la crisis de acumulación de mediados de los años sesenta y luego con el desenfreno clasista y desregulador de la era Reagan. Su hipertrofia es notable.

Los activos (aggregate assets) de los principales bancos de inversión de EU: Goldman Sachs, Morgan Stanley, JP Morgan Chase, Citigroup, Bank of America y Wells Fargo, llegaban a 20 por ciento del PNB en la década de 1990. Descontando la inflación ahora esos assets de la oligarquía financiera ascienden a 65 por ciento de un PNB de 14.5 billones (trillions) de dólares, según Simon Johnson, ex principal economista del FMI, y James Kwak, ex-consultor de McKinsley & Co. (Bill Moyers Journal,citado en Jerry Mazzagymaz@verizon.net).

Desde este astronómico pedestal la oligarquía influye, presiona y coopta a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial con huestes de cabilderos, cuyos generosos bolsillos hacen girar a su antojo, con especial brío en tiempos electorales, tanto las voluntades como los votos de senadores y diputados.

Es notable el poder que le acompaña para vetar o modular los intentos por regular operaciones altamente riesgosas. Por ello hoy Estados Unidos es el casino del mundo que, como lo ilustra A. Gavin Marshall (globalresearch.ca), infla burbujas por doquier, sea la hipotecaria o la burbuja europea, petrolera, de acaparamiento de tierras en nuestros países, o la gran burbuja en torno el megarrescate o TARP: según Bloomberg, desde octubre de 2008 el sector financiero extrajo de las arcas públicas 13 billones de dólares en rescates.

Es una cifra cercana al PNB de 14.2 billones en 2008, mientras, como nota Mar-shall, se soslaya que la actual crisis financiera, centrada en la deuda pública, es también una crisis fiscal que alientauna burbuja en torno al megarrescate,un amenazante fenómeno advertido porGerald Celente, jefe del Trends Research Institute:

“La mayor burbuja financiera en la historia está inflándose a plena luz del día... cuando estalle será la madre de todas las burbujas... y marcará el fin del ciclo de expansión-contracción que caracteriza la actividad económica en el mundo desarrollado.” Celente indica que los estallidos recientes se quedan cortos: “…cuando la burbuja del TARP estalle, arrollará al sistema”.

Es mejor atender lo que dice: anticipó con rigor el crack accionario de 1987; el derrumbe de la URSS; la crisis asiática de 1997; el colapso económico de Rusia en 1998; el estallamiento de la burbuja dot.com; la recesión de 2001; el inicio de la recesión en 2007 y el desplome inmobiliario de 2008. Ahora avisa que esta burbuja también estallará y cuando esto ocurra “… ni el presidente o la Reserva Federal tendrán a disposición los instrumentos fiscales o las políticas monetarias disponibles para inflar otra burbuja”. Celente también avisó entonces que, “…aunque no podemos puntualizar de manera precisa cuándo estallará la burbuja del megarrescate, tenemos la certidumbre de que lo hará. Y cuando esto ocurra, que se entienda bien, puede ocurrir una guerra de orden mayor”.

Eso lo dijo cuando el TARP era de 12.8 billones. Neil Brofsky, el inspector general del rescate, dijo a mediados de 2009 que las maniobras bancarias para reiniciar préstamos expuso a las agencias federales a riesgos por 23.7 billones. La burbuja se infla de prisa.

jueves, 22 de abril de 2010

Cenizas y guerra nuclear
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 22 de Abril de 2010.

El caos aéreo en Europa causado por una nube de cenizas de 6 a 10 kilómetros de altura de la erupción volcánica en el glaciar islandés de Eyjafjalla es un fenómeno sísmico y económico vinculado al calentamiento global. También es un llamado de atención a los ominosos impactos en la biosfera de una guerra nuclear. Los registros geológicos e históricos son vitales para evaluar la frecuencia y magnitud de estos eventos y para elaborar y calibrar modelos de computación sobre el uso del arsenal nuclear.

Por ejemplo la erupción del volcán islandés Laki de 1783 lanzó a la estratosfera (entre 12 y 50 kilómetros) tal cantidad de dióxido de azufre que causó frío, oscuridad y sequía al producir gotas de ácido sulfúrico que bloquearon la luz solar, afectando fotosíntesis y cosechas, generando sequía y hambrunas en Francia y Japón y drásticos descensos de temperatura en India. El Misisipí se congeló y se señala que el malestar social en Francia por la ruina de la agricultura y la hambruna es parte del proceso que desembocó en la revolución de 1789. Laki generó trastornos globales y la experiencia se repite: por ejemplo, a 1816 se le conoce como el año sin verano: la temperatura mundial se desplomó luego de estallar un año antes el Monte Tambora en Indonesia. Se bloqueó la luz solar y en el noreste de EU nevó en junio y cayó granizo todo el año.

La erupción en Eyjafjalla es significativa ya que según geólogos como Patrick Wu, de la Universidad de Alberta, Canadá, el calentamiento global está incidiendo en la lucha constante, histórica, entre el hielo y la actividad volcánica. Bill McGuire, del University College de Londres, profesor de riesgos geológicos, había advertido sobre la posibilidad de que Islandia convierta al mundo en un infierno porque el equilibrio entre el empuje del magma y la presión del hielo está siendo afectado por el cambio climático: en los últimos 40 años se derritió 5 por ciento de los glaciares.

A más de inquirir sobre los efectos del deshielo en la actividad volcánica, debemos reconocer que la cantidad de ceniza que en cuatro días canceló 63 mil vuelos es sólo una pequeña muestra de lo que ocurriría en una guerra nuclear. Por 25 años se han elaborado estudios para determinar los efectos de largo plazo sobre el medio ambiente si en un conflicto fuese usado el arsenal nuclear de Estados Unidos y Rusia. Tal suceso acabaría con la humanidad: experimentos en las poderosas computadoras de la NASA mostraron que aún un primer ataque exitoso de Estados Unidos o de Rusia (es decir, sin que uno u otro pueda responder) ocasionaría una catástrofe mundial que aniquilaría la agricultura y la civilización. Así lo indican Alan Robock y Brian Toon (Scientific American, enero 2010) entre los principales expertos en el impacto climático de una guerra nuclear y advierten que aún una guerra regional entre India y Paquistán, en la que se usaran 100 bombas de 15 kilotones sobre sus megalópolis (el 0.4 por ciento de las 25 mil ojivas en los arsenales del mundo) además de 20 millones de bajas por la explosión, los incendios y la radiación, lanzaría a la estratosfera suficiente hollín que se diseminaría por el globo en 10 días con permanencia ahí de una década, bloqueando la luz solar y calentando la estratosfera causando una destrucción masiva del ozono. Por el colapso agrícola, en países sin autosuficiencia alimentaria ¡las bajas por hambruna ascenderían a mil millones!

Quienes creen que con el fin de la guerra fría aminoró el riesgo de guerra nuclear, mejor revisen su optimismo: vivimos en tiempos del peak oil, en medio de dos guerras donde está más de 60 por ciento de la reserva mundial de petróleo convencional; después de firmado START, Estados Unidos persiste en peligrosos despliegues anti-balísticos en las narices de Rusia; amenaza a Teherán; e Israel, con 80 ojivas nucleares, afina un ataque contra Irán, con alto riesgo de intensificación bélica. El caos y desgaste humano y económico de la semana pasada es muestra infinitesimal de un invierno nuclear.

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viernes, 9 de abril de 2010

Crisis, generales y políticos
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 8 de Abril de 2010.




El auge militar en los altos círculos estatal-empresariales no es asunto nuevo en EU: desde los años 1950 fue advertido por sociólogos, economistas, presidentes y generales. El fenómeno cobra peso en la relación de EU con América Latina, como lo indica la primacía en la política hemisférica, junto al Banco Mundial, FMI y CIA, de los Comandos Norte (CN) y Sur del Departamento de Defensa (DdeD), por lo que importa revisar las secuelas domésticas y externas de la crisis económica sobre la ecuación civil/militar pues la militarización genera posiciones encontradas dentro y fuera del DdeD.

Fue Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto, quien, en fechas cercanas al encuentro del Grupo de Alto Nivel (GAN) de seguridad realizado en México el 23 de marzo pasado, con asistencia de la plana mayor del gabinete de guerra de Obama y sus contrapartes de México, expresó a los medios su inquietud por la militarización de la política exterior de Estados Unidos y mencionó la enorme asimetría entre el gasto militar y de seguridad (que ya rebasa el billón –trillion– de dólares) con el del Departamento de Estado, de apenas unos 55 mil millones (mmdd).

Además de cuantitativa la cuestión es cualitativa, porque el manejo de estos recursos asignados por el Congreso entraña una simbiosis belico-industrial con el empresariado capitaneado por una cúpula monopólico-financiera cuyos intereses se protegen por encima de la población ante una crisis que, con el mega-rescate bancario/empresarial, acota al gasto público de manera drástica y selectiva: es visible el influjo militar y del aparato bancario/financiero y de seguridad, en la proyección de poder dentro y fuera del país, trátese de Goldman Sachs, Stanley Morgan o CitiGroup y de una treintena de poderosas firmas subsidiadas por el gasto militar, en cuyos cuerpos directivos y gerenciales hay creciente presencia militar: Lockheed Martin; Boeing; Northrop/Grumman; BR; General Dynamics; General Electric etcétera.

A ellas se agregan firmas de seguridad, verdaderos ejércitos mercenarios timoneados por exoficiales de inteligencia y de las fuerzas especiales que operan bajo el abrigo de una "privatización" de la política de seguridad interna y externa, parte del outsourcing de funciones logísticas, que desde Reagan-Bush se "diversifican" hacia operativos clandestinos y de provocación/represión. Cuentan además con un vasto cuerpo de cabilderos en el Congreso, vitales en tiempos de austeridad fiscal. Su éxito en mantener y aumentar privilegios bélico-industriales se refleja en el diseño presupuestal: mientras a los Departamentos de Agricultura, Vivienda y Desarrollo Urbano, Energía, Justicia, Salud y Servicios Humanos se asignan en su conjunto 250 mmdd, al aparato militar, de "Homeland Security" y a las guerras de agresión y ocupación en Afganistán e Irak se les adjudican más del billón: sólo el gasto militar de más de 700 mmdd, es mayor al del resto del mundo. El 70 por ciento va a esos contratistas. El manejo político-electoral de los contratos y de 4 mil bases desplegadas en Estados Unidos, se refleja en la militarización y para-militarización de políticas internas y externas de Texas a New York, de Colombia y México, a Irak y Afganistán, sea bajo el manto de la "guerra anti-terrorista" y su Ley Patriota, o de la "guerra" contra narcotráfico y crimen organizado y su estado de excepción.

En Estados Unidos y México la militarización se retroalimenta. El GAN desenfatizó lo "policial-militar" a favor de un enfoque integral en una guerra que desgarra población y territorio en México, no en Estados Unidos. Y mientras el jefe del CN dijo que el Pentágono "comparte con el gobierno mexicano su experiencia en Irak y Afganistán", el secretario de Defensa de México pide facultades como las de la policía, lo que según la oposición legislativa llevaría a un estado de excepción. Esto ocurre mientras EU pone en marcha la primera "oficina binacional" para conducir la guerra anti-narco en territorio nacional.

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viernes, 26 de marzo de 2010

¿Hacia una calamidad global?
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 25 de Marzo de 2009.



En medio de los desastrosos efectos socioeconómicos de la crisis de 2008, considerada el peor descalabro económico de EU desde la gran depresión, en criterio de prominentes estudiosos, financieros, ex reguladores federales y economistas, se está incubando otra crisis, "peor que la actual". En un informe realizado para el Instituto Roosevelt por un panel de alto nivel que incluye a Rob Johnson, de la Comisión de Expertos de la ONU sobre finanzas y a Elizabeth Warren, analista del mega-rescate bancario de Bush-Obama y coordinadora del Panel Legislativo de Vigilancia del mismo, se advierte que las reformas y regulaciones propuestas por el gobierno y el poder legislativo son insuficientes para evitar que "los grandes bancos persistan en realizar grandes inversiones de alto riesgo como las que precipitaron el casi-colapso de la economía en 2008" (Mathew Jaffe, ABC News).

Los expertos plantean que esa economía –y con ella la del mundo– podría estar ya inmersa en un "ciclo terminal" ("Doomsday Cycle") en el que los bancos usan el rescate (cercano al billón –millón de millones– de dólares) para pagar jugosos dividendos a los accionistas y multimillonarias compensaciones a la cúpula gerencial bancaria. Bajo los efectos de un masivo subsidio al principio de privatización de las ganancias y socialización de los riesgos, el informe advierte que "la toma de riesgos por parte de los bancos pronto será mayor que nunca". Sin el tipo de regulaciones como las planteadas por Warren et al, queda claro que, como indica Johnson, "será inevitable otra crisis", más amplia y aguda "que debilitará tanto a nuestro sector financiero como a la economía como un todo". El mismo Joseph Stiglitz, jefe de economistas del mencionado Instituto, califica el informe como "un importante punto de arranque del debate para saber dónde estamos en torno a la reforma regulatoria". Más que un comentario, ésta es una elocuente advertencia si se tiene presente que según el informe, "los líderes de nuestro gobierno han mostrado poca capacidad para solucionar las fallas de nuestro sistema de mercado", una reprimenda ante el hecho de que librecambistas como Ben Bernanke, actual jefe de la Reserva Federal y Tim Geithner, el secretario del Tesoro de Obama, "supervisaban la política mientras se inflaba la burbuja". Esta crítica fue endosada por panelitas como Simon Johnson, del MIT, y Peter Boone, del Centre for Economic Performance. Fue unánime la percepción de los panelistas de que “en 2008-2009 estuvimos muy cerca de otra gran depresión. La próxima vez quizá no tengamos tanta suerte. La amenaza del ciclo terminal permanece fuerte y sigue creciendo”.

La frágil estabilidad social en Estados Unidos de posguerra se fundó en 70 años en que su economía creció a un ritmo continuo, generando ingresos y riqueza, aunque de manera decreciente y cada vez más inequitativa. Desde diciembre de 1999 se registró un aumento neto del cero por ciento en la creación de empleo: como destacamos desde estas páginas nunca desde 1940, se tuvo un aumento del empleo menor a 20 por ciento (Neil Irwin, WP 2/I/10, p A01).

Peor aún: la producción creció al promedio más bajo registrado en cualquier década desde 1930 y la Oficina de Impuestos (IRS) indica que el desempleo, subempleo y la polarización social se agravan. En medio de brutales desalojos y subasta de millones de casas, el ingreso promedio de las 400 familias más ricas pasó de 17 a 87 millones de dólares anuales, triplicando su tajada del ingreso total, mientras los impuestos a los privilegiados cayeron 16.6 por ciento. En paralelo se consolida el estado de excepción policial/militar, una línea que se instala dentro y fuera del país.

Cuando los panelistas se plantearon “¿qué pasará cuando nos pegue el próximo shock?”, la advertencia fue tajante: “…nos estamos acercando a la etapa en que la respuesta a este interrogante (justo como ocurrió durante la gran depresión) será: un calamitoso colapso global”.

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viernes, 12 de marzo de 2010

Pifias imperiales
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 11 de Marzo de 2010.




Horas antes de su reunión con la secretaria de Estado de EU, Hillary Clinton, con motivo de su reciente gira en América Latina, el presidente Lula y Celso Amorín, el canciller de Brasil, explicitaron ante los medios su convicción sobre la imprudencia que acarrea “…empujar a Irán contra la pared. Lo prudente es establecer negociaciones”. Expresión de una diplomacia preventiva (y precavida) es otro indicio de cambios en la ecuación mundial y hemisférica de poder que ocurre en medio de una crisis económico-financiera y estratégica de gran magnitud y cuyo manejo exige serenidad y apego a la normatividad internacional vigente.

En buena medida Lula e Itamaratí amortiguaron la intensa campaña diplo-militar y económico-financiera de Estados Unidos en América Latina y el mundo para promover otra ronda de sanciones contra Irán. Parte de un vasto y riesgoso esquema de desestabilización, encaminado a un "cambio de régimen" en Irán, es una beligerancia persistente desde el triunfo de la revolución iraní en 1979, con enorme potencial para inflamar Oriente Medio y más allá.

Otra muestra ominosa de la imprudencia imperial la protagonizó la semana anterior el Grupo de Acción Financiera (Gafi), instancia intergubernamental creada en 1989 y dedicada a combatir el lavado de dinero y la financiación de grupos terroristas, cuando ubicó a Ecuador "en situación de riesgo" por "deficiencias estratégicas" y supuestas "debilidades en la lucha contra el lavado de activos y financiación al terrorismo".

Arbitrariedad ante la que el canciller Ricardo Patiño replicó que su país había dado todas las muestras y hecho “todo lo que corresponde…para combatir el narcotráfico, el lavado de activos, el lavado de dinero de negocios ilícitos y, por supuesto, entre ellos, la financiación al terrorismo”. No sólo fue, dijo Patiño, un "gravísimo error y una ofensa a la dignidad y soberanía", sino también, a decir del presidente Correa, una decisión vinculada a la relación que su país tiene con Irán que data de 1973 y que se mantiene con "todas las precauciones que se haya que tomar en los temas financieros". Cuando se pidió explicación al FMI por su inacción ante ese agravio, argumentó con arrogancia y cara dura, que obedecía ¡al "no sometimiento" ecuatoriano a sus lineamientos !

La bancarrota de la diplomacia de Estados Unidos es patente: investigaciones de su Oficina Auditora General (GAO) muestran que entre 2003 y 2008 las 29 firmas del Pentágono con contratos mayores a mil millones de dólares aumentaron 26 por ciento la creación y uso de subsidiarias en paraísos fiscales (Islas Gran Caimán, Bahamas, Suiza, Antillas Holandesas, Bermuda, Luxemburgo, etcétera) para evadir impuestos, precarizar a los trabajadores de Estados Unidos y evitar el pago de seguro médico.

"Es altamente llamativo", dice un análisis político, "que estos grandes refugios globales para esconder la riqueza corporativa de la oficina de recaudación de impuestos, también hayan sido identificados por cuerpos policiales y otros investigadores, como puntos clave para el lavado de dinero en el comercio internacional de drogas". Según el informe GAO-10-327 en 2008 esos contratistas mantenían casi mil 200 subsidiarias en paraísos fiscales, sin que la Casa Blanca, el FMI o el Gafi digan ni pío, aunque el entonces senador Obama estaba bien enterado al respecto.

Dada la estrecha relación comprobada entre las operaciones encubiertas de la CIA, el tráfico de armas y de drogas, las actividades subversivas de la llamada "comunidad de inteligencia" y las actividades –y ganancias– de esos contratistas (bélico-industriales y de servicios de seguridad), es torpe embestir a Quito y otros miembros de ALBA con acusaciones infundadas: es pifia mayor, ante el escrutinio legislativo y de agencias como Interpol, lanzar esta ofensiva de cara al informe de GAO, circulado en enero de 2010, que apunta a un escándalo como el operativo Irán-contras para derrocar al sandinismo, pero ahora a la décima potencia.

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jueves, 25 de febrero de 2010

El "abrazo simbiótico"
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 25 de Febrero de 2009.



En "The Great Financial Crisis" (Monthly Review, 2009), John Bellamy Foster y Fred Magdoff arrojan luz sobre las causas y consecuencias del grave trance que enfrenta la economía de Estados Unidos y del mundo. Los autores actualizan líneas de análisis e interpretación ofrecidas por Paul Sweezy, Harry Maggdof y Paul Baran. Lo hacen de manera concisa y sugerente, permitiéndoles captar las tendencias de fondo de las vicisitudes que a diario informa la prensa, como "el abrazo simbiótico" entre estancamiento y explosión financiera, reconocido aún en medios empresariales.

Como la gama de temas presentados es amplia y compleja me centraré un algunos asuntos de interés inmediato, como el problema clave del crédito que los autores retoman, y la especulación en el proceso de absorción de excedentes recordando cómo, en vena autocrítica, décadas después de publicado El capital monopolista, Sweezy enfatizó (en 1994) que lo único que podía afirmar con confianza “…es que sólo será posible lograr una mejor compresión de la sociedad del capitalismo monopólico de hoy, sobre la base de una teoría más adecuada de la acumulación capitalista, con énfasis especial en la interacción entre la dimensión real y financiera que ahora posee”. De aquí que se traiga a la memoria que ha sido la coexistencia entre la perceptible tendencia al estancamiento que caracteriza la evolución del capital monopólico desde finales del siglo XIX y la hipertrofia financiera, centrada en la especulación, resultado de las decrecientes oportunidades para la apropiación de excedentes en el aparato productivo, que gesta lo que se conoce como "la hipótesis de la inestabilidad financiera".

Planteada por Hyman Minsky, resulta de la tendencia de las economías centrales hacia estructuras financieras cada vez más frágiles que, sin apoyos en el aparato productivo, generan crisis cuya extensión e intensidad se va incrementando.

En criterio de Harry Magdoff, ya desde la reaparición del estancamiento a mediados de los sesenta, resultaba crucial aclarar no sólo el papel del crédito y la especulación en la expansión y contracción de los excedentes, sino también la interrelación entre Estados Unidos como banquero mundial, el dólar como moneda internacional, las dificultades en la balanza de pagos y la naturaleza internacional de la economía de Estados Unidos. "No hay duda", dicen los autores, de "que el capital monopólico-financiero requiere de más intervención en la vida económica y social de los países pobres, para extraer aún más excedentes de la periferia. El tercer mundo ha vivido por largo tiempo una enorme transferencia neta de excedentes."

Ese fenómeno fue estudiado y calibrado por Pablo González Casanova (PGC), autor de un índice compuesto de transferencia neta de excedentes de la periferia a los países capitalistas centrales. Demostró que el neoliberalismo aceleró "las transferencias a favor del centro y en detrimento de la periferia" y lo sustentó en fuentes estadísticas oficiales. En La Explotación Global (Ceiich/UNAM 1999) además propuso y analizó los efectos de las transferencias de excedentes de los asalariados a los no asalariados, "fenómeno que originalmente afectó a los trabajadores de la periferia y cada vez más afecta a los del propio centro".

Hasta 1995 las pérdidas acumuladas –en 23 años– por los países pobres fueron poco más de 4.5 billones de dólares, una proeza oligárquico-imperial a base de bayonetas y reformas estructurales. Se pone de manifiesto, con Marx, que "la acumulación de la miseria es una condición necesaria que corresponde con la acumulación de la riqueza": y también la relación entre las crisis del capital monopólico-financiero, el imperialismo, el estado de excepción y de guerra.

Como el abrazo simbiótico ahoga la capacidad del sistema para superar sus contradicciones, resulta imposible plantear una alternativa, como dice PGC, sin afrontar "las relaciones de dominación y apropiación, depredación y explotación".

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jueves, 11 de febrero de 2010

Otoño imperial
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 11 de Febrero de 2009.



“El proceso político de Estados Unidos está tan quebrado como el sistema financiero.” Así respondió Paul Volcker, ex jefe de la Reserva Federal (Fed) y presidente del Consejo Económico de Obama cuando se le preguntó si el aparato político era capaz de reparar un sistema financiero con gran poder y fuera de control (Businessweek, 11/1/2010, p.13). Lo rotundo de la réplica indica malestar porque la Casa Blanca pone oídos sordos a sus planteos para restablecer regulaciones básicas (como la Ley Glass-Steagal de 1933, que separa la banca comercial de la de inversión), hechas trizas por la "reaganomics" que alcanzó el delirio con Bush II y, además, evidencia el temor a la gran ruina económica y socio-política que acarrea un empeoramiento de la grave crisis en curso.

Las advertencias y urgentes propuestas de Volcker llaman la atención por venir de quien lideró la Fed que, consistente con sus orígenes, sigue siendo el cabildo de la oligarquía financiera: Goldman Sachs, JP Morgan Chase, Bank of America, CityGroup, etcétera y que se sume a otros economistas de primera línea y funcionarios con posturas similares. Entre ellos Sheila Bair, de la Corporación Federal de Seguros a Depósitos; Simon Johnson, del MIT, y Robert Boss, de la ONU. Todos claman por la reforma y regulación de Wall Street: "en las últimas dos décadas", dijo Bair en enero a una comisión legislativa sobre la crisis financiera, "ha imperado una visión de que los mercados, por su propia naturaleza, se auto-regulan y auto-corrigen"… "ahora sabemos que este fue un periodo de grandes excesos", mientras Johnson advierte que “…es urgente un cambio significativo de las regulaciones ahora…porque ésta es la ventana de oportunidad para hacerlo”.

En vena similar el 8 de febrero Boss planteó la necesidad de una reforma financiera y advirtió sobre una caída del dólar, que pende de que los países asiáticos, encabezados por China y Japón, sigan dispuestos a financiar la colosal deuda de Estados Unidos. Ello mientras Obama amplía la guerra de Irak y Afganistán a Yemen y Pakistán; amenaza con costosos despliegues antibalísticos alrededor de China y Rusia cuyo gasto militar combinado es 10 por ciento del de Estados Unidos y Dennis Blair, director de 16 entes de inteligencia, con un presupuesto de 75 mil millones de dólares, define a China –junto a Venezuela, Rusia e Irán– como principales "amenazas" en América Latina, África y el mundo.

Los riesgos de mayores crisis aumentan por el impacto de la hipertrofia financiera y militar sobre la economía real y el empleo. Mientras Main Street sucumbe, Wall Street frena toda regulación efectiva: la Fed sigue como inductora y protectora de fraudes; se aplacan impulsos de la Securities Exchange Comission por evitar abusos a inversionistas y se desactivan leyes y agencias que protegen a los consumidores de servicios financieros. La regulación de "derivados" se esfumó por presiones de los bancos arriba mencionados: ¡en 2009 lograron con ellos ganancias por más de 35 mil millones!

Desde los 90 y gracias a tretas de bancos y de chicos de Wall Street bien colocados (Rubin, Greenspan, Bernanke, Summers, etcétera) el parasitismo financiero se amplió y con ello la debacle de la economía real. La creación de empleo, base de la estabilidad social, colapsó. Abruma la magnitud del destrozo: por 70 años la economía generó mayores ingresos y riqueza pero declina desde los años 70 y 80. La última década "ha sido la peor" para los trabajadores. Según Neil Irwin, del Washington Post (2/1/2010, p A01), “desde diciembre de 1999 se registró un aumento neto del cero por ciento en la creación de empleo” (¡0%!). Irwin nota que "en ninguna década desde la de 1940, se tuvo un aumento del empleo menor a 20 por ciento. Y la producción económica creció al promedio más bajo registrado en cualquier década, desde 1930".

En este contexto cabe recordar con Giovanni Arrighi que la financiarización, además de madurez de procesos de acumulación, es síntoma inequívoco del otoño de las hegemonías.

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