jueves, 9 de diciembre de 2004

El dólar y la paz fría

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 9 de diciembre de 2004.

La vinculación entre la guerra de Irak, el desplome del dólar y la intensificación de las fricciones trasatlánticas es central en la actual dinámica de poder. Pasamos de la guerra fría a una etapa caracterizada por una paz fría en las relaciones intercapitalistas en general y en las de EU con Europa en particular.

El término paz fría fue acuñado por Jeffrey Garten, banquero, ex asesor de presidentes y decano de la Escuela de Negocios de Yale, para referirse al fenómeno de "las contradicciones interimperialistas". Por ello resulta llamativo que, en medio discurso de la "globalización" de la década de 1990, que consumía toneladas de tinta, miles de horas-radio y televisión y saturaba a una academia proclive a adoptar las modas de turno, Garten, del mero establishment capitalista, planteara la conflictividad intercapitalista como eje para comprender la situación internacional. Quizá por estar inmerso en "la terca realidad" no consideró serias o útiles las proclamas fáciles, deterministas y eufóricas del "globalismo pop".

La paz fría entre EU, Europa y Japón, acicateada por el mismo colapso de la URSS, el "enemigo común" que fungía como el cemento de la alianza y facilitaba el "manejo" estadunidense de la Entente intercapitalista, en ningún momento desatiende el hecho de que la tajada mayor de las exportaciones e importaciones, de la inversión extranjera directa y de los flujos financieros se realizan precisamente entre esos tres polos económicos. Pero tampoco descuida sus desavenencias y enfrentamientos en áreas como la aeroespacial, de semiconductores, biotecnología, subsidios a la agricultura y muchos más. Con la guerra en Irak, ese "enfriamiento" se amplió a lo geopolítico afectando a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Al aumento del gasto militar en Irak se agrega el desplome del dólar, emparentado con la profundización del déficit fiscal, así como un agravamiento del déficit de cuenta corriente, es decir, de la balanza comercial y de las transacciones financieras en ultramar.

Los problemas fiscales se derivan de un diseño presupuestal irresponsable y clasista con crecientes costos militares, pero la cuestión central es la falta de credibilidad del gobierno de Bush. Fue bochornoso el espectáculo ofrecido por quienes hicieron del engaño, la manipulación y la falsificación de datos y sucesos un asunto cotidiano. De aquí el gran escepticismo de la opinión pública mundial y los inversionistas en torno a la retórica en favor de un dólar fuerte proveniente del gabinete económico de Bush. Según Garten, la Casa Blanca se está comportando en el área de política económica internacional de manera similar a como lo ha hecho en la esfera política y militar: "se pronunciará de manera confiada si no es que arrogante, y no cejará de presionar fuertemente su ideología a lo largo y ancho del orbe. Invitará a otros países a participar en sus planes, pero a fin de cuentas hará lo que le dé la gana con o sin ellos. Su política en torno al dólar es un reflejo de su política en Irak" (Newsweek, 20/11/04, p. 31).

Garten muestra con datos por qué el problema para los inversionistas no se limita sólo a las "intenciones" reales de Bush, sino también a su capacidad para enfrentar los graves aprietos económicos gestados durante sus primeros cuatro años. EU pasó de un superávit acumulado de 5 billones de dólares a un déficit de más de 2 billones, es decir, un cambio de 7 billones (trillions en inglés).

Los pronunciamientos en torno a un dólar fuerte están acompañados de iniciativas presupuestales que, al acentuar el déficit, propician la caída en picada de la moneda. Garten muestra que el déficit fiscal no preocupa mayormente a Bush, quien promueve, entre otras medidas: a) dar carácter permanente a los recortes impositivos hechos a favor de los sectores de mayores ingresos, lo que significa agregar cerca de 2 billones al déficit de 10 años; b) aumentar el gasto militar y de seguridad interna, y c) privatizar la seguridad social, agregando entre uno y 2 billones al déficit. Por lo que aumenta la cautela de inversionistas y bancos centrales, de quienes EU depende grandemente para salir del atolladero y enfrentar sus necesidades de financiamiento estimadas en 2 mil millones de dólares diarios, el equivalente al ahorro total generado por las exportaciones de todos los países de Asia y Europa.

La idea parece centrarse en "internacionalizar" los costos del desastre en Irak y del despilfarro fiscal, por medio de la devaluación monetaria, pasando la factura al mundo. Hace poco, el secretario del Tesoro dijo, en referencia a otro rubro y con toda la cara dura del caso, que "el déficit de cuenta corriente de EU es una responsabilidad compartida".

Naturalmente en Europa y Asia aumenta el rechazo a cargar con los costes de este esquema mientras se acrecientan las tensiones entre las respectivas áreas monetarias. El problema se le agrava a EU, porque se modificó la estructura de poder del sistema monetario internacional y el dólar ya no es la única moneda global.

jueves, 25 de noviembre de 2004

Petróleo y guerra

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 25 de noviembre de 2004.

Resultado de la geopolitización de las relaciones económicas internacionales acarreada por la guerra contra Irak y del unilateralismo diplomilitar, formalizado en la "doctrina" de autodefensa anticipatoria de Bush, se acentúa y se generaliza la incertidumbre. Las operaciones militares realizadas en función de intereses vinculados con la industria del gas y del petróleo, pero también con la armamentista y de servicios de seguridad de Estados Unidos, paradójicamente deteriora de manera preocupante la estabilidad del medio ambiente sociopolítico internacional requerido para la acumulación. Esto ocurre en momentos en que se complica la ecuación petrolera mundial, la cual indica que hemos ingresado a una zona de turbulencias sólo equiparable con aquellas experiencias históricas que antecedieron a los grandes conflictos y guerras que traumatizaron a la humanidad durante el siglo XX.

Una importante manifestación de ello es la perceptible inestabilidad en el mercado petrolero mundial. En el ojo del huracán de este fenómeno se encuentra el empantanamiento mesopotámico experimentado por el aparato castrense de Estados Unidos, resultado de la inusitada resistencia iraquí. La masacre de iraquíes perpetrada por la Casa Blanca, que, según la revista médica Lancet, hasta poco había cobrado 100 mil víctimas, no ha hecho otra cosa que intensificar y regionalizar la resistencia. Medio Oriente es una zona donde, cabe recordar, se localiza cerca de 60 por ciento de las reservas petroleras del mundo y de las que depende en gran medida el funcionamiento de las principales economías, que ya empiezan a experimentar perturbaciones que combinan el estancamiento con la inflación sólo comparables con aquellas que se observaron en 1970.

Citando un estudio de Joachim Fels, de Morgan Stanley, Samuel Brittan (Financial Times, 5/11/04, p.13) llama la atención a los paralelismos entre la actual situación y la "estagflación" de la década de los 70: los precios del petróleo casi se quintuplicaron en ambas ocasiones. La política monetaria y fiscal ha sido altamente expansiva, incluso con periodos de tasas de interés negativos, y en ambos las naciones industriales enfrentaron a nuevos competidores en los mercados mundiales, en aquel entonces de Japón y de Corea del Sur. Hoy la competencia proviene de China, India y Europa Central con profundos impactos. También nos recuerda que en los 70 se desaceleró la productividad mundial por razones que todavía se discuten. Aunque Fels argumenta que la actual situación no es tan grave, Brittan advierte, con razón creo yo, que ciertos elementos de la ecuación energética son hoy mucho más delicados, ya que la disponibilidad de petróleo no depende de la acción de cártel alguno, sino de serios límites de la capacidad para la producción mundial de petróleo mientras, como ayer, es grande la dependencia sobre la producción de los pocos, pero inmensos campos petroleros de Arabia Saudita, lo que ocasiona dos graves riesgos: a) mayores dificultades físicas para aumentar la producción, y b) una intensificación de los riesgos acarreados por la inestabilidad político-militar generada por el unilateralismo castrense de Bush.

La guerra contra Irak es uno de los principales ejes explicativos de la inestabilidad del mercado petrolero. Pero esto ocurre en un medio signado por los límites físicos antes apuntados y un aumento persistente de la demanda de petróleo y gas proveniente de economías altamente dinamizadas , como la China e India. China pasó de consumir 9 por ciento de la energía del mundo hace 10 años al 12.1 por ciento hoy, lo que, con más de mil millones de habitantes, la coloca en segundo lugar, sólo después de Estados Unidos con 24 por ciento (y con menos de 6 por ciento de la población mundial). Según el Departamento de Energía estadunidense (The Economist, 15/11/04, p 60), para 2020 China duplicará su demanda petrolera llegando a 11 millones de barriles diarios y a triplicar su consumo de gas. Con sólo 2.1 por ciento de las reservas probadas del mundo y 5.23 por ciento de las de gas, su dependencia la llevará a jugar un papel más activo en la disputa por los recursos energéticos, tanto en Asia como en el Oriente Medio y América Latina. Algo similar se observa en India, cuya economía también se industrializa a pasos agigantados. Cabe mencionar que ninguno de los gigantes asiáticos sigue las recetas desindustrializadoras impulsadas en nuestros países por Estados Unidos desde el FMI-Banco Mundial. Para India la situación del gas y petróleo es más precaria dentro de un panorama en el que, según su Comisión de Planificación, en los próximos 20 años se triplicarán sus necesidades energéticas. Hoy importa 73 por ciento del petróleo que consume, y en 2030, según esa fuente, la dependencia será de 90 por ciento.

En este contexto cobra inusitada importancia tanto el análisis de Carlos Fazio (La Jornada, 23/11/04) sobre los despliegues castrenses de Estados Unidos al sur del Bravo, especialmente sus operativos en Colombia, Ecuador, Venezuela y Bolivia, ricos en gas y petróleo, como los análisis en torno a los peligros de la apertura de Fox a las petroleras en Pemex.

jueves, 11 de noviembre de 2004

El imperio contra el mundo

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 11 de noviembre de 2004.

Como resultado de las elecciones en EU, la seguridad internacional en general, y Medio Oriente y América Latina en particular -específicamente Cuba y Venezuela- enfrentarán una situación más riesgosa. Ello es así porque durante estos cuatro años se intensificó, de manera sólo comparable con lo ocurrido pocos años antes de la Segunda Guerra Mundial, la militarización y geopolitización de las relaciones económicas internacionales, en especial en torno al acceso y control del petróleo, principal mercancía del comercio mundial.

Con una votación de casi 60 millones de votos (cerca de 51.1 por ciento contra 48 por ciento de Kerry) el Partido Republicano acentuó su dominio en el Congreso y captó casi todas las gubernaturas disputadas.

Ahora existe lo que no hubo antes: un presidente militarista y violador del derecho internacional, legitimado por el voto del miedo y del fundamentalismo religioso. La posición política de Bush se reforzó por los operativos protagonizados por Al Qaeda: porque los ataques del 11-9, que mostraron ante el mundo la vulnerabilidad estructural de EU, en los hechos lo rescataron de la ilegitimidad y debilidad política que padeció por las irregularidades de las elecciones de 2000. Luego, pocos días antes de los últimos comicios, vino el mensaje de Osama Bin Laden al electorado. Pudo haber sido una manifestación del fracaso de Bush para lograr su captura, pero el video recordó a la población el trauma y terror del 11-9, fundamento indiscutible de su campaña. En este sentido, quizá paradójico, se puede afirmar que Bin Laden de nuevo actuó y, en efecto, "votó" a favor del ocupante de la Casa Blanca. Lo central es que el triunfo otorga un mandato, hasta hace poco ausente, a la unilateralidad, el militarismo, la guerra preventiva y de conquista, y al antiterrorismo manipulador y patriotero. En la escena doméstica se fortalece la regresión económica, social y de libertades civiles, así como más persecución y persistente precariedad para los inmigrantes y también la intransigencia religiosa y la intolerancia a las preferencias sexuales.

Con una posición más holgada de los republicanos en el Congreso, la Casa Blanca podrá acentuar su agenda en asuntos sustanciales como mayor derechización de la Corte Suprema, más favores a los sectores de altos ingresos y a las grandes empresas -particularmente petroleras, del carbón y del gas, farmacéuticas, bélico-industriales, nucleoeléctricas, y las dedicadas a los servicios de seguridad-, mayor deterioro del Estado de derecho -doméstico e internacional- y de las garantías individuales (habeas corpus e invasión telefónica y microfónica de la privacidad), más desregulación ambiental (además de retirarse del tratado de Kyoto para disminuir las peligrosas emisiones con efecto invernadero que impacta los casquetes polares, Bush es el presidente más regresivo en materia ecológica).

Al momento de escribir estas líneas parece que habrá una todavía mayor derechización del gabinete, con el retiro de Powell (un "moderado" en medio del extremismo que caracteriza a la camarilla de Bush), la permanencia de Rumsfeld en el Pentágono, el ascenso de Wolfowitz al Consejo de Seguridad en sustitución de Rice, el retiro de Greenspan, y una postura dudosa en torno a la ratificación del secretario del Tesoro.

Por razones que requieren mayor ponderación, se asegura que el afianzamiento de Rumsfeld y Wolfowitz se debe a su "decisiva acción electoral" desde el Pentágono. El uso partidista de recursos públicos -v.gr. del high tech satelital- viola la ley. Doméstica e internacionalmente se desequilibra más la ecuación cívico-militar a favor del sector castrense, así como su probable intervención en el proceso electoral.

La situación es compleja y contradictoria. Este triunfo ocurre en medio de una profunda polarización y división de la población en torno al papel de EU en el mundo y al manejo que se da a la "guerra antiterrorista". Es paradójico, pero no podemos dejar de lado que el mismo éxito de Bush al convencer al electorado de que la seguridad, la guerra y la intransigencia y el delirio religioso eran lo fundamental, logrando así que la población votara contra sus propios intereses en materia impositiva, de salud, de medio ambiente y de empleo, también nos coloca frente al hecho de que la mitad del electorado se opone a un esquema que incluye iniciativas bélicas como en Irak, con más de 100 mil iraquíes masacrados (mujeres y niños inocentes, la mitad de ellos).

No extrañe a nadie que se contemplen escenarios contra Cuba y operativos contra el ascenso de la izquierda en Venezuela, Uruguay, Brasil y Argentina. También en México, como evidencia la participación de Salinas en la temeraria y facciosa ofensiva de Fox contra López Obrador, misma que vulnera la paz social. Salinas, por sus "hazañas" privatizadoras y de seguridad (usurpación electoral contra la izquierda en 1988 y ofensiva antinacional en Pemex) sigue siendo el darling del aparato corporativo y de espionaje de EU en México.

jueves, 28 de octubre de 2004

Pemex: caldo de gallina

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 28 de octubre de 2004.

Es profunda la crisis moral, política y técnico-administrativa que golpea a Pemex bajo el gobierno de Fox y de Muñoz Leos, promotores de una "reforma estructural energética", es decir, de lanzar la empresa, junto a la electricidad, al piso de remates de Wall Street, como sus antecesores ya lo hicieron con los bancos y los ferrocarriles. Al cuestionable "arreglo" impulsado por Muñoz Leos y el sindicato, mismo que, junto a los contratos de servicios múltiples (CSM), ha concitado la crítica de varios analistas, se agrega un rosario de problemas derivados de la profundización de un esquema en vigor desde hace más de 20 años, encaminado a la privatización y extranjerización del sector.

En lo interno y en lo externo es grave la situación que enfrenta el país ante el manejo entreguista y turbio de Pemex. Fox se comprometió con el electorado a "no privatizar Pemex", pero eso es precisamente lo que hace, con altos costos que se traducen en miles de desempleados, un sistemático ataque al cuerpo técnico-profesional y una intensificación en el rompimiento de las cadenas productivas. En lo externo la situación es delicada. La guerra contra Irak y las condiciones de creciente dificultad que enfrenta la industria petrolera mundial, especialmente la OPEP y Arabia Saudita, para enfrentar un desborde de la demanda y la especulación, han profundizado el interés empresarial y de "seguridad nacional" de Estados Unidos por el control directo de los combustibles fósiles, del Bravo a la Patagonia. (México, Venezuela, Colombia, Bolivia).

La posición del país es riesgosa frente a un vecino que, con una reserva petrolera disminuida, consume 25 por ciento de la producción mundial, rechaza adoptar medidas de conservación energética y, en su lugar, aplica la bota militar -ciertamente no la "mano invisible del mercado"-, para garantizar el control del gas y del petróleo ajeno. Situación agravada por la estrechez de miras de la cúpula político-económica mexicana, obsesionada en despilfarrar lo que queda de la reserva para complacer la gula de la potencia norteña: una burguesía "lumpen", codiciosamente vulgar y acostumbrada a la impunidad, que se posiciona como intermediaria en los negocios que se derivan del despojo del complejo petro-eléctrico del país.

El desastre en Pemex ha sido fríamente calculado. Bajo el programa auspiciado por las petroleras internacionales por medio del Banco Mundial (BM) desde inicios de los 80, Pemex, la gallina de los huevos de oro de México, ha sido sometida a una brutal agresión fiscal y a un desfinanciamiento crónico y selectivo que se intensificó durante el salinato, así como a procedimientos totalmente reñidos con los más elementales principios que rigen a las grandes empresas del ramo. Con Salinas y sus sucesores, el interés público nacional quedó fuera y Pemex pasó a ser "caldo de gallina" porque la intención explícita del BM fue y es la de "llevar la empresa a un punto de venta". Ya se procedió con el debilitamiento de la integración vertical de la paraestatal por medio de su división en empresas separadas y en competencia, en contraste con lo que ocurre en las grandes firmas del ramo que aumentan la integración desde la exploración hasta la transformación y comercialización del crudo.

Téngase presente que el "recetario" del BM, sintetizado en sus Mexico Strategy Papers es de imposible aplicación sin la cínica, pero diligente concurrencia de quienes han hegemonizado el Ejecutivo por más de dos decenios. Como todo procedimiento culinario, para hacer este caldo debe usarse una buena dosis de CSM, generalizando su uso a todos los niveles de la actividad de la empresa. La idea central es sacar al Estado y a los trabajadores y técnicos mexicanos de la operación del negocio y traspasarlo paulatinamente a contratistas e inversionistas "nacionales y-o extranjeros". Lo que van dejando son los huesos de la gallina de oro.

Otro ingrediente importante fue el de desindustrializar la actividad, especializando a México en la explotación desmedida de su petróleo para exportarlo a EU, bajo el principio del BM de que cualquier actividad petroquímica nueva debe realizarse con asociados, nacionales y extranjeros, en donde la paraestatal sería socio minoritario, como ocurre en el proyecto petroquímico Fénix. Por 10 años el desfinanciamiento de la planta refinadora ha sido tan sistemático como la sobrexplotación de la reserva, pero ahora con Fénix en el horizonte, se autorizan partidas para mejorar y ampliar los suministros requeridos.

Se le está robando el futuro a las nuevas generaciones. Según datos oficiales recabados por Israel Rodríguez (La Jornada, 22 Sept p. 23) bajo el foxismo se ocasionó una baja de 38.8 por ciento de la reserva al pasar de 24 mil 631 millones de barriles en 2000 a sólo 15 mil 124 millones en 2003. A los actuales niveles de producción (3 millones 350 mil barriles diarios (bd-) el petróleo sólo alcanzará para mediados de 2016. Pero como se decidió aumentar la producción a 3 millones 850 mil barriles diarios, el "caldo de gallina" se acabará antes.

jueves, 14 de octubre de 2004

Las chorradas de Bush y Blair

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 14 de octubre de 2004.

Las copiosas relevaciones de Richard Clarke (el ex encargado de la lucha antiterrorista de los gobiernos de Clinton y Bush) en su libro Contra todos los enemigos, (Taurus, 2004) dibujan un cuadro de situación turbadora sobre lo que ocurre en las altas esferas de la seguridad nacional de ''la presidencia imperial''. Aunque se trata de un pesado fardo bipartidista, el contraste entre la realidad y el manejo propagandístico de la información se fue intensificando desde que comenzó este gobierno republicano.

Cuando llegamos a los dos primeros debates presidenciales, la colisión entre los hechos y los engaños simplemente salen de la coraza elaborada en torno al presidente por el equipo de neoconservadores de la Casa Blanca, cobran vida y estallan en cada palabra de un mandatario que centra su estrategia para mantenerse en el poder en la lucha antiterrorista y en una infame explotación de la tragedia humana gestada por los ataques del 11-09.

Clarke, nada menos que el encargado del terrorismo, nos informa que no se le había permitido reunirse con Bush para discutir el tema, ''ni en enero ni después de enero''. Lo recibió hasta el 11/09 (p. 46). Durante los primeros días de su gestión antiterrorista (enero de 2001) Clarke había solicitado con carácter ''urgente'' una reunión del gabinete para aprobar un agresivo programa contra Al Qaeda, misma que no se realizó hasta el 4 de septiembre, muy tarde para detener el operativo terrorista en marcha y a pesar de que oficinas regionales del FBI habían recibido serias advertencias sobre preparativos terroristas que usarían aviones comerciales.
Hasta entonces Clarke sólo había mantenido una reunión sobre terrorismo con Cheney, Rice y Powell y fue tal el desinterés de la cúpula política, que todo esfuerzo antiterrorista fue desalentado. Incluso circuló la historia de que Clarke había pedido un traslado.

No deja de sorprender que los demócratas no hayan recurrido a este valioso relato de Clarke. Quizá sus datos sean demasiado espinosos, pero su importancia trasciende todo arreglo bipartidista, máxime que Clinton había empezado a aumentar progresivamente los presupuestos para los programas antiterroristas y que, ''por primera vez en 40 años, una administración había creado y financiado un programa de gran envergadura para defender el interior del país'' (p. 172).

Aunque Kerry y Edwards se han referido a las falsedades utilizadas por el gobierno para justificar la guerra contra Irak, como los supuestos vínculos de Hussein con Al Qaeda o las inexistentes armas de destrucción masiva, resulta más relevante enterarse, de esta fuente privilegiada, que cuando Wolfowitz, el segundo de Rumsfeld en el Pentágono, a solicitud de Clarke presidió una reunión para determinar una postura oficial sobre las relaciones entre Irak y Al Qaeda, ''todos los departamentos e instancias del gobierno estuvieron de acuerdo en que no existía ningún tipo de cooperación entre los dos. Se envió un memorando a tal efecto al presidente, pero nunca tuvimos noticias de que le hubiera llegado'' (p. 54).

Y por lo que se refiere a las armas de destrucción masiva (Blair afirmó que Saddam podría atacar en 45 minutos), una mentira vívidamente orquestada ante el Consejo de Seguridad de la ONU por el secretario de Estado Colin Powell, resulta de lo más relevante enterarnos de cómo este asunto ya se había investigado y ventilado durante el gobierno de Bush padre, cuando el actual vicepresidente Dick Cheney era secretario de Defensa, y Powell fungía como jefe del Estado Mayor:

Durante una reunión del comité directivo presidido por Brent Scowcroft, entonces consejero de seguridad nacional de Bush padre, para planear la primera Guerra del Golfo y cuando se le preguntó a Powell sobre si Hussein haría uso de las armas de destrucción masiva, encogido de hombros ''y con una expresión de cordero dijo: sencillamente creo que las armas químicas son una chorrada''. Scowcroft, general retirado de la Fuerza Aérea, preguntó: ''¿Una chorrada? ¿eso es algún tipo de terminología militar? Poniéndose más serio, Powell explicó: Las armas químicas sólo harán que nos retrasemos un poco. Reforzaremos los tanques y entraremos. No creo que Saddam use armas biológicas porque no son adecuadas para el campo de batalla. Tardan mucho tiempo en hacer efecto. Aparte de todo, esa mierda se puede volver contra ti. Y armas nucleares, yo no creo que las tenga'' (p. 205). Esto ocurrió antes de que Irak, bajo supervisión de la ONU, desmantelara sus programas armamentistas como resultado de su derrota militar.

Téngase presente el cinismo de Blair y la actuación de Powell sobre la ''amenaza de las armas de destrucción masiva de Sadam'' frente al Consejo de Seguridad antes de la guerra preventiva de Bush que, con el aval del ''aliado'' inglés, sigue matando y mutilando a decenas de miles de iraquíes y de soldados de Estados Unidos. Ello permite calibrar mejor el orden de magnitud de la mentira, del fracaso, de la procacidad y de las criminales chorradas que caracterizan a este gobierno.

jueves, 23 de septiembre de 2004

La caja de Pandora

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 23 de septiembre de 2004.

Al Qaeda sería uno de los principales beneficiados de una relección de Bush, ironizó hace dos días un conocido diplomático inglés. El "sin comentarios" de su gobierno ante esta incisiva declaración es comprensible, aunque ciertamente en torno a este asunto ya se ha presentado al público una escrupulosa exploración de un testigo privilegiado, como podrá comprobar quien revise el substancial libro Contra todos los enemigos (Taurus, 2004), de Richard Clarke, el ex zar antiterrorista de los gobiernos de Clinton y Bush.

Ahí saltan a la vista algunos de los aspectos más sensibles, relevantes y hasta ahora desconocidos por la opinión pública sobre las decisiones, inexplicables contradicciones y asombrosos fallos en materia de seguridad interna del gobierno de Bush, antes del 11-9, así como del papel de esos ataques terroristas en la campaña neo hitleriana para sacar ventaja político-electoral de la tragedia, formalizar por medio del acta patriótica la instauración de un régimen de excepción, incidir en la militarización de la ecuación cívico-militar y para justificar el unilateralismo, el belicismo y la guerra de conquista y ocupación contra Irak.

Clarke se manifiesta sumamente preocupado, desde el título y dedicatoria hasta las últimas páginas por la propensión de la camarilla de Bush de transformar al 11-9 en lo que el historiador Golo Mann, en referencia al Tercer Reich llamó "una máquina para la manufactura del poder". Defender la Constitución significa también defenderla "... de todo aquel que utilice la amenaza terrorista contra las libertades que la propia Constitución consagra. Dichas libertades se están viendo socavadas, y si en este país se lleva a cabo otro ataque terrorista del mismo impacto y gravedad se producirán nuevos asaltos a nuestros derechos y libertades civiles. Por tanto, es esencial (evitarlos) y que... protejamos la Constitución... contra todos los enemigos" (p. 14).

El título del libro se refiere a los enemigos externos, pero de manera significativa a quienes están prestos a explotar políticamente esta calamidad nacional y "para sacar adelante sus planes sobre Irak" (p. 51). En su intento por culpar a Irak de los atentados, Wolfowitz, segundo de Rumsfeld en el Pentágono, abrió una caja de Pandora al argumentar que el ataque fue "una operación demasiado sofisticada y compleja para haber sido llevada a cabo por un grupo terrorista", sin apoyos estatales (p. 51). Por eso llama poderosamente la atención la dedicatoria del libro: "a los asesinados el 11 de septiembre de 2001, incluidos los que intentaron evitarlo, como John O'Neill (...)".

Clarke aclara que O'Neill era su mejor amigo en el FBI y que sus iniciativas para localizar y desactivar las células de Al Qaeda en Estados Unidos "incomodaban" a su director Louis Freeh. Revela también que O'Neill era "un hombre decidido a acabar con Al Qaeda (...) hasta que le apartaron de esa tarea porque estaba demasiado obsesionado con esa red terrorista y no se andaba con chiquitadas en su afán de capturar a Osama Bin Laden". Agrega que "O'Neill no encajaba en el patrón reducido y limitado que el director quería para sus agentes".

Esta rara actitud de Freeh en su enfrentamiento con O'Neill es un claro ejemplo de por qué el "FBI no podía proteger nuestro territorio" y es parte de un cuadro general encaminado a negar recursos y aparentemente a desactivar la campaña antiterrorista a cargo de Clarke. Desde el arribo de Bush, pese a todas las advertencias del autor, de funcionarios del FBI, e incluso del director de la CIA -en un famoso memo del 6 de agosto de 2001 entregado al mandatario- en torno a la alta probabilidad de un ataque de grandes proporciones de Al Qaeda en territorio nacional, los analistas observan una tendencia de la cúpula gubernamental por devaluar sistemáticamente los instrumentos y presupuestos antiterroristas con las más variadas excusas. Es una pauta que se detecta en la Casa Blanca de Bush, Cheney y Rice, en el Pentágono de Rumsfeld y Wolfowitz, y en la fiscalía de Ashcroft, hasta el 11-9, misma que favoreció a los agresores tanto como la ventana de oportunidad que les ofreció la laxa vigilancia aeroportuaria (Clarke quedó "atónito" al enterarse de que a bordo de uno de los aviones secuestrados "había activistas de Al Qaeda cuyos nombres eran conocidos por el FBI") y la coincidencia del ataque, con Vigilant Warrior, ejercicio militar del comando aéreo estratégico (NORAD) realizado el 11-9, que dirigió la atención de las fuerzas aéreas de Estados Unidos, incluyendo los aviones radar AWACS, hacia un hipotético ataque ruso. Mientras, los atacantes hacían lo suyo.

Clarke nos informa que por su enfrentamiento con Freeh, O'Neill había dejado el FBI y acababa de ser nombrado director de seguridad del complejo del World Trade Center "la semana anterior" al ataque. Como a un soldado amotinador al que se castiga enviándolo hacia una muerte segura en el frente de batalla, John O'Neill murió en las Torres Gemelas el 11-9 aplastado por miles de toneladas de acero.

jueves, 2 de septiembre de 2004

La apuesta de la derecha

John Saxe-Fernández
la Jornada.
México 2 de septiembre de 2004.

El pasado fin de semana, en la ciudad de México y en Nueva York afloraron indicios de que la jugada de la derecha por la polarización, la guerra de clases y la provocación encierra enormes riesgos para la paz social y para quienes, como Aznar, Bush y Fox, han buscado sacar ventaja electoral y la auspician de manera imprudente: cientos de miles de ciudadanos tomaron las calles para manifestarse, en el primer caso, en defensa de un proyecto alternativo a la debacle gestada por la depredación neoliberal y su brutal agresión contra el campesinado, los sectores medios y la clase trabajadora, y en el segundo, para rechazar la regresiva política económica y de libertades civiles, así como la unilateral, corrupta y belicosa política exterior de Bush en Irak.

Aquí, ese repudio, entiéndase bien, no es al "neoliberalismo" como una abstracción, sino a una agenda concreta impulsada por agentes específicos e intereses de clase identificables, como el Banco Mundial y la depredadora plutocracia doméstica, crónicamente presta a fungir como intermediaria con el exterior para venderlo todo a la menor provocación: banca, comercio y, si se le deja, petróleo, electricidad, agua, biodiversidad y territorio.

La situación es grave. El esquema de despojo llegó a los límites de tolerancia sociopolítica. Los planes de choque ahondaron los factores que llevan al país a ser víctima de un ciclo perverso de deterioro de los fundamentos materiales y jurisdiccionales del proyecto nacional formalizado en la Carta Magna, algo que, dada la larga tradición expansionista de Estados Unidos, junto con la vocación entreguista de quienes han estado al mando en Los Pinos (ya por 22 años), nos coloca en situación precaria.

Es dramática la profundización de la inequidad, el desempleo y la pobreza. Los programas impulsados en favor del alto capital mediante el Banco Mundial y sus empleados locales, como el TLCAN, la desregulación financiera y la liberalización comercial a ultranza, la disminución acelerada de la inversión pública y del gasto social y su desvío al pago de la deuda y al rescate de especuladores tipo IPAB-Fobaproa, acicatean las fisuras en lo étnico, regional y económico, agudizando el conflicto de clase. El deterioro es alarmante y representa una amenaza a la "seguridad humana" de nuestra población, seguridad que los especialistas conciben como "un niño que no llegó a morir, una enfermedad que no se propagó, un empleo que no fue eliminado, una tensión étnica que no degeneró en violencia, un disidente que no fue silenciado".

Presenciamos, como en los tiempos previos a los grandes traumas históricos que desembocaron en cruentas guerras civiles, raciales, regionales y globales, que la dirigencia político-económica padece demencia precoz y profundiza los masivos desequilibrios inherentes a un sistema de saqueo doméstico e internacional, articulado alrededor de metas cortoplacistas que marginan del circuito económico a cientos de millones de personas.

Las consecuencias eran ya devastadoras antes de que el panismo llegara al poder. Ahora Fox socava todavía más los ejes de la estabilidad. Desde el domingo cientos de miles de ciudadanos rechazaron este estado de cosas y se manifestaron contra mayores atropellos como el uso político-electoral del aparato judicial. La ciudadanía entiende que se vulneran los mecanismos disponibles para una salida no violenta a la acumulada explosividad social gestada por un régimen faccioso y clasista. Sale a la calle para dejar explícito que utilizar a la Procuraduría General de la República para lograr ventajas electorales, además de irresponsable es un acto abiertamente subversivo y una invitación al caos. Reconoce que los operativos de Estado contra López Obrador debilitan los fundamentos del Estado de derecho y, por tanto, de la paz social. Esos agravios son parte de la estrategia polarizante utilizada por la derecha para acorralar electoralmente cualquier proyecto alternativo. Fox y su gabinete lanzan más gasolina a un tanque que empezó a explotar hace 10 años.

Vivimos hoy una paz precaria, plagada de incertidumbre y violencia cotidiana. Millones de familias despojadas de su patrimonio y de un salario seguro. De ello son testigo los ferrocarrileros y lo acaban de soportar los trabajadores del IMSS a manos de una mancuerna legislativa PRI-PAN torpe y ¿deslumbrada por las migajas que les arrojaron quienes están empecinados en apropiarse de los ahorros de los trabajadores de todo el país, otro botín como el Fobaproa, estimado en poco más de 2 billones de pesos?

Para esa derecha la paz social es sacrificable ante la expectativa de desactivar el enorme ímpetu electoral que, según las principales encuestas, encabeza López Obrador en todo el país. Los aprendices de brujo a la usanza de Aznar y Bush impulsan la guerra de clase y la provocación para apropiarse del centro político-electoral "estigmatizando" como "extremistas", "populistas" o "anarquistas" a los sectores agredidos por ellos. Es una apuesta temeraria.