jueves, 3 de febrero de 2005

Bush contra Cuba

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 3 de febrero de 2005.

La Revolución Cubana, sustentada en una gran movilización político-militar de la población, representa un rompimiento tajante con la sujeción de corte colonial al poderío político-militar y económico de Estados Unidos. Cuba, como ocurre con el resto de América Latina y el Caribe, fue sometida a una continua explotación como área tributaria, primero de España, luego de la potencia norteña: una condición siempre respaldada por la estrecha relación del Estado imperial y sus empresas, con las corruptas, oligarquizantes e igualmente depredadoras estructuras de poder local.

A lo largo del siglo XX la centralidad del fenómeno imperialista y su manifestación de pax americana o, si se desea ser riguroso, de "monroísmo" en nuestra región, en ningún momento amainó. Pero tampoco la resistencia al imperialismo. Cabe recordar, con Gregorio Selser (La violación de los derechos humanos en EUA, UAS, Sinaloa,1993), que cualquier estudio de las sociedades sometidas al imperialismo y de sus procesos de liberación revela un aspecto fundamental: "la recuperación acelerada de su sentido de humanidad y la bestialidad de su opresor. Cada acción en pro de la liberación de los oprimidos es seguida de aterradoras acciones represivas de los opresores, que revelan claramente el proceso de degradación personal de los colonizadores. El miedo a perder sus intereses económicos coloniales compele a los poderes dominantes a perpetrar más actos represivos y a ignorar las legalidades mínimas, inclusive las del marco jurídico legal diseñado para sustentar los regímenes coloniales". Quien, en este contexto, revise la historia de la relación de Cuba con Estados Unidos, pronto descubrirá que la hostilidad hacia la independencia y la soberanía cubanas existía "antes" de la Revolución y del surgimiento del campo socialista, durante su vigencia, e incluso ahora, "después" del colapso soviético, acentuándose con el gobierno de Bush. Así lo recordó hace poco José Luis Toledo, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, quien encabeza la "coadyuvancia" cubana a Enrique González Ruiz, fiscal del Tribunal Benito Juárez (www.tribunal benitojuarez.org), instancia ciudadana que sigue la tradición del Tribunal Russell en los años 60 (sobre los crímenes de guerra en Vietnam) y del Tribunal Bruselas (en relación a Irak).

El Tribunal Benito Juárez se instaló en Caracas hace pocas semanas. Su objetivo es juzgar la continua agresión de Estados Unidos contra Cuba. El evento, que tendrá lugar en México a finales de abril, ocurre en momentos en que se recrudece la agresión económica y política para, como lo ilustró Toledo, provocar la desestabilización interna y propiciar la intervención militar directa, a pesar de su entrampamiento en Irak. La información ofrecida por el decano, en un lúcido y preciso análisis presentado en el Ceiich (UNAM), demuestra que con la destrucción de la Revolución, el gobierno de Bush plantea instaurar un régimen de corte colonial. Para tal efecto se instaló una "Comisión para asistir a una Cuba Libre", encargada de "identificar medios adicionales para poner fin rápidamente al régimen cubano". Con abierto desprecio al derecho internacional, a la Carta de la ONU y de la OEA, y sin que país alguno exija explicaciones, Bush promueve un "cambio de régimen" por medio de una política "más activa, integrada y disciplinada para socavar las estrategias de supervivencia del régimen y fomentar acciones que aceleren su fin". Para ello se identifican seis tareas encaminadas al desarrollo de la actividad subversiva dentro del territorio cubano: a) el fortalecimiento de la "oposición" mediante su financiamiento, promoción y adiestramiento; b) impedir la continuidad de la dirección cubana prevista en la Constitución; c) intensificar el bloqueo para reducir las entradas de divisas; d) desarrollar nuevos métodos para realizar transmisiones ilegales, como el despliegue de aviones militares para tal efecto. Es una acción grave, provocativa y peligrosa que, indicó Toledo, viola el derecho internacional y las normas de la Unión Internacional de Telecomunicaciones; e) organizar una amplia campaña de desinformación en el exterior, y f) fomentar el aislamiento internacional de la Revolución mediante esfuerzos multilaterales para sumar otros países a esa política. Bush designará un "coordinador de la transición", una suerte de "procónsul". Como señaló Toledo: "En Irak Paul Bremer fue nombrado como tal después de la ocupación militar; el Bremer para Cuba actuaría desde ahora para provocar el fin de la Revolución y dirigir todo el proceso posterior". La CIA y el Pentágono se encargarían de la formación y manejo de una "fuerza policial civil" y para las "metas" sociales y económicas como privatizaciones, "reforma" educativa, desmantelamiento de laboratorios de nivel mundial y una seguridad social "sostenible", etcétera. Bush echa mano de la administración colonial a su servicio que opera en Latinoamérica: "...se buscará la asesoría... del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el FMI".

jueves, 20 de enero de 2005

Bush, petróleo y terror

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 20 de enero de 2005.

Hoy da inicio el segundo periodo presidencial de George W. Bush (2004-2008). La ceremonia inaugural ocurre en medio de una incalificable carnicería en Irak (más de150 mil civiles muertos, casi mil 500 bajas estadunidenses) y de una inusitada resistencia a la ocupación que compromete la proyección militar de Estados Unidos en el mundo.

Además de una desestabilización de la geopolítica global por las guerras preventivas y la diplomacia de fuerza en vigor bajo la rúbrica de "guerra antiterrorista", se acusa a Bush de una sistemática violación de los derechos humanos y políticos dentro y fuera de su país, el desprecio del derecho internacional, así como en los días recientes denuncias del conocido periodista Seymour Hersh sobre preparativos presumiblemente de "guerra aérea" o sabotaje contra Irán, mediante operativos de las fuerzas especiales en su territorio para identificar blancos de ataque.

Las acciones de Bush en Medio Oriente, en los países poseedores de los mayores campos petroleros del planeta, Arabia Saudita, Irak e Irán, indican que el petróleo y la diplomacia de fuerza ("terrorismo de Estado") continuarán como ejes articuladores de su política exterior. Bajo la cubierta de la "guerra antiterrorista", sea por medio de operaciones clandestinas de corte político-económico, paramilitar y electoral en países productores de combustibles fósiles, entre ellos México, Venezuela, Colombia, Bolivia y Nigeria, o de agresiones militares preventivas en Medio Oriente, la Casa Blanca muestra su firme convicción de que su misión central reside en colocar al Departamento de Defensa, al aparato de espionaje y al Departamento de Estado -ahora a cargo de Condoleezza Rice (ex empleada de Texaco)- al servicio de los grandes monopolios petroleros.

La simbiosis que hoy se percibe entre el aparato de Estado y las grandes empresas, en este caso del gas y del petróleo, no es nuevo en la política exterior, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. Así se comprueba de manera concisa y esclarecedora en el libro de Michael T. Klare, Blood and Oil (New York, Metropolitan, 2004), donde el autor ofrece abundante evidencia documental que demuestra la centralidad del petróleo en la planeación y las operaciones militares del Pentágono en general y de su Comando Central en Medio Oriente.

Declaraciones del vocero de Bush en las cuales afirma que "el único interés de Estados Unidos en la región del Golfo es ampliar la causa de la paz y la estabilidad y no la capacidad iraquí de generar petróleo" o del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quien aseguraba con la mendacidad que le caracteriza que la guerra contra Irak "no tenía nada que ver con el petróleo y quien piense de otra manera no comprende la situación" han caído en el mayor de los desprestigios. Un predicamento ante la opinión pública sólo superado por el profundo descrédito tras el empleo sistemático de la tortura en Guantánamo y Abu Graib y el uso, igualmente sistemático, de la mentira, como ocurrió en torno a las armas de destrucción masiva en Irak, principal "motivo" utilizado para "justificar" la agresión militar.

La explotación político-electoral del miedo generado por el 11-9 fue central en la "relección" de Bush, así como la utilización del término "terrorismo". La clarificación del concepto es necesaria, especialmente porque después del 11-9 la Casa Blanca lo utilizó como parte de la retórica para la guerra en Afganistán y la toma militar de los vastos recursos petroleros de Irak. Desde tiempo atrás (por ejemplo durante la Revolución Francesa) se usó el término "terrorista" como epíteto para calificar a los oponentes políticos y hoy no es la excepción: cualquiera puede ser (o dejar de ser) "terrorista" en cualquier momento, dependiendo de los giros en los negocios -particularmente petroleros- o en la política exterior.

Quien deseé indagar por qué Bush "flexibilizó" el embargo de 18 años contra Libia y cómo Qadafi pasó de la noche a la mañana de "terrorista" a "casi amigo" de la Casa Blanca sólo tiene que averiguar los detalles de los compromisos de "apertura" negociados por Abdulla Salem El-Badri, encargado de la Corporación Nacional Petrolera de Libia, con Occidental Petroleum, ExxonMobil, ConocoPhillips, Amerada Hess y Maratón. Los convenios entre las petroleras y el gobierno libio (Fortune, 28/6/04,) nos explican el misterio de la transustanciación de Qadafi, ya que "la sola perspectiva de contar con una nueva fuente de abastecimiento petrolero fue suficiente para ayudar al gobierno -de Bush- a olvidar el apoyo pasado de Qadafi a los terroristas" (pp. 29-30). La "purificación" de Qadafi fue favorecida por el hecho de que el crudo libio es de alta calidad -bajo en sulfuro-, "ideal para las refinerías de Estados Unidos". Mejor aún: "lo que hace más atractivo el asunto para las empresas petroleras estadunidenses es el hecho de que los tanqueros procedentes de Libia pueden llegar a Estados Unidos en la mitad del tiempo que consumen los provenientes del golfo Pérsico".

jueves, 6 de enero de 2005

Baja

John Saxe-Fernandez
La Jornada.
México 6 de enero de 2005.

Gracias al insistente -y aventurado- activismo desplegado por el gobierno de Fox a favor de las grandes empresas petroleras, gaseras y de generación eléctrica a lo largo de la frontera norte y, de manera especial, en Baja California, prácticamente desde tiempos del secretario de Estado William Seward (1861-1869) nunca había sido tan intenso el interés estadunidense por el dominio de Baja.

En historia de la doctrina Monroe (Eudeba, 1964) Dexter Perkins recuerda que bajo el pretexto de defender esa doctrina, Seward propuso que su país asumiera los pagos del servicio de la deuda mexicana durante tres años a cambio "de un embargo preventivo sobre... la Baja California, Chihuahua, Sonora y Sinaloa", lo que, según reconoció ante el Congreso de esa nación su ministro en México, "terminaría probablemente con la cesión de la soberanía" a Estados Unidos. Aunque entonces la propuesta fue rechazada, el interés por Baja y los otros estados norteños se mantuvo a lo largo del siglo XX y creció con el inusitado aumento de la inversión estadunidense en el negocio turístico, de bienes raíces y más recientemente en el vital y estratégico sector energético.

Siguiendo el "guión" del Banco Mundial, Vicente Fox colabora entusiastamente en la "colonización energética" de Baja. Ahí se despliega, vertiginosamente, todo un esquema que la Casa Blanca, su aparato de "seguridad nacional" y las empresas del ramo (entre ellas Sempra Energy, Shell y Conoco) conciben como uno de los pivotes del "futuro orden energético global" centrado en la explotación no sólo del petróleo, sino también del gas natural y su uso para la generación de electricidad. Con el desarrollo de la tecnología para hacer líquido al gas natural (LNG, por sus siglas en inglés) se facilita su transportación marítima y con ello la necesidad de terminales portuarias y plantas de "regasificación". Aunque todavía el proceso LNG es costoso y ambiental y políticamente riesgoso, según diversas fuentes autorizadas, recibe gran impulso empresarial y estatal (Bush y Fox), porque además de ser un gran negocio, se le concibe como un medio para hacer frente a la vulnerabilidad estratégica de Estados Unidos ante la gran volatilidad en los precios del petróleo. Volatilidad, sea dicho de paso, paradójicamente acicateada por la brutal toma militar de la reserva petrolera iraquí que desestabilizó Medio Oriente y con ello a la geopolítica del orbe. Pero como en Estados Unidos el aprovisionamiento doméstico de gas natural también se dificulta -con alta incertidumbre en los precios-, la línea oficial tanto del gabinete económico como de seguridad de Bush se centra en la promoción de "terminales LNG".

Según Paul Roberts (The End of Oil, Houghton Mifflin, 2004), Alan Greenspan, jefe de la Reserva Federal, advirtió al Congreso estadunidense en 2003, en medio de insuficiencias en el suministro de gas, que de no impulsarse "una gran expansión de la capacidad de terminales LNG para la importación" de gas, el país enfrentaría graves dislocaciones económicas. Baja pronto se transformó en uno de los sitios predilectos para tal negocio, por su proximidad con Estados Unidos y porque cuenta con un gobierno mexicano alcahuete que haría a un lado los potenciales costos ecológicos, desatendería el rechazo social y político local, y ofrecería subsidios por la vía de un régimen impositivo "benigno" diseñado para impulsar la inversión extranjera. El gobierno de Fox, a pesar de impugnaciones locales sobre crecientes riesgos político-militares y de la crítica de sectores ambientalistas, gestionó rápidamente el primero de los tres permisos requeridos para que Sempra empiece la construcción de una de sus plantas en la meseta de la Costa Azul, que transformarán metano líquido y congelado en vapor de gas, para satisfacer, no las necesidades energéticas de México, sino de Estados Unidos. Se trata de un proyecto que Sempra espera tener en operación a principios de 2006.

Como con el resto de los proliferantes proyectos en curso en Baja, el gas, la electricidad y las ganancias se dirigen al norte. La contaminación, los bajos salarios y los riesgos de seguridad se quedan acá. Algo que podrá comprobar quien visite la termoeléctrica de Mexicali, otra operación de Sempra terminada en 2003 que funciona con gas traído de el país vecino, sustituible por el que llegará a la Costa Azul, proveniente de Bolivia o Indonesia. La torpeza de Fox es de orden mayor al impulsar, en medio de una guerra con reacciones "asimétricas" (terroristas) contra la agresión de Estados Unidos en Irak, que . Baja -y la frontera norte- se transforme en uno de los principales ejes para el abastecimiento energético estadunidense. La "integración infraestructural" con Estados Unidos que fomenta ya colocó al territorio nacional como blanco potencial de ataque, vulnerando la seguridad e integridad de la nación. Como expresó Michael Clark, vocero de Sempra: "Nosotros vemos a California (EU) y a Baja California como una región y nuestra meta es asegurarnos que la región tenga la suficiente infraestructura energética para enfrentar sus necesidades futuras" (cursivas mías).

jueves, 23 de diciembre de 2004

La agenda de Fox

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 23 de diciembre de 2004.

En materia de petróleo, gas y electricidad, la de Fox no es la agenda de la nación: como sus antecesores "neoliberales", responde a intereses extranjeros y a los de una cúpula de "hombres de negocios" local, intermediaria en los lucrativos negocios de la "subasta" de México. Es una "agenda" que profundiza los dispositivos puestos en marcha desde los años 80, encaminados a la desarticulación administrativa y financiera para inducir la privatización y extranjerización del complejo petro-eléctrico del país. Por ejemplo, el desfinanciamiento crónico de Pemex-CFE por la vía de un focalizado ataque fiscal, que promueve su creciente endeudamiento. Hoy, gracias al esfuerzo acumulado del 20 años, Pemex, con una integración vertical debilitada por diseño del Banco Mundial (BM), es la empresa petrolera más endeudada del mundo (32 mil millones de dólares).

Los proyectos de impacto diferido en el registro del gasto, o Pidiregas, han sido usados para impulsar la privatización del sector. Este año una gran proporción del presupuesto de Pemex se dedica al pago de los Pidiregas: 3 mil millones de un total de 10 mil millones de dólares. Datos de Pemex Exploración y Producción indican que de 2001 a 2004 se dedicó 75 por ciento de la inversión al pago de la deuda. Las urgentes necesidades de Estados Unidos en torno a su exorbitante consumo de combustibles fósiles y su estrategia orientada a diversificar las fuentes de suministro forman el núcleo de la agenda de Fox. Además, el impulso de Bush (y Fox) a la privatización de Pemex se centra en aumentar la extracción de gas y petróleo a como dé lugar, por la vía de usar los recursos públicos mexicanos para subvencionar los negocios de firmas "nacionales y/o extranjeras" que operan en Pemex, al margen de la Constitución. Es el caso de Cantarell, el principal campo petrolero del país localizado en la bahía de Campeche, cuyo orden de magnitud original se estimó en 35 mil millones de barriles en 1979. Sometido a una sobrexplotación, su producción empezó a declinar en 1996 por lo que al año siguiente, con el "respaldo" del BM, del Departamento de Energía (DdE) de EU y del entusiasmo entreguista de Zedillo, se diseñó un contrato de 15 años en favor de un consorcio integrado por BOC Gases, Marubeni Corporation, Setcoast Energy, ICA Fluor Daniel y Linde para inyectar nitrógeno e incrementar la producción, que en 2002 llegó a 1.88 millones de barriles diarios, el doble de lo producido en 1995.

La agenda de Fox, que es la del BM, incluye, de manera prominente, los contratos de servicios múltiples (CSM) especial aunque no exclusivamente en torno a la explotación del gas no asociado de la cuenca de Burgos que fue dividida -y está siendo subastada-, en siete "bloques". Repsol-YPF se encarga del bloque Reynosa-Monterrey; a Teikoku Oil de Japón y Grupo Diavaz de México se les asignaron Cuervito y Fronterizo. Tecpetrol domiciliada en Argentina, junto a Industrial Perforadora de Campeche ganaron el contrato para el Misión. Diligente que es en "la compra-venta de México", Fox inauguró 2004, otorgándole al grupo Lewis Energy de Texas, el CSM para Olmos el 9 de febrero.

En medio del aplauso de la Casa Blanca y de la censura del Senado mexicano, su racha entreguista continuó impertérrita. El 10 de noviembre le asignó el CSM de Pandura-Anáhuac a Industrial Perforadora de Campeche y Compañía de Desarrollo de Servicios Petroleros. Para 2005 la agenda incluye la entrega de Pirineo y Monclova. No se trata de una "necedad" de Fox, sino de oportunidades empresariales y de "necesidades" geoestratégicas de EU derivadas de su inecesario despilfarro de combustibles fósiles. Fox impulsa la "reforma estructural" del BM encaminada a "ajustar" la Carta Magna a las inconstitucionales operaciones en curso. Este ex gerente de la Coca-Cola que ocupa Los Pinos, asume que el petróleo ya no es estratégico "como en los años 30" y que el complejo petro-eléctrico debe ser manejado por el "mercado" que ya se encarga de los grandes negocios del gas (regasificación, distribución etc) a lo largo y ancho del país, especialmente en la frontera norte: En Altamira están Royal Dutch, Shell, Total y Mitsui, con la participación de Unión Fenosa de España; en la Costa Azul, Sempra Energy y Royal Dutch Shell; en la península de Baja California, cerca de las Islas Coronado, Chevron-Texaco; en Lázaro Cárdenas, Repsol-YPF; en Tijuana, Marathon -con Golar LNG Limited y Grupo GGs; en Sonora DKRW Energy.

El Mexico country analysis brief, del DdE (noviembre de 2004), apoya la gestión de Fox ya que "sus" iniciativas, como los CSM (que son las de la Casa Blanca y su BM) "...aparecen como un paso positivo hacia la apertura gradual de la producción de gas natural de México en favor de las compañías privadas extranjeras". Bush, Cheney, Halliburton, Brown Root and Kellog, Bechtel y las petroleras, gaseras y empresas eléctricas asociadas, están de plácemes con la agenda de Fox, pero impulsan la "reforma estructural" del BM: lo quieren todo.

jueves, 9 de diciembre de 2004

El dólar y la paz fría

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 9 de diciembre de 2004.

La vinculación entre la guerra de Irak, el desplome del dólar y la intensificación de las fricciones trasatlánticas es central en la actual dinámica de poder. Pasamos de la guerra fría a una etapa caracterizada por una paz fría en las relaciones intercapitalistas en general y en las de EU con Europa en particular.

El término paz fría fue acuñado por Jeffrey Garten, banquero, ex asesor de presidentes y decano de la Escuela de Negocios de Yale, para referirse al fenómeno de "las contradicciones interimperialistas". Por ello resulta llamativo que, en medio discurso de la "globalización" de la década de 1990, que consumía toneladas de tinta, miles de horas-radio y televisión y saturaba a una academia proclive a adoptar las modas de turno, Garten, del mero establishment capitalista, planteara la conflictividad intercapitalista como eje para comprender la situación internacional. Quizá por estar inmerso en "la terca realidad" no consideró serias o útiles las proclamas fáciles, deterministas y eufóricas del "globalismo pop".

La paz fría entre EU, Europa y Japón, acicateada por el mismo colapso de la URSS, el "enemigo común" que fungía como el cemento de la alianza y facilitaba el "manejo" estadunidense de la Entente intercapitalista, en ningún momento desatiende el hecho de que la tajada mayor de las exportaciones e importaciones, de la inversión extranjera directa y de los flujos financieros se realizan precisamente entre esos tres polos económicos. Pero tampoco descuida sus desavenencias y enfrentamientos en áreas como la aeroespacial, de semiconductores, biotecnología, subsidios a la agricultura y muchos más. Con la guerra en Irak, ese "enfriamiento" se amplió a lo geopolítico afectando a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Al aumento del gasto militar en Irak se agrega el desplome del dólar, emparentado con la profundización del déficit fiscal, así como un agravamiento del déficit de cuenta corriente, es decir, de la balanza comercial y de las transacciones financieras en ultramar.

Los problemas fiscales se derivan de un diseño presupuestal irresponsable y clasista con crecientes costos militares, pero la cuestión central es la falta de credibilidad del gobierno de Bush. Fue bochornoso el espectáculo ofrecido por quienes hicieron del engaño, la manipulación y la falsificación de datos y sucesos un asunto cotidiano. De aquí el gran escepticismo de la opinión pública mundial y los inversionistas en torno a la retórica en favor de un dólar fuerte proveniente del gabinete económico de Bush. Según Garten, la Casa Blanca se está comportando en el área de política económica internacional de manera similar a como lo ha hecho en la esfera política y militar: "se pronunciará de manera confiada si no es que arrogante, y no cejará de presionar fuertemente su ideología a lo largo y ancho del orbe. Invitará a otros países a participar en sus planes, pero a fin de cuentas hará lo que le dé la gana con o sin ellos. Su política en torno al dólar es un reflejo de su política en Irak" (Newsweek, 20/11/04, p. 31).

Garten muestra con datos por qué el problema para los inversionistas no se limita sólo a las "intenciones" reales de Bush, sino también a su capacidad para enfrentar los graves aprietos económicos gestados durante sus primeros cuatro años. EU pasó de un superávit acumulado de 5 billones de dólares a un déficit de más de 2 billones, es decir, un cambio de 7 billones (trillions en inglés).

Los pronunciamientos en torno a un dólar fuerte están acompañados de iniciativas presupuestales que, al acentuar el déficit, propician la caída en picada de la moneda. Garten muestra que el déficit fiscal no preocupa mayormente a Bush, quien promueve, entre otras medidas: a) dar carácter permanente a los recortes impositivos hechos a favor de los sectores de mayores ingresos, lo que significa agregar cerca de 2 billones al déficit de 10 años; b) aumentar el gasto militar y de seguridad interna, y c) privatizar la seguridad social, agregando entre uno y 2 billones al déficit. Por lo que aumenta la cautela de inversionistas y bancos centrales, de quienes EU depende grandemente para salir del atolladero y enfrentar sus necesidades de financiamiento estimadas en 2 mil millones de dólares diarios, el equivalente al ahorro total generado por las exportaciones de todos los países de Asia y Europa.

La idea parece centrarse en "internacionalizar" los costos del desastre en Irak y del despilfarro fiscal, por medio de la devaluación monetaria, pasando la factura al mundo. Hace poco, el secretario del Tesoro dijo, en referencia a otro rubro y con toda la cara dura del caso, que "el déficit de cuenta corriente de EU es una responsabilidad compartida".

Naturalmente en Europa y Asia aumenta el rechazo a cargar con los costes de este esquema mientras se acrecientan las tensiones entre las respectivas áreas monetarias. El problema se le agrava a EU, porque se modificó la estructura de poder del sistema monetario internacional y el dólar ya no es la única moneda global.

jueves, 25 de noviembre de 2004

Petróleo y guerra

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 25 de noviembre de 2004.

Resultado de la geopolitización de las relaciones económicas internacionales acarreada por la guerra contra Irak y del unilateralismo diplomilitar, formalizado en la "doctrina" de autodefensa anticipatoria de Bush, se acentúa y se generaliza la incertidumbre. Las operaciones militares realizadas en función de intereses vinculados con la industria del gas y del petróleo, pero también con la armamentista y de servicios de seguridad de Estados Unidos, paradójicamente deteriora de manera preocupante la estabilidad del medio ambiente sociopolítico internacional requerido para la acumulación. Esto ocurre en momentos en que se complica la ecuación petrolera mundial, la cual indica que hemos ingresado a una zona de turbulencias sólo equiparable con aquellas experiencias históricas que antecedieron a los grandes conflictos y guerras que traumatizaron a la humanidad durante el siglo XX.

Una importante manifestación de ello es la perceptible inestabilidad en el mercado petrolero mundial. En el ojo del huracán de este fenómeno se encuentra el empantanamiento mesopotámico experimentado por el aparato castrense de Estados Unidos, resultado de la inusitada resistencia iraquí. La masacre de iraquíes perpetrada por la Casa Blanca, que, según la revista médica Lancet, hasta poco había cobrado 100 mil víctimas, no ha hecho otra cosa que intensificar y regionalizar la resistencia. Medio Oriente es una zona donde, cabe recordar, se localiza cerca de 60 por ciento de las reservas petroleras del mundo y de las que depende en gran medida el funcionamiento de las principales economías, que ya empiezan a experimentar perturbaciones que combinan el estancamiento con la inflación sólo comparables con aquellas que se observaron en 1970.

Citando un estudio de Joachim Fels, de Morgan Stanley, Samuel Brittan (Financial Times, 5/11/04, p.13) llama la atención a los paralelismos entre la actual situación y la "estagflación" de la década de los 70: los precios del petróleo casi se quintuplicaron en ambas ocasiones. La política monetaria y fiscal ha sido altamente expansiva, incluso con periodos de tasas de interés negativos, y en ambos las naciones industriales enfrentaron a nuevos competidores en los mercados mundiales, en aquel entonces de Japón y de Corea del Sur. Hoy la competencia proviene de China, India y Europa Central con profundos impactos. También nos recuerda que en los 70 se desaceleró la productividad mundial por razones que todavía se discuten. Aunque Fels argumenta que la actual situación no es tan grave, Brittan advierte, con razón creo yo, que ciertos elementos de la ecuación energética son hoy mucho más delicados, ya que la disponibilidad de petróleo no depende de la acción de cártel alguno, sino de serios límites de la capacidad para la producción mundial de petróleo mientras, como ayer, es grande la dependencia sobre la producción de los pocos, pero inmensos campos petroleros de Arabia Saudita, lo que ocasiona dos graves riesgos: a) mayores dificultades físicas para aumentar la producción, y b) una intensificación de los riesgos acarreados por la inestabilidad político-militar generada por el unilateralismo castrense de Bush.

La guerra contra Irak es uno de los principales ejes explicativos de la inestabilidad del mercado petrolero. Pero esto ocurre en un medio signado por los límites físicos antes apuntados y un aumento persistente de la demanda de petróleo y gas proveniente de economías altamente dinamizadas , como la China e India. China pasó de consumir 9 por ciento de la energía del mundo hace 10 años al 12.1 por ciento hoy, lo que, con más de mil millones de habitantes, la coloca en segundo lugar, sólo después de Estados Unidos con 24 por ciento (y con menos de 6 por ciento de la población mundial). Según el Departamento de Energía estadunidense (The Economist, 15/11/04, p 60), para 2020 China duplicará su demanda petrolera llegando a 11 millones de barriles diarios y a triplicar su consumo de gas. Con sólo 2.1 por ciento de las reservas probadas del mundo y 5.23 por ciento de las de gas, su dependencia la llevará a jugar un papel más activo en la disputa por los recursos energéticos, tanto en Asia como en el Oriente Medio y América Latina. Algo similar se observa en India, cuya economía también se industrializa a pasos agigantados. Cabe mencionar que ninguno de los gigantes asiáticos sigue las recetas desindustrializadoras impulsadas en nuestros países por Estados Unidos desde el FMI-Banco Mundial. Para India la situación del gas y petróleo es más precaria dentro de un panorama en el que, según su Comisión de Planificación, en los próximos 20 años se triplicarán sus necesidades energéticas. Hoy importa 73 por ciento del petróleo que consume, y en 2030, según esa fuente, la dependencia será de 90 por ciento.

En este contexto cobra inusitada importancia tanto el análisis de Carlos Fazio (La Jornada, 23/11/04) sobre los despliegues castrenses de Estados Unidos al sur del Bravo, especialmente sus operativos en Colombia, Ecuador, Venezuela y Bolivia, ricos en gas y petróleo, como los análisis en torno a los peligros de la apertura de Fox a las petroleras en Pemex.

jueves, 11 de noviembre de 2004

El imperio contra el mundo

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 11 de noviembre de 2004.

Como resultado de las elecciones en EU, la seguridad internacional en general, y Medio Oriente y América Latina en particular -específicamente Cuba y Venezuela- enfrentarán una situación más riesgosa. Ello es así porque durante estos cuatro años se intensificó, de manera sólo comparable con lo ocurrido pocos años antes de la Segunda Guerra Mundial, la militarización y geopolitización de las relaciones económicas internacionales, en especial en torno al acceso y control del petróleo, principal mercancía del comercio mundial.

Con una votación de casi 60 millones de votos (cerca de 51.1 por ciento contra 48 por ciento de Kerry) el Partido Republicano acentuó su dominio en el Congreso y captó casi todas las gubernaturas disputadas.

Ahora existe lo que no hubo antes: un presidente militarista y violador del derecho internacional, legitimado por el voto del miedo y del fundamentalismo religioso. La posición política de Bush se reforzó por los operativos protagonizados por Al Qaeda: porque los ataques del 11-9, que mostraron ante el mundo la vulnerabilidad estructural de EU, en los hechos lo rescataron de la ilegitimidad y debilidad política que padeció por las irregularidades de las elecciones de 2000. Luego, pocos días antes de los últimos comicios, vino el mensaje de Osama Bin Laden al electorado. Pudo haber sido una manifestación del fracaso de Bush para lograr su captura, pero el video recordó a la población el trauma y terror del 11-9, fundamento indiscutible de su campaña. En este sentido, quizá paradójico, se puede afirmar que Bin Laden de nuevo actuó y, en efecto, "votó" a favor del ocupante de la Casa Blanca. Lo central es que el triunfo otorga un mandato, hasta hace poco ausente, a la unilateralidad, el militarismo, la guerra preventiva y de conquista, y al antiterrorismo manipulador y patriotero. En la escena doméstica se fortalece la regresión económica, social y de libertades civiles, así como más persecución y persistente precariedad para los inmigrantes y también la intransigencia religiosa y la intolerancia a las preferencias sexuales.

Con una posición más holgada de los republicanos en el Congreso, la Casa Blanca podrá acentuar su agenda en asuntos sustanciales como mayor derechización de la Corte Suprema, más favores a los sectores de altos ingresos y a las grandes empresas -particularmente petroleras, del carbón y del gas, farmacéuticas, bélico-industriales, nucleoeléctricas, y las dedicadas a los servicios de seguridad-, mayor deterioro del Estado de derecho -doméstico e internacional- y de las garantías individuales (habeas corpus e invasión telefónica y microfónica de la privacidad), más desregulación ambiental (además de retirarse del tratado de Kyoto para disminuir las peligrosas emisiones con efecto invernadero que impacta los casquetes polares, Bush es el presidente más regresivo en materia ecológica).

Al momento de escribir estas líneas parece que habrá una todavía mayor derechización del gabinete, con el retiro de Powell (un "moderado" en medio del extremismo que caracteriza a la camarilla de Bush), la permanencia de Rumsfeld en el Pentágono, el ascenso de Wolfowitz al Consejo de Seguridad en sustitución de Rice, el retiro de Greenspan, y una postura dudosa en torno a la ratificación del secretario del Tesoro.

Por razones que requieren mayor ponderación, se asegura que el afianzamiento de Rumsfeld y Wolfowitz se debe a su "decisiva acción electoral" desde el Pentágono. El uso partidista de recursos públicos -v.gr. del high tech satelital- viola la ley. Doméstica e internacionalmente se desequilibra más la ecuación cívico-militar a favor del sector castrense, así como su probable intervención en el proceso electoral.

La situación es compleja y contradictoria. Este triunfo ocurre en medio de una profunda polarización y división de la población en torno al papel de EU en el mundo y al manejo que se da a la "guerra antiterrorista". Es paradójico, pero no podemos dejar de lado que el mismo éxito de Bush al convencer al electorado de que la seguridad, la guerra y la intransigencia y el delirio religioso eran lo fundamental, logrando así que la población votara contra sus propios intereses en materia impositiva, de salud, de medio ambiente y de empleo, también nos coloca frente al hecho de que la mitad del electorado se opone a un esquema que incluye iniciativas bélicas como en Irak, con más de 100 mil iraquíes masacrados (mujeres y niños inocentes, la mitad de ellos).

No extrañe a nadie que se contemplen escenarios contra Cuba y operativos contra el ascenso de la izquierda en Venezuela, Uruguay, Brasil y Argentina. También en México, como evidencia la participación de Salinas en la temeraria y facciosa ofensiva de Fox contra López Obrador, misma que vulnera la paz social. Salinas, por sus "hazañas" privatizadoras y de seguridad (usurpación electoral contra la izquierda en 1988 y ofensiva antinacional en Pemex) sigue siendo el darling del aparato corporativo y de espionaje de EU en México.