viernes, 22 de noviembre de 2019

Evo y el litio boliviano

El mundo ingresó a una transición hegemónica –quien va a estar a cargo ante la catástrofe bioclimática y ecológica en curso– en la que el uso de los combustibles fósiles, desde mediados del siglo XVIII a la fecha, deberá sustituirse drástica y prontamente. En el orbe hay mil 500 millones de motores de combustión interna, por lo que urge la electro/movilidad. En este tránsito el litio juega un papel nodal. Es ingrediente sine qua non para construir las baterías. Y sin ellas no hay coche, autobús, camión o maquinaria pesada eléctricos. Este es un ítem esencial a esta transición hegemónica.
En todas las otras, la guerra entre potencias centrales fue el árbitro último. Con el arma termonuclear y de balística intercontinental, ese método acabaría con la vida.
En menos de una década es necesario abatir las emisiones de gases de efecto invernadero y transitar a un contexto de electromovilidad. En este proceso el liderato indígena y visionario del presidente Evo Morales ha sido esencial. Ya elaboró instituciones y contratos con empresas chinas y alemanas para proteger los intereses de su patria. Es a él a quien el gobierno mexicano, en la mejor expresión del derecho de asilo, le salvó la vida ante un golpe de Estado imperial violento y regresivo. El uso de dispositivos diplomilitares se realiza con embajadores de Estados Unidos coordinados por Michael Kozak, experto en golpes con propensión a la violencia, según AP, y quien llegó al puesto de subsecretario interino de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental.
Las agencias: CIA, inteligencia Militar (DIA), DEA y USAID son parte de todo el enjuague burocrático de seguridad nacional.
El golpe contra el gobierno de Morales expresa, por enésima vez, la inoperancia histórica de la clase gobernante de EU y su desconfianza en la mano invisible del mercado. Prefiere el puño visible de la diplomacia de fuerza ¿hacia el rompimiento de contratos de Bolivia con China y Alemania cuya alianza electro-móvil es fuerte?
Para arrebatarle al pueblo su litio, ellos y su oligarquía cómplice botan al gobierno del MAS en la vanguardia de la acción política regional. EU va por lo regresivo, torpe y entreguista, repleto de racismo y regresiones que ya Enrique Dussel captó como pocos con Aristegui. Nada es tranquilizante para la paz regional y mundial, en un medioambiente de competencia inter-capitalista en pos de la hegemonía sobre el próximo patrón de acumulación.
El uso del unilateralismo agresivo en lo bélico y comercial es precipitante de guerra general.
Se lo recordó Evo a Trump en histórico discurso en la ONU, donde advirtió sobre los riesgos existenciales del creciente colapso eco-climático y de biodiversidad, así como del armamento nuclear y lo riesgoso de la unilateralidad bélico/comercial que tipifica la política exterior de EU.
El uso de instrumentos de intervención estatales y militares para compensar desventajas económicas han sido causa mayor de guerra. Usar lo diplomilitar para acceder a una creciente gama de recursos naturales que cubre todo: desde el petróleo, gas, carbón, litio, cobre, minerales preciosos, hasta ríos, lagos, forestas y montañas, incluyendo los bienes comunes (mar patrimonial, atmósfera) va en la dirección de la inadmisible expropiación de la Madre Tierra, que caracteriza al capitalismo. Es la ruta de guerra, ruta terminal para la biota global, la humanidad incluida.
Después de todas las guerras por transición hegemónica, quedó el contexto, la naturaleza. Después de una Tercera Guerrra Mundial, no hay contexto.
Se juega la hegemonía del futuro, cuyo eje de acumulación energético, se centra en la electro/movilidad en que la batería de litio es vital. Esa es una pieza mayor, hasta ahora, que juega un papel central, no el único, en el manejo de Estado, que no de mercado, usado por EU, con golpistas tipo Kozak para acceder al litio y a los combustibles fósiles de Bolivia ante la acentuada competencia intercapitalista.
El golpe por el litio boliviano ocurre meses después que en el diario japonés The Asahi Shimbun, del 10 de enero pasado, se publicó una nota de Reuters indicando que las empresas automovilísticas mundiales contemplan la inversión de 300 mil millones de dólares en tecnología para vehículos eléctricos en los próximos 5-10 años, y cerca de la mitad de esa inversión corresponde a China, que acelera la transición de la industria de los combustibles fósiles alentando la potencia de las baterías y vehículos eléctricos a suministradores asiáticos.
El nivel sin precedente de inversión, mucho de Volkswagen, de Alemania, se debe en gran medida a políticas gubernamentales adoptadas para reducir las emisiones de dióxido de carbono, y se ampliará a avances tecnológicos para mejorar el costo de las baterías, su rango de acción y menor tiempo de recarga.
Trump no cree en el cambio climático. General Motors sólo invertirá 8 mil millones de dólares.
www.jsaxef.blospot.com
Facebook: JohnSaxeF

jueves, 7 de noviembre de 2019

Culiacán ¿Operativo diplo-militar? (II)
A
nte las complejidades políticas contenidas en el operativo Culiacán (OC), al que se suma el inusual discurso del general Gaytán Ochoa, es necesario revisar la dimensión económico financiera, además de política, para apreciar los intereses que se mueven, incluyendo el papel de Estados Unidos en las sucesivas etapas del OC, también como los calderonistas, interesado en restaurar la fracasada estrategia de guerra de la Iniciativa Mérida (IM), centrada en perseguir, capturar y deportar capos, generando magna violencia, caos y desintegración del tejido social, eso sí, de interés al ímpetu electorero de Trump, al acceso a contratos privilegiados ( cost-plus) en la vasta maquinaria bélico-industrial de EU o acá a un no al cese de compras e importaciones de equipo y servicios militares.
Los analistas conservadores (AC) hablan de guerras o matanzas que atrapan a EU y lo empantanan. No ven los negocios bélico-industriales que cautivan a cúpulas civiles y militares. Es hora que revisen conceptos y evidencias.
México está lejos de ser una economía manufacturera. El diseño del TLCAN y del T-MEC se fraguó desde la maquila y de la superexplotaciónde la fuerza de trabajo (SFT), de un precariato que ya contagia a EU. (Ver de Adrián Sotelo su notable: Estados Unidos en un mundo en crisis, Anthropos/Ceiich UNAM, 2019.
Aunque no guste a los AC de tv, la sociedad de EU y la mexicana contienen clases sociales en cuya dinámica se gesta lo fundamental del proceso histórico capitalista. El neoliberalismo no es otra cosa que una gran ofensiva del alto capital contra el trabajo. Es su respuesta a la crisis de acumulación que lo aqueja desde mediados del siglo XX. Tampoco es EU sólo una economía de mercado. Es lo que los AC prefieren no incluir, achatando sus evaluaciones de seguridad: además del mercado, ese algo más es la economía permanente de guerra, operación de monumental importancia y dimensión del gobierno de EU que Seymour Melman captó en varios volúmenes. El manejo de su economía militar por medio de una administración central, con más de 37 mil firmas industriales o divisiones de esas y más de 100 mil subcontratistas que operan bajo el control de una oficina de administración federal con cerca de 50 mil empleados. Es la administración industrial centralizada estatal de mayor dimensión del mundo. ( Profits Without Productivity, 1987). Pero hay algo más: los contratos gubernamentales de las agencias militares se asignan en base de cost-plus, es decir, que contienen un fuerte incentivo para aumentar ganancias vía aumento de los costos. Son medidas anticíclicas a lo bestia. Se aumentan los costos e incluso se alientan los sobrecostos. Todo eso en la producción de helicópteros, aviones, fragatas, etcétera. Trump disparó el presupuesto en esos rubros que llega al billón ( trillion) de dólares. Mucho más que los 700 mil mdd asignados al Departamento de Defensa (DoD, por su siglas en inglés).
¿Qué tiene que ver eso con el OC? Más que bastante. Para revisar el fondo de la IM, Eduardo Correa Senior en Militarización tras la Iniciativa Mérida, Secretaría Estatal, Morena, CDMX, 2019, revisa la larga experiencia del Plan Colombia, también bajo auspicio de EU: Miren lo que pasó. EU supuestamente dio a Colombia 7 mil 400 millones de dólares en especie en los últimos 20 años. Eran recursos para fumigar la hoja de coca. Monsanto vendió al ejército de EU el agente naranja. Quien sugirió recurrir al mismo producto más barato en China fue despedido. El arreglo EU-Colombia contenía condiciones: “Sólo se puede comprar a EU, eso pactaron dentro del plan… Nos venden los helicópteros para transporte rápido de las tropas, pero sin repuestos, sin equipo de artillería, sin radar y sin servicio de mantenimiento, sin relojería de tablero. Entonces hay que poner todo eso aparte y además hay que hacerle un huequito especial a los helicópteros y comprar una gasolina especial. Todo eso solamente lo vende el complejo industrial militar de los EU”. El Plan Colombia costó 49 mil mdd al gobierno colombiano. Es pagarle y pagarle.
En un sólido análisis, Enrique Galván Ochoa plantea que al dar AMLO un giro a la estrategia de seguridad buscando la pacificación sin continuar la guerra que ha dado pocos resultados y tiñe de sangre al país, sino atacando las estructuras financieras y mejorando las condiciones de vida de la gente, ese vuelco tiene un efecto: (textual): “disminuirá el negocio de la compra de armas y equipos militares. Afectará los intereses de los que hacían negocios con el sector militar desde adentro y desde afuera. Como en el caso de las medicinas y los laboratorios, hay perdedores. El general Gaytán Ochoa, que alguna vez manejó miles de millones de pesos desde Banjercito –con cuestionamientos de la Auditoría Superior– debería ser más explícito sobre el origen de sus inconformidades, que pudieran ser justificadas, pero falta claridad a sus palabras”( Dinero, La Jornada, 4/11/ 2019).
Facebook: JohnSaxe