viernes, 1 de abril de 2016

Capitalismo y colapso climático (III)
John Saxe-Fernández, La Jornada a Jueves 1 de Abril de 2016.
S
on alarmantes y abruptos los cambios en indicadores claves sobre el clima terrestre que se han venido observando en lo que va de 2016, después del fiasco de la COP21 que operó bajo el dominio de una potencia incapaz de lanzar en París, como esperaban altos cargos franceses dada la urgencia del caso, un acuerdo vinculante sobre las emisiones de gases con efecto invernadero (GEI). Más bien se hizo sentir la férrea oposición de la poderosa fracción fósil desde el Congreso de Estados Unidos bajonegacionistas republicanos. Obama ni lo intentó. No se atrevió molestar los intereses del gas, carbón y petróleo. Sólo se articuló lo que James Hansen calificó de farsa, a base de compromisos voluntarios. Por encima de la sobrevivencia humana, prevaleció la fabulosa ganancia de la combustión de fósiles.
Sin instrumentos legales efectivos para regularlas, las grandes corporaciones (ExxonMobil, Chevron/Texaco, Shell, BP, et al)prosiguieron como de costumbre, con todavía mayor emisión de GEI, en medio de brutales ataques terroristas que cayeron como anillo al dedo para instaurar un estado de excepción, que congeló la gran protesta social a ser desplegada en las calles de París, un gran sentón en pos de una regulación inmediata y efectiva de los GEI. Hoy la situación se desborda. Según los registros diarios del Observatorio Mauna Loa (Hawai), que mide la cantidad de partículas de CO2en la atmósfera, en febrero 2016 se registró un nivel de 405.66 partículas de CO2 por millón de partículas en la atmósfera, indicándose que “la tierra no ha experimentado niveles de CO2tan altos: (Ver NOAA ESRL). Casi en simultáneo R. Zeebe de la U-Hawái anunció que la tasa de emisiones GEI es la más alta en 65 millones de años.
Ante esos datos Petteri Taalas, secretario general de la Organización Metereológica Mundial (OMM), advirtió sobre la alarmante tasa de cambio que ahora estamos presenciando en nuestro clima resultado de la emisión de GEI a niveles sin precedente en los registros modernos. Taalas hizo un llamado urgente a cumplir los compromisos voluntarios de GEI acordados en la COP21. Pero, como no hay nada vinculante sobre el papel, son promesas flexibles, por decir lo menos, a merced del viento que sople.
Un estudio de la Universidad George Mason y de la American Metereological Society (AMS) mostró que 96 por ciento de más de 4 mil meteorólogos encuestados creen queel clima está cambiando. Dos terceras partes de las respuestas lo hicieron en el sentido de que la actividad humana de manera total o en su mayor parte, es la causa del cambio climático y 81 por ciento aseguraron que la actividad humana es al menos responsable de la mitad del fenómeno.
Además de coincidir con notables cambios en la percepción pública de Estados Unidos sobre el cambio climático y su origen antropogénico, según lo mostró una encuesta Gallup,lo ocurrido en la membresía de la AMS es un evento importante, que muestra los límites de la vasta y bien financiada campaña negacionista que hasta hace poco, desde el derechista Instituto Heartland, había prevalecido en la opinión de la AMS.
Pero la presencia de los intereses fósiles se hace sentir en la ominosa ausencia de las cuestiones climáticas en los debates presidenciales. En “Climate Change vs. Presidential Debates”, Kevin Kalhoefer (EcoWatch, 28/3/16) informa que en nueve de 20 debates el cambio climático estuvo ausente y que de las cerca de mil 500 preguntas que se hicieron, sólo 22 tuvieron relación con el clima. Además, cuando los moderadores hicieron preguntas sobre el tema, lo hicieron en los debates de los demócratas: ni una sola pregunta sobre el asunto a Cruz o Trump, ambos negacionistas de hueso colorado.
El deterioro climático prosigue. Azota a Estados Unidos y al mundo, sin importar las preferencias de los cabildos fósiles y sus cadenas de televisión. Sus impactos político-electorales no se hacen esperar. Kalhoefer informa que un grupo bipartidista de 21 alcaldes de Florida, apremiaron a las cadenas de tv a realizar debates en Miami para preguntar a los candidatos sobre el cambio climático. En sus cartas ofrecieron tipos de preguntas que los moderadores podrían hacer. Nosotros los alcaldes abajo firmantes de toda la Florida estamos preocupados sobre el aumento en el nivel del mar y sobre e cambio climático, así como por los severos impactos que tiene sobre nuestras comunidades. Nos preocupa de igual manera que el cambio climático merezca tan poca atención para discutir sobre estos asuntos en los debates presidenciales. Sería una total falla de conciencia que estos temas, de grave preocupación para el pueblo de la Florida, no sean abordados durante el próximo debate que se estará realizando en el estado.
Las observaciones de los alcaldes circulaban cuando se dio a conocer un estudio liderado por James Hansen que plantea que sin restricción de GEI se experimentarán alzas peligrosas en los niveles oceánicos en cuestión de décadas, no de siglos, como se había asumido.

jueves, 17 de marzo de 2016


Capitalismo y colapso climático (II)
John Saxe-Fernández , La Jornada a Jueves 18 de Marzo de 2016.
E
l aumento y acumulación en la atmósfera de gases con efecto invernadero (GEI) no ha cesado. En febrero la temperatura global (dato crucial del colapso climático antropogénico, CCA) dejó atónitos a climatólogos y analistas, rompiendo los máximos registrados desde 1880 cuando empezaron los registros. En el último cuarto de siglo se generó la mitad de todo el CO2 emitido desde el inicio de la era industrial (1750) y según el World Resources Institute, de 1850 a 2011 EU, el epicentro de la crisis del capitalismo, lanzó 27 por ciento del total de emisiones de CO2, más que cualquier otro país. Por ser un fenómeno de peso antropogénico, se impone una revisión de las fuerzas políticas, sociales y los mecanismos utilizados en el atraso de más de tres décadas en la regulación vinculante de los GEI, asunto investigado por Robert Bruller en Institutionalizing delay (Climatic Change, 21/12/13).
El de Bruller es el primer estudio que investigó, con muestras de la vasta base de datos de la oficina de recaudación de impuestos, el financiamiento por parte de fundaciones conservadoras –con vínculos poco visibles con la industria fósil y sus magnates– de grupos, institutos y centros de acción que niegan el CCA. Detalla cómo esos fondos (poco más de 900 millones de dólares anuales) se usan para oponerse a toda regulación de los GEI y cómo esta eficaz y compleja maquinaria político-cultural de la derecha opera con una tendencia a la ampliación y ocultamiento de las fuentes, recurriendo a fondos de donantes y corporaciones que prefieren el anonimato en una cruzada que rechaza el consenso de 97 por ciento de la ciencia de hoy.
Para apreciar el negacionismo en Estados Unidos es necesario revisar este estudio a la luz de la reciente decisión del Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) de pasar a la División Criminal de la FBI la investigación sobre la supresión de la ciencia climática realizada por ExxonMobil durante décadas. Legisladores californianos han solicitado investigar la presunta violación de Exxon de leyes federalespor no dar información veraz al público sobre el efecto de sus productos en el calentamiento del orbe, alentando el atraso en la regulación de GEI y en la gestación de catástrofes climáticas.
Los efectos de esa colosal operación de negación del cambio climático se reflejaron en encuestas del Pew Research en la primavera de 2012. A la pregunta ¿creen los científicos que la tierra se calienta por la actividad humana?, 43 por ciento respondieron que no; 12 por ciento no sabían y sólo 45 por ciento respondieron en afirmativo (ibid) reflejando un desconocimiento amplio del predicamento climático. Sin duda la acción del DOJ estaría afectando a la opinión pública ya que evidencia que desde hace décadas Exxon había investigado y sabía sobre el calentamiento vinculado a los GEI y confió en el conocimiento científico al punto de usarlo en su programa de inversión, y que, además encubrió el papel de los combustibles fósiles en el CCA e interfirió en los esfuerzos oficiales para actuar de manera efectiva sobre el fenómeno, todo para proteger sus fabulosas ganancias.
Exxon et al realizaron éstos y otros esfuerzos e iniciativas para evitar toda regulación de los GEI. Logró acceso a la página editorial del The New York Times (NYT) para publicar artículosfirmados con su logo sobre los límites del principio de cautela; los altos costos de la regulación medio ambiental, criticando todo subsidio a las energías renovables (solar, eólica), sin mencionar los más de 37 mil millones de dólares públicos en subsidio directo a petróleo y gas, dedicándose al fomento una vasta red de acciónnegacionista: es lo de que revelan dos investigaciones, una de Inside Climate News y otra de Los Angeles Times.
Desde el otoño pasado las encuestas más recientes realizadas por la Universidad de Texas (Austin, primavera, 2016), revelan cambiossignificativos en las actitudes de la población sobre el cambio climático. Sheril Kirshenbaum, directora de laEncuesta sobre Energía UT, escribe que quizá fue el clima. O el Papa. O lo irrefutable del dato científico. O quizá una combinación de todo eso. O, agrego, las revelaciones de las investigaciones o los tiempos electorales, lo cierto es que tres de cada cuatro entrevistados ahora aceptan que el cambio climático ocurre, incluidos una mayoría de republicanos. Entre marzo y octubre de 2015 la opinión republicana pasó de 47 por ciento al 59 por ciento y en marzo de 2016 a 54 por ciento. Entre los demócratas ha sido y permanece en 90 por ciento. En breve: la mayoría de la población de Estados Unidos ahora acepta el consenso científico, que el CCA es real y es una amenaza.
El problema es que 59 por ciento de los diputados y 70 por ciento de los senadores republicanos rehúsan aceptar dicho consenso científico por lo que el Congreso de Estados Unidos tiene 182negacionistas representando a más de 200 millones de ciudadanos de Estados Unidos. ¿Cómo explicar esta anomalía? Bernie Sanders acierta: la clave está en el dinero fósil para el gasto corriente y electoral de los legisladores.

jueves, 3 de marzo de 2016


Capitalismo y colapso climático (I)
John Saxe-Fernández, La Jornada a Jueves 3 de Marzo de 2016.
¿Q
uiénes son losresponsables y grandes ganadoresdel retraso de 24 años en la regulación y freno de las emisiones de gases con efecto invernadero (GEI), que según el consenso científico articulado por el Panel intergubernamental sobre cambio climático de la ONU, está en la base del colapso climático antropogénico (CCA) en curso? Estudios de Richard Heede (Climatic Change, enero, 2014); Robert Brulle (Climatic Change, enero 2013), Justin Farrell (Academia Nacional de Ciencias, mayo 2015) y Tim Gore (Oxfam, 2015) ayudan a dilucidar lo que para una abrumadora mayoría (97 por ciento) de la comunidad científica del mundo es, junto a una guerra nuclear, el riesgo mayor jamás afrontado por la humanidad y la biota global.
Heede rastrea las huellas de emisiones de dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4) de los principales productores de combustibles fósiles y cemento en la vasta base de datos del Departamento de Energía de Estados Unidos. Su estudio registró emanaciones de las principales 50 firmas privadas; de 31 entes estatales y de nueve naciones productoras de petróleo, gas natural, carbón y cemento, de 1854 a 2010. Su emisión global acumulada de GEI fue de 914 mil millones de toneladas de CO2 equivalente (GTCO2e): 63 por ciento de la generación mundial de CO2 industrial y CH4 entre 1751 y 2010. Ese es el total de lo lanzado a la atmósfera por los 90 mayores entes fósiles.
Desde un diario inglés Suzanne Goldenberg sintetizó la sustancia del estudio así: La crisis climática del sigloXXI fue causada en gran medida por sólo 90 corporaciones, que han lanzado a la atmósfera dos tercios de los GEI generados desde el inicio de la era industrial. Las firmas van desde corporaciones como Chevron, Exxon y BP a entes de propiedad estatal.
En entrevista, Heede indicó que aunque existen miles de productores de gas, petróleo y carbón, los que toman las decisiones, los altos gerentes de las principales firmas emisoras de GEI, son pocos. Caben en uno o dos autobuses. Enfatizó un dato de gran relevancia: que la mitad de los GEI emitidos desde la revolución industrial ¡se generaron en los últimos 25 años! es decir, desde que las corporaciones y los gobiernos ya sabían de la relación entre las emisiones de GEI y el calentamiento global con alto riesgo para centenas y miles de millones de personas. Cabe volver a recordar que en la Cumbre de la ONU en Brasil, 1992, también lo advirtió Fidel Castro.
La relevancia sociopolítica del estudio de Heede no pasó inadvertida ni por quienes van a las cumbres climáticas, ni por los funcionarios que dialogan en lo oscurito con los cabilderos de la industria fósil. Importa especificar la responsabilidad histórica de grandes firmas de las sociedades de consumo: el problema no es gestado por la humanidad, ni por aumentos en la población, sino por la vasta explotación capitalista que se gestó desde la revolución industrial, con los combustible fósiles en papel de vital eje de acumulación. El dato duro que da Heede hace trizas la noción de que en el calentamiento global todos somos culpables, por tanto no hay responsables y evidencia que no vivimos en un antropoceno como se lee con frecuencia, sino en elcapitaloceno, asunto planteado por Elmar Altvater en El Fin del capitalismo, tal y como lo conocemos,2012.
Desde los años 70 las grandes petroleras encabezadas por Exxon fueron advertidas por sus científicos del riesgo de los GEI, según se documentó en 2015. Exxon usó ese conocimiento para sus negocios, desatendió las advertencias, apoyó al negacionismo con millones, lucró con la duda sobre la ciencia climática y gozó la cascada de ganancias que traía consigo el desborde de las emisiones de GEI registrados en los pasados 25 años gracias al bloqueo de la industria fósil a la regulación y freno vinculante de esos gases.
Estos son crímenes corporativos y/o estatales de lesa humanidad. Según el FMI (imf.org) en 2015 la industria fósil mundial gozó de subsidios por 5.3 billones (trillions) de dólares, mientras Exxon anunció antes de la COP21, cuando se habló de compromisosvinculantes que extraería petróleo sin límite y Rex Tillerson, su CEO, anunció en la CERAWeek (Houston, abril, 2015) el arribo de unatransformación dramática de la escena energética gracias a tecnologías quedan acceso a la energía de las arenas bituminosas, a los fósiles en aguas profundas, al gas y petróleo de lutitas y del Ártico (sic). Toda una nueva era de abundancia energética hacia el caos climático con aumentos de temperatura de 4ºC a corto plazo (según estudio deShell) hasta los 6ºC después.
Al año de lo dicho por Tillerson, Enrique Peña Nieto fue al Texas de los Bush. Premiado por la entrega del sector petroeléctrico de acá, festejó con CERA su hazaña anti-nacional para que Exxon, Shell, et al, sigantransformando al mundo como lo conocemos y ocupen los yacimientos y gasolineras del país, en medio de la mayor violencia y desastre de derechos humanos en la historia nacional.

jueves, 18 de febrero de 2016

EU: clima de guerra fría
John Saxe-Fernández, La Jornada a Jueves 18 de Febrero de 2016.
P
rovocar a Rusia en sus fronteras para luego presentar sus respuestas defensivas comoagresiones en papel deamenaza global aumenta la probabilidad de guerra nuclear accidental o intencional entre Estados Unidos y Moscú, irracionalidad mayor entre potencias que controlan 95 por ciento del armamento nuclear y balístico, con capacidad de reducir a cenizas ambas naciones (y al mundo). Así lo indica el aumento del presupuesto para que el Pentágono (DoD) despliegue más equipo y ejercicios bélicos en el vecindario de Rusia. El monto pasó de 789 millones de dólares (mdd) en 2016 a 3 mil 400 mdd en 2017 para disuadir a Rusia de más agresión en Europa, calificándola de principal amenaza a la seguridad de Estados Unidos (NYT 1/2/16). ¿Extraña entonces que ante tal campaña el primer ministro ruso Dimitry Medvedev preguntara en la Conferencia de Seguridad de Munich ¿estamos en 2016 o en 1962?, cuando estalló la crisis de los cohetes, uno de los peores episodios de la guerra fría?
Y no es para menos. Vivimos en una nueva guerra fría, más peligrosa que la anterior, con bases militares y el Sistema Nacional Anti-Balístico de Estados Unidos (SNA) desplegados en países vecinos rodeando a Rusia. Desde Europa en 2014, año del putsch de febrero en Ucrania contra el gobierno legítimo de Victor Yanukovich articulado por la CIA y la USAID, Obama dijo que la OTAN estaría en Estonia, Latvia y Lituania. Estados Unidos entró a Kiev con todo: DoD, FMI y Banco Mundial. El resultado fue la instauración de un régimen títere de corte nazi-fascista lanzado a una guerra de agresión contra sus propios ciudadanos en Donbass.
Stephen F. Cohen, profesor emérito de política y estudios rusos en Princeton y la Universidad de Nueva York, entre los más destacados estudiosos de Estados Unidos de la historia rusa, desde los años 90 advirtió sobre el tipo de crisis de guerra fría que finalmente estalló con el golpe contra Yanukovich. En entrevista con Patrick L Smith (Salon, 16/4/15) advirtió que lo ocurrido en Ucrania “claramente nos lanzó no sólo a una nueva o renovada guerra fría, sino a una situación que probablemente va a ser más peligrosa que lo ocurrido en el pasado”. Ello por tres razones de peso: primero, dice Cohen, porque el epicentro de la crisis no está en Berlín, sino en Ucrania, en la frontera con Rusia, dentro de su civilización: eso es peligroso. Segundo porque a lo largo de 40 años de guerra fría se establecieron reglas de comportamiento, reconociéndose de manera explícita o implícita límites (líneas rojas) y líneas telefónicas rojas (red hotline) en caso de emergencias nucleares. Ahora no hay reglas. Lo vemos a diario, no hay reglas en lado alguno. Y tercero, algo que irrita a Cohen: que esta vez en Estados Unidos “no existe una oposición significativa ante esta nueva guerra fría, mientras que en el pasado siempre existió; aún en la Casa Blanca uno siempre podía encontrar alguien con una opinión distinta, y ciertamente en el Departamento de Estado o en el Congreso”. “Los medios estaban abiertos al debate, el New York Times, el Washington Post. No más. Todos aplauden al unísono, toda la prensa, todas las cadenas” (Ibid).
Y eso es peligroso: en el clima de guerra una de las primeras víctimas es el ejercicio profesional del periodismo, cuando más se necesita: por ejemplo en momentos en que debe debatirse lo que Viktor Kremeniuk del Instituto sobre Estados Unidos y Canadá de la Academia de Ciencias de Rusia llama la revitalización del complejo militar-industrial de Estados Unidos, tratándose de una “restauración del modelo de desarrollo social, económico, político existente en Estados Unidos después de la segunda guerra mundial y a lo largo de la guerra fría”, un modelo afectado luego del colapso de la URSS por su falta de enemigo externo, a lo que es necesario agregar su enorme consumo de petróleo y del resto de recursos renovables y no-renovables.
Con las respuestas rusas al golpe en Ucrania, al despliegue del SNA, de bases y todavía de más equipo y tropa en su frontera, presentadas por la propaganda al público como agresiones que colocan a Moscú en papel deamenaza global, la OTAN realizaráejercicios bélicos que asumen una invasión rusa a Polonia o las naciones bálticas. ¿Cómo reaccionaría Estados Unidos si Rusia hiciera igual en Chihuahua o Alberta?
El Japan Times en su edición del 7 de febrero informa que el ministro de defensa de Lituania (J. Olekas) abiertamente describe a Rusia como una amenaza mientras muchos países de la OTAN se preocupan de no provocar a su principal fuente de energía. En todo caso, como dijo Putin al Corriere della Sera en julio pasado, un ataque ruso a la OTAN sería una locura: pienso que sólo una persona enferma y sólo en un sueño puede imaginar que de pronto Rusia atacaría a la OTAN. Algunos países sólo toman ventaja de temores sobre Rusia. Piensan en alguna ventaja militar, económica, financiera u otra ayuda. Agregó que Estados Unidos parece estar en busca de una amenaza externa hipotética para mantener su liderato en la comunidad de la OTAN.

jueves, 4 de febrero de 2016

Bullying a ciencia, arte y humanidad
John Saxe-Fernández La Jornada a Jueves 4 de Febrero de 2016.
L
a dominación vía la proyección de fuerza policial-militar, para-militar y de espionaje, no es suficiente para el ejercicio hegemónico. Si de la proyección de dominio Estados Unidos tiene en exceso, es aguda la debacle de su liderato moral e intelectual, el otro puntal esencial para llevar la batuta mundial y afrontar los grandes retos del siglo XXI: el colapso climático antropogénico (CCA) en curso, la hipermilitarización doméstica e internacional de Estados Unidos y la financiarización de la economía, con su cauda de desigualdad extrema, pobreza, descomposición y polarización, en centro y periferia capitalista. Ante estos retos hay carencias estructurales inherentes, por los límites planetarios a una acumulación capitalista centrada en la expansión para el aumento perpetuo de la ganancia, por lo que preocupan los síntomas de deterioro y de acoso de corte inquisitorial (bullying), contra ciencia, arte y humanidad.
Los límites del régimen político/electoral de Estados Unidos, de presencia patente (y patética) en París, no sólo impidieron a esa potencia ofrecer alternativas reales para frenar y mantener en niveles no-catastróficos el CCA, condición sine qua non para el consenso mundial, sino que fungió como obstáculo mayor a un acuerdo vinculante y efectivo ante lo que, junto a una guerra nuclear, representa el riesgo mayor antropogénico que enfrenta la biota global. En ese contexto están fuera de lugar el regaño del secretario de Estado de Estados Unidos a James Hansen por criticar la COP21, o el del primer ministro (PM) de Canadá, Justin Trudeau, exigiendo a Leonardo DiCaprio detener su inflamada retórica ambientalista por su repudio a la codicia corporativa en la explotación de arenas bituminosas en Alberta. Hansen acertó porque los compromisos voluntarios en materia de emisiones de gases con efecto invernadero (GEI) se quedaron cortos de mecanismos concretos y lejos de la meta.
Si bien celebro el ascenso de Trudeau, que tome nota de la gran toxicidad de ese tipo de explotación y sus efectos sobre la salud de la población, además de la devastación de flora y fauna y de los efectos atmosféricos y climáticos, todo bien analizado por Tony Clarke (Tar Sands Showdown, 2015). Esas arenas deben quedar bajo tierra. De otra manera (Hansen dixit) acaba todo para el planeta. En esto DiCaprio acertó.
En Estados Unidos el bullying a la ciencia climática y a la comunidad científica en general, a las humanidades y las artes cinematográficas, realizado por grupos y organismos negacionistas del CCA, cuenta con apoyos institucionales y financieros de las industrias y negocios de los combustibles fósiles. Un estudio sistemático del fenómeno, además de incluir los donativos –ahora ilimitados– a las campañas presidenciales y de senadores y diputados federales, estatales, así como a gobiernos locales, detectó la presencia abierta y encubierta del big oil. Las investigaciones sobre las fuerzas que sostienen al negacionismo y sus movimientos organizados, institutos de investigación (think tanks), cabildos de las industrias involucradas y centros como el American Enterprise Institute, la Fundación Heritage y el Instituto Cato, incluyen a fundaciones conservadoras y fondos secretos. Estudios más recientes (R.J.Brulle, 2013) analizan el universo más amplio del negacionismo, con financiamiento estimado en poco más de 900 millones de dólares anuales.
El negacionismo es más que un riesgo a la humanidad. Opera con sigilo en legislaturas estatales, el Congreso y en los pasillos del uno por ciento. Su sesgo inquisidor lo ejemplificó el físico teórico Lawrence Krauss: en valioso texto publicado por el Bulletin of the Atomic Scientists (23/7/14) narra que diputados republicanos promovieron enmiendas a la Ley de Presupuesto en Energía. Recortaron fondos a las energías renovables, al transporte sustentable y a la eficiencia energética más grave, dice Krauss, sus enmiendas prohiben a científicos del Departamento de Energía (DE) realizar investigaciones sobre los posibles impactos del cambio climático. Una enmienda de J. Langford, de Oklahoma, prohíbe la aplicación de cualquier orden ejecutiva sobre el precio del carbón o que el DE estudie los beneficios de las leyes que restringen las emisiones de CO2. Paul Gozar, de Arizona, propuso prohibir al DE el desarrollo de mejoras al programa de modelos climáticos, con frecuencia criticados por los negacionistas. Una tercera enmienda republicana impediría al DE actividades de apoyo a la elaboración de la Evaluación Climática Nacional –de EU– y al Informe del IPCC de la ONU. Lawrence Krauss pregunta a los negacionistas: si fingimos que el cambio climático antropogénico no está ocurriendo, ¿desaparecerá?
El reto no es asunto menor. La ciencia social debe visibilizar al público y a las cortes, las bases financieras y corporativas que alientan la institucionalización del atraso de más de 20 años en el recorte a los GEI: la COP 21 fue otra zancada del big oil hacia el abismo climático.

jueves, 21 de enero de 2016

París: secuestro corporativo (III)
John Saxe-Fernández, La Jornada a Jueves 21 de Enero de 2016.
A
pesar de la creciente sensación de estar al borde del abismo por los impactos del calentamiento global, por ejemplo el retroceso de glaciares en Groenlandia, aumentos no previstos por el IPCC de la ONU en el nivel de los océanos, hasta las grandes inundaciones en el Cono Sur, la megasequía en California o el desprendimiento en curso de enorme placa de hielo en la Antártida Occidental, en París las corporaciones de los combustibles fósiles se salieron con la suya. El estado de excepción en vigor por los ataques del 13/11 inhibió de manera severa la presencia y presión popular facilitando el cabildeo corporativo en la COP 21. Sin duda el orden de magnitud del daño a los esfuerzos para evitar un colapso climático antropogénico (CCA) fue mayor. Ello por el éxito del alto capital enlazado al big oil y sus aliados en el Congreso de Estados Unidos para evitar a toda costa un acuerdo vinculante para la drástica y urgente regulación en las emisiones de gases con efecto invernadero (GEI).
Aquello fue un logro de fuerzas políticas, económicas y militares, el capitalismo como lo conocemos desde la revolución industrial, que estaría magnificando el riesgo de irreversibilidad de la catástrofe (v.gr., extinción de especies, la humana incluida) al atender las consecuencias (impactos) y no las causas del CCA. Por ejemplo, los ultra-secretos acuerdos comerciales en proceso de formalización, entre ellos el Acuerdo Trans Pacífico (ATP) y otros elaborados por Estados Unidos y la Unión Europea, otorgan enormes concesiones e instrumentos legales a las corporaciones, como se ilustra en un análisis reciente, Un paraíso para los contaminadores, basado en documentos filtrados por Wikileaks, publicados en La Jornada, sobre cómo los derechos de los inversionistas en los tratados comerciales sabotean a fondo la lucha por la transición energética requerida para frenar el CCA. Las ventajas corporativas en los TLC contrastan con acotaciones de espacios políticos de los estados de la periferia en áreas tan cruciales como la regulación de la inversión extranjera directa (IED). Se permite a las empresas recurrir primero al arbitraje internacional para dirimir las disputasEstado-inversor antes que a los tribunales nacionales, algo esencial al tema que James Petras y Henry Veltmeyer analizan en Imperialismo extractivista en las Américas y en el resto de la periferia, (Boston, 2014). En el ATP son tribunales que operan bajo la abrumadora égida de una clase empresarial voraz, tribunales de justiciade, por y para las corporaciones, incluidas las del petróleo, gas y carbón, las mineras y de la electricidad.
La magnitud de lo que más que farsa, como bien la calificó el climatólogo James Hansen, resulta ser tragedia, se entiende mejor si se tiene presente que el carácter voluntario y no vinculante del acuerdo emanado de la COP21 se acompaña, para beneplácito de la oligarquía que invierte en fósiles, con TLCs tipo ATP, que consagran una potente constitucionalización de los intereses corporativos que impediría a los gobiernos adoptar las medidas necesarias para prevenir un calentamiento global catastrófico ya que limitaciones a la emisión de GEI a la atmósfera, socavarían en gran medida las ganancias de las compañías de combustibles fósiles y energía, lo que podría suponer una violación de los privilegios de los inversores en tratados como los propuestos (Ibid). El triunfo del big oil y el resto de los extractivistas lleva a que, por décadas y desde la ONU, emane el siguiente mensaje a 99 por ciento: ustedes adáptense al calentamiento global. Y al uno por ciento: “la COP no es vinculante: saquen raja de las emisiones GEI y para que el planeta, su atmósfera, población y especies noluzcan como basura de nuestro negocio, digan algo en Davos”.
Si los dejamos éstos son los dos ejes que hacia el resto del siglo cimientan la proyección del capitalismo. Junto a una guerra nuclear, es la mayor inmoralidad e injusticia climática e intergeneracional. A nadie extraña que para sostener al diseño, en acentuada fosilización desde el siglo XVIII, el capitaloceno, a decir de Elmar Altvater en su notable El fin del capitalismo tal y como lo conocemos (Barcelona 2012), el Pentágono (DoD) prepare más intervenciones y guerras con la mira en gas, petróleo, agua y otros recursos vitales (Irak, Afganistán, Libia, Siria, Venezuela, Brasil, México). También frente a las sacudidas del cambio climático cuyosimpactos ya ocurren y muestran su creciente escala, alcance e intensidad. Así lo afirmó el DoD, el mayor consumidor (público o privado) de combustibles fósiles del mundo con fuertes lazos con big oil, al Congreso de Estados Unidos: “para la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos… el cambio climático es una amenaza urgente y creciente. Aumenta los desastres naturales, los flujos de refugiados y conflictos en torno a recursos básicos como los alimentos y el agua”, junto a oportunidades para más intervenciones y negocios (WP,30/7/15).

jueves, 7 de enero de 2016

París: secuestro corporativo (II)
John Saxe-Fernández, La Jornada a Jueves 7 de Enero de 2016.
E
n pocos años, entre las cumbres climáticas de Copenhague y París, se engrosó la oligarquía con inversiones especulativas en petróleo, gas y carbón, es decir, en negocios que penden de la emisión de gases con efecto invernadero (GEI). Su membresía en la “lista dorada Forbes” pasó de 54 en 2010 a 88 en 2015 y vieron el conjunto de sus fortunas personales incrementarse en 50 por ciento, de ¡200 mil millones de dólares (mmd) a más de 300 mmd!, según el estudio de Oxfam Desigualdad extrema en emisiones de carbono, de 2015. Por lo que no extraña que fue desde el Consejo de Relaciones Exteriores (CRE) el cabildo de cabildos de Estados Unidos y a través de Rex Tillerson –RT–, gerente de ExxonMobil, que se dieran a conocer en 2012 los parámetros del big oil desde los que se articulan las Conferencias de las Partes(COPs) de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (UNFCCC). Acá gracias a un magno atraco, con regresión energética de lo público a lo privado, ya hay aspirantes a la lista fósil de Forbes.
Para RT y Exxon et al, los temores al calentamiento global se han exagerado(overblown). Aunque a diferencia de Lee Raymond, su antecesor en la firma, RT acepta en público que la temperatura global aumenta por las emisiones humanas de GEI, puso en duda ante el CRE la habilidad de los modelos climáticos para predecir la magnitud del impacto. Claramente habrá un impacto y la gente podrá adaptarse a los aumentos en los niveles de los mares y al cambio de los climas que puede forzar modificaciones en la producción agrícola. La adaptación fue elevada por RT a mantra que se repite: como especie, hemos pasado toda nuestra existencia adaptándonos. Así que nos adaptaremos a esto. El calentamiento global, concluyó, es problema de ingeniería que tiene soluciones de ingeniería. (The Guardian-G-, 28/6/12).
Entonces pocos sabían que desde fines de los 70 Exxon y las petroleras habían investigado el vínculo del calentamiento con las emisiones de GEI. Tampoco que sus científicos advirtieron a la cúpula de Exxon et.al, de sus riesgos y de la necesidad urgente de tomar medidas. Lejos de evitar una potencial catástrofe climática Exxon et alantepusieron las fabulosas ganancias paramenos de uno por ciento por encima de la vida de 99 por ciento. Al tiempo que Exxon usó la ciencia para calibrar sus inversiones en el Ártico, alentó la incertidumbre sobre la ciencia climática y sus modelos, a sabiendas de que no había tal. Tillerson moduló la narrativa delbig oil mientras canalizaba multimillonarios apoyos a losnegacionistas, sin dejar de vetar toda acción sustantiva en pos de formalizar límites a la emisión de GEI. Antes de la COP21 y para limitar las emisiones de carbono, un grupo de petroleras europeas (BP, Shell, Total), plantearon establecer un precio generalizado y efectivo a la emisión de carbono. John Watson, gerente de Chevron, se opuso porque sus clientes quieren precios bajos y RT lo apoyó de inmediato. Sentenció que no vamos a engañar sobre el cambio climático uniéndonos a una alianza corporativa ambientalista(G,10/6/15).
Bajo la égida Exxon y Chevron, la Asociación Internacional de la Industria Petrolera para la Conservación Ambiental (IPIECA) es usada para incrustar en la ONU el mantra de laadaptación y los intereses del big oil. Estudios de Rachel Taney et al del Instituto TransNacional (www.tni.org/es) indican que IPIECA se dedica a lavar la faz de la industria fósil, repleta de destrozo ambiental y alienta el interés de Exxon, Chevron, BP, Repsol, Saudi Aramco, Shell, Statoil y Total, entre los mayores y más contaminantes monopolios que por décadas han cabildeado para neutralizar toda acción climática efectiva promoviendo salidas y soluciones falsas como el mercado de bonos de carbono, subsidios públicos a tecnologías de captura y almacén de carbón, la nucleoelectricidad, los biocombustibles y la geo-ingeniería.
Adaptarse a niveles marítimos más altos, como dice RT, con la mitad de las ciudades del orbe en riesgo ¿no es lanzar a cientos de millones de todo el mundo a brutal migración forzada? Adaptarse acambios en la agricultura es la receta de TilIerson para los millones que morirían de hambre ¿por la codicia que destroza la vida en la Tierra?
El colapso climático antropogénico no tiene solución de geo-ingeniería como muestra Silvia Ribeiro (La Jornada29/10/10). Es un acto en que, dice Oxfam en cifras, la mitad más pobre de la población mundial sólo genera alrededor de 10 por ciento de las emisiones y vive en los países más vulnerables, mientras que el 10 por ciento más rico de la población es responsable de cerca de 50 por ciento de las emisiones mundiales. Es un fenómeno de clase, con soluciones de clase.
Ya los gerentes, apoyados por militares y la Sexta Flota, ¿preparan escenarios con aceptación implícita de niveles catastróficos de calentamiento global? ¿Acaso la COP21 bajo captura del big oil, sin coraza legal ni instrumentos efectivos, no va en esa dirección?