jueves, 18 de marzo de 2004

La vieja y la nueva corrupción

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 18 de marzo de 2004.

En medio de los escándalos en torno a la corrupción videograbada de funcionarios y delegados cercanos al jefe de Gobierno del Distrito Federal y al Partido de la Revolución Democrática, la prensa dio a conocer (La Jornada, 5 de marzo, p. 1) que se había detectado un rasuramiento de la información sobre el Fobaproa y que la cúpula del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB) había decidido que más de 95 por ciento de las actas de las sesiones de la Junta de Gobierno de ese instituto eran un asunto "de seguridad nacional", por lo que se congelaba su base de datos. Según José Antonio Román y Roberto Garduño (p.19), de las 40 mil fojas que deberían ser sometidas a un análisis financiero público, sólo se proporcionarían 900. Téngase presente que desde diciembre pasado el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) había otorgado el aval para someter a escrutinio las actas y así, por primera vez, dar a conocer al público -y especialmente a los contribuyentes-, sobre quiénes y a favor de qué empresas o grupos se tomaron las decisiones de Fobaproa-IPAB que representan un insolente e insostenible fardo para el erario.

El incidente no es menor. Muestra, de manera dramática, la politización y el doble rasero en que incurre la cúpula de especuladores y político-empresarios que ha hegemonizado el poder en México para tratar un asunto tan delicado como la corrupción. Sanción penal a lo que los especialistas conocen como "la vieja corrupción" y protección y un estatuto de excepción a la "nueva corrupción", usando el escudo de la "seguridad nacional" para encubrir las maniobras de ingeniería financiera del Fobaproa-IPAB, ciertamente el mayor saqueo al que ha sido sometida la nación mexicana desde su fundación. Es algo que debilita gravemente al estado de derecho y envilece y desestabiliza el medio ambiente político.

Además de violar la ley, representa de manera contundente la intención de hacerse de la vista gorda ante el libertinaje y los excesos de los influyentes beneficiarios del Fobaproa-IPAB y de la incautación, a su favor, del patrimonio nacional. Según Oscar Ugarteche, profesor de finanzas internacionales de la Universidad Católica del Perú y asesor principal de la Comisión de Delitos Económicos del Congreso, así como de la Comisión de la Corrupción en la década de los 90, importa distinguir los términos. La "vieja corrupción" está asociada a la pequeña corrupción, a la privatización del servicio público donde se le paga al funcionario para que cumpla con lo que debe como parte de su función regular.

En el caso de los videos-corrupción, cabe aclarar que, como han señalado varios analistas, los buitres no podrían haber actuado sin la presencia de la carroña, algo que ha reconocido López Obrador, precisamente el blanco de lo que a todas luces es una ofensiva en su contra y, notoriamente, el principal político mexicano impugnador del Fobaproa, al declarar su enfático rechazo a la podredumbre dentro de sus filas y su intención, que debe concretar ante una opinión pública que lo exige, de combatir la impunidad. Si bien es cierto que la corrupción es un fenómeno en el que es central la relación entre el Estado, los funcionarios públicos y las empresas privadas, se trata de una concepción limitada ya que centra su atención exclusivamente en la relación entre el sector privado y el Estado, siendo la línea argumental que a más pobre el funcionario público, y más trámites burocráticos necesarios, más corrupción.

Como indica Ugarteche, en este esquema -usado por ejemplo en las investigaciones de Transparencia Internacional-, "la mafia italiana no encaja, las bandas de narcotraficantes internacionales tampoco y la evidencia de que las grandes multinacionales han estado trampeando y falseando sus libros de contabilidad con la ayuda de sus auditores internacionales, tampoco". Revisando la corrupción en los programas de privatización de empresas públicas, y casos como los de Enron y Parmalat, concluye que las corrientes de análisis sobre la corrupción han estado sesgadas.

En México y Perú existe abundante evidencia de que el sector privado puede ser corrupto desde el Estado y que la "vieja corrupción" asociada a los sobornos ha dado pie a la "nueva corrupción" vinculada de manera estrecha a la política de desregulación y de las "reformas estructurales". En las economías "desreguladas" y sometidas a los lineamientos privatizadores y extranjerizantes del FMI-Banco Mundial, estamos ante fenómenos donde "las mayores corrupciones ocurren donde hay más dinero y no donde hay más burocracia ni donde hay más pobreza". El Fobaproa-IPAB se coloca en el epicentro de la "nueva corrupción" producto de una política económica, a decir de Ugarteche, asociada al manejo de información privilegiada en la cúpula del poder político y económico, "al mismo tiempo que ocurren cambios legales por las reformas económicas en curso". Son "actos criminales cometidos en red y que las liberalizaciones permiten por la eliminación de los controles antes existentes".

jueves, 4 de marzo de 2004

Los hitlerianos contra Cuba

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 4 de marzo de 2004.

Durante la clausura del sexto Encuentro de Economistas Latinoamericanos que se acaba de celebrar en la Habana, Fidel Castro presentó un impresionante recuento de los informes de las agencias noticiosas que daban fe de las discusiones del equipo de "seguridad nacional" de Bush, sobre varios esquemas que impulsa la Casa Blanca como parte central de su campaña contra la Revolución Cubana: unos en torno a los medios idóneos para asesinarlo o "acelerar el deterioro de su condición física", y otros, sobre los operativos sicológicos, económicos y militares adecuados para gestar un regime change. Castro describió estas maquinaciones ante mil 400 atónitos profesionales provenientes de 43 países, incluyendo a dos premios Nobel en economía y representantes de 14 organismos internacionales, entre los que se encontraban varios del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

El recrudecimiento de la campaña contra Cuba tiene fuertes tintes electorales, lo que podría sugerir su naturaleza coyuntural y efímera. Algunos plantean que el empantanamiento de Bush en Irak, haría poco factible una aventura contra Cuba, pero la intensidad de los operativos que despliegan la CIA y el Pentágono en Guantánamo y ahora en Haití indica que tal propuesta es apresurada primero, porque desestima el orden de magnitud de lo que ocurre: estamos frente a un equipo "delincuencial" que no ha dudado en usar el terror de Estado en el orbe, ni en relanzar el programa de asesinatos políticos en el exterior, ni ha vacilado en violar abiertamente el derecho internacional, ni en engañar a la opinión pública y al Congreso de su país ejecutando operaciones encubiertas para justificar una genocida "guerra de autodefensa anticipatoria" contra Irak, con el falso argumento de las armas de destrucción masiva. Como a la camarilla hitleriana que asoló al mundo hace más de medio siglo, a los que operan desde la Oficina Oval no les ha temblado la mano para realizar operativos que ya han costado más de 10 mil víctimas civiles inocentes y cerca de 4 mil soldados iraquíes muertos, más de quinientas bajas estadunidenses y miles de heridos de ambos lados.

Gente de antecedentes penal-constitucionales tan cuestionables como Roger Noriega y Otto Reich, este último el principal responsable de América Latina en el Departamento de Estado, desde hace meses han venido reiterando la infundada acusación de que Cuba está tratando de dotarse de armas biológicas. Ante la Fundación Heritage, Reich afirmaba que la isla "tiene al menos un programa limitado de investigación y desarrollo de armas biológicas ofensivas y nosotros basamos esto en informaciones que poseemos... por lo cual representa una amenaza para la seguridad nacional estadunidense". Luego agregó, sin rubor, que "Cuba es un país que patrocina el terror".

Reich ha sido incapaz de ofrecer las evidencias al respecto exigidas por el Subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental del Senado cuyo presidente, el senador Christopher Dodd, advirtió al gobierno de Bush "evitar la tentación de jugar a la política con argumentos que no están justificados, sobre todo porque no se presentan las pruebas". Pero Reich, inspirado en las mismas fuentes y ardides del aparato de inteligencia que llevaron a Tony Blair a afirmar que Irak podía desplegar armas de destrucción masiva "en 45 minutos", afirma, con la misma cara dura del pelele inglés, que Cuba posee un programa de desarrollo de armas biológicas que "es muy fácil de transformar, y en una hora se pueden desarrollar agentes químicos y biológicos para buenos propósitos (fabricación de medicamentos por ejemplo), y que también rápidamente pueden convertirse en armas".

En los últimos meses Bush ha intensificado el asedio mediático, las operaciones de guerra sicológica -a las que se han plegado "intelectuales" y escritores de oportunidad-, mientras recrudece el acoso económico a todo nivel aplicando medidas tan extravagantes y absurdas como prohibiciones para que las revistas científicas de Estados Unidos eviten publicar artículos de investigadores de Cuba. Las repercusiones de este tipo de agresiones generan el rechazo por doquier ya que los afectados se multiplican. Arturo Barba ha demostrado cómo ello nos afecta en México. Por ejemplo, la revista Journal of Agricultural and Food Chemistry impidió la difusión de un estudio dirigido por Feliciano Sánchez, del IPN, porque es parte de un programa de investigación que cuenta con colaboraciones cubanas.

Como en la Alemania nazi, la camarilla beneficiada por el 11-09 atenta contra las libertades de investigación y el espíritu universal de la información científica. En la UNAM, más de 20 especialistas desarrollan investigaciones que cuentan con colaboradores internacionales, incluyendo expertos cubanos en varios campos de la ciencia. Para René Drucker, coordinador de la investigación científica de la UNAM, "se trata de una medida absurda de corte fascista; están enloquecidos los gringos". Es una observación de hondas raíces históricas.

Paul Sweezy, in memoriam

jueves, 19 de febrero de 2004

TLCAN y el bilateralismo intensivo

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 19 de febrero de 2004.

El "bilateralismo intensivo" puesto en práctica por Washington en México desde principios de la década de 1980, fue un ingrediente fundamental en lo que se formalizó como Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). El fenómeno incluye aspectos históricos, geoestratégicos y aquellos vinculados con los mecanismos de "integración" auspiciados mediante la instauración de un régimen acreedor desde principios de los años 80. Sin embargo, la actual e inusitada insistencia de Carlos Salinas en la promoción de la fracasada política de "reformas estructurales" y privatizaciones auspiciada por el Banco Mundial, lamentablemente adoptada como suya por Vicente Fox, y que ha devastado al sistema bancario, la economía popular y al aparato productivo nacional, muestra la conveniencia de escudriñar brevemente algunos factores coyunturales presentes en la etiología del TLCAN.

Como he indicado en otra oportunidad, aunque Salinas había mostrado escepticismo en torno a un TLCAN (aseguraba que las asimetrías entre las dos economías no hacían deseable entrar en ese tipo de arreglos), en febrero de 1990 dio a The Wall Street Journal una de las noticias más trascendentales de su sexenio: el inicio de pláticas "secretas" con Estados Unidos tendientes a suscribir el TLCAN. El abrupto cambio de opinión amerita atención porque indica la existencia de poderosos instrumentos a disposición del aparato político y de inteligencia estadunidenses para el ejercicio del "bilateralismo intensivo".

En su oportunidad, la periodista Dolia Estévez informó desde Washington que, según Jack Sweeney, de la Fundación Heritage, Bush padre logró "convencer" a Salinas de aceptar los términos del TLCAN con base en el chantaje derivado de informes generados por el aparato de inteligencia en torno al narcotráfico y a la corrupción de la cúpula política. A cambio del tratado, Bush ofreció que le permitiría seguir siendo presidente por medio de una narcoamnistía. Ello convenció a Salinas de las bondades del TLCAN.

Fuentes oficiales de Estados Unidos indican que en 1990, cuando el ex presidente informó a Bush que "siempre sí" quería el TLCAN, "la Casa Blanca ordenó a todas sus agencias y a sus correligionarios en el Congreso guardar en el baúl de los olvidos los temas del narcotráfico y la corrupción". "Washington -dice Sweeney- es cómplice y responsable del aumento del narcotráfico y la corrupción en México, porque se hizo de la vista gorda". Citando otras fuentes, la prensa mexicana informó el 21 de mayo de 1995 que "el narcotráfico, que penetró a niveles nunca vistos en la economía y política mexicanas en el sexenio salinista, fue posible gracias a la complicidad del gobierno republicano que buscaba sacar adelante el Tratado de Libre Comercio (TLC)". La "negociación" secreta incluyó el uso de información privilegiada generada del espionaje telefónico y microfónico, rutinariamente realizado en México por órganos estadunidenses, acerca de las vulnerabilidades del liderato local, aunque también es un arma de doble filo que refleja la corrupción del Poder Ejecutivo de Estados Unidos, como indican indagaciones de Jack Blum, ex jefe de asesores del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de la nación norteña, quien ha estudiado la corrupción y el lavado de dinero, y además dirigió las investigaciones sobre este asunto.

Blum ha demostrado las vinculaciones entre la CIA, el narcotráfico y el bajo mundo. "Durante el gobierno de Bush", dice Blum, "la Casa Blanca estaba convencida de que si la opinión pública estadunidense se daba cuenta que en México las drogas y la corrupción iban en aumento, el TLC jamás se ratificaría... nadie podía decir nada en voz alta porque se iría contra la política oficial".

Un estudio de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) intitulado La economía política del comercio de las drogas -elaborado por James Moody, jefe de la Sección Drogas de la División sobre Crimen Organizado y hecho público en México el 9 de mayo de 1995- indica que desde el gobierno de Salinas se puso en marcha un conjunto de incentivos para atraer capital extranjero. Uno de ellos -dice el documento- "es la venta de empresas paraestatales a inversionistas privados, empresas que consisten en importantes instituciones financieras, fábricas y negocios industriales y de servicios de vanguardia con valor de miles de millones de dólares". En ese programa de privatización "hubo corrupción y operaciones de lavado de dinero que involucran a influyentes financieros mexicanos... empresas paraestatales en proceso de privatización fueron compradas por organizaciones de narcotraficantes".

La aplicación del "bilateralismo intensivo" por medio de la acción de instrumentos de proyección de poder estadunidense como el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo, el Tesoro y los relativos al área policiaco-militar y de inteligencia, prepararon un terreno tan favorable a los negociadores estadunidenses del TLCAN que naturalmente ahora Washington desea ampliar al resto del continente latinoamericano, por la vía del ALCA, versión plus de las concesiones hechas por Salinas en favor del alto empresariado extranjero.

jueves, 5 de febrero de 2004

La suma de todos los miedos

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 5 de febrero de 2004.

"Invertiré en la tecnología del futuro para evitar que los estadunidenses tengan que morir por el petróleo iraquí". Con estas palabras el senador John Kerry, puntero en la contienda por la candidatura demócrata a la presidencia de Estados Unidos, sacó del clóset un tema ampliamente discutido en el ámbito internacional, tabú para los medios de comunicación estadunidenses: el peso de los intereses de la industria del gas y del petróleo en la guerra de conquista desatada por Bush contra Irak.

Lo dicho por Kerry cobra importancia porque se da en medio de una profunda crisis de credibilidad del gobierno debido, primero, a la revelación del ex secretario del Tesoro, Paul O' Neill, de que la decisión de atacar Irak se tomó meses antes del 11/9, y segundo, a las declaraciones de David Kay, de la CIA y ex jefe de inspectores de armas de destrucción masiva, sobre la inexistencia de esos arsenales en Irak.

Si bien Kay aseguró que Hussein destruyó los arsenales en 1991 y que nunca fueron sustituidos, lo cierto es que abrió una puerta de escape a Bush, Cheney y el resto del equipo de la Casa Blanca, al plantear que todo se debió, no a una manipulación deliberada del Congreso y del público por parte de Bush, sino a "errores de los servicios de inteligencia" en cuanto a la existencia de esas armas en Irak.

La creación de comisiones en Estados Unidos e Inglaterra para "indagar esas fallas" es, como expresó hace pocos días a la BBC Marcos Roitman, un intento para "lavarse la cara". Bush no sólo se opuso terminantemente a la labor de los inspectores de Naciones Unidas, que habrían llegado a la misma conclusión de Kay mucho antes, sino que alegó la existencia de una amenaza inminente para desatar una masacre de iraquíes, seguida por persistentes bajas de Estados Unidos. Además de desactivar a los inspectores de la ONU, Bush y Blair reprimieron las pruebas recabadas por sus servicios de inteligencia que pusieron en tela de duda la existencia de arsenales prohibidos. Como develó O'Neill, el objetivo predeterminado de Bush fue desencadenar la guerra, por lo que puso a un lado todo indicio que cuestionara un brutal operativo "preventivo", en el que los principales beneficiarios han sido precisamente grandes empresas de la construcción, del área de servicios petroleros y otros importantes contratistas militares, todos vinculados con la Casa Blanca en general y con el vicepresidente Cheney en particular. Un estudio del Centro por la Integridad Pública indica que incluso la desprestigiada Enron -uno de cuyos funcionarios preparó el esquema de "reforma" petroeléctrica de Fox-, por medio de su gerente general y su Comité de Acción Política continúa apoyando la campaña de Bush. Bajo presión del Senado y de la Cámara baja, el presidente finalmente cedió a la propuesta de crear una comisión independiente sobre las presuntas fallas de los servicios de inteligencia, pero, siguiendo su notable inclinación a burlar a la opinión pública, se ha asegurado de que los resultados de tales investigaciones se conozcan "después" de concluidos los comicios presidenciales.

En un medio internacional adverso, debido al "empantanamiento mesopotámico" en el que la resistencia iraquí ha sumido a la campaña militar de la "superpotencia delincuencial" dirigida por Bush, así como a condiciones domésticas que indican un potencial deterioro electoral por la incapacidad de los programas gubernamentales para generar empleo mientras impulsan un déficit fiscal y de cuenta corriente sin precedentes, la propensión del presidente y su equipo a recurrir al miedo como pieza central para lograr su relección se cierne como uno de los grandes peligros para la sociedad estadunidense y el mundo, especialmente si se tiene presente su proclividad por la manipulación de la opinión pública mediante el "manejo" de la información y de maniobras encubiertas.

Al discutir las ventajas que las encuestas daban a Kerry sobre Bush en la eventualidad de que los comicios se celebraran ahora, fue precisamente un estratega republicano quien expresó desde la CNN que la situación "podría revertirse rápidamente de ocurrir alguna acción terrorista espectacular". En este contexto cobran relevancia los ataques de ricina contra el Senado y dos quejas planteadas por los demócratas: sólo 3 por ciento de todos los contenedores que ingresan diariamente a Estados Unidos por vía marítima reciben una inspección de seguridad, mientras, en contradicción con la retórica oficial sobre la proliferación nuclear, el gobierno de Bush obstaculiza los esfuerzos internacionales por monitorear y controlar la circulación de uranio enriquecido. Con Bush en el poder conviene pensar lo impensable: un escenario como el planteado en la película La suma de todos los miedos -un hipotético ataque terrorista nuclear contra una ciudad-, que aseguraría la "relección" y consolidaría el regime change en Estados Unidos al sustituir permanentemente a la Constitución con la nueva versión de la Ley Patriota.

jueves, 22 de enero de 2004

La mendacidad de Bush

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 22 de enero de 2004.

El ex secretario del Tesoro de Estados Unidos (EU), Paul O'Neill, dio a conocer que la guerra contra Irak formaba parte de los programas secretos del gobierno de Bush mucho antes del 11-9. Recordemos que desde febrero de 2001, durante su visita a México, en su primer acto de política exterior bombardeó a esa nación árabe, integrante de la OPEP. Dejando a un lado los más elementales principios de la diplomacia, en lo que resultó ser claro indicador de los excesos que caracterizarían su actuación doméstica e internacional, Bush ordenó el ataque desde el rancho donde le atendía Fox, su homólogo y confeso "colaborador" en materia geoestratégica y de proyección imperial hacia América Latina y el Caribe. Siguiendo el ejemplo del brutal asalto contra Panamá perpetrado por su padre en diciembre de 1989 -más de 2 mil muertos-, y como quien se esfuerza por establecer su territorialidad, actuó como un can, usando suelo mexicano para indicar su intención de mearse en el mundo, aislándose de la comunidad internacional.

La revelación de O'Neill no es anécdota, sino un importante develamiento de un ex integrante del gabinete y del Consejo de Seguridad Nacional. Es un testimonio de primera mano que confirma nuestra interpretación de que el mencionado operativo "diplomilitar" fue cuidadosamente preparado y diseñado como parte de toda una programación de acciones encadenadas, con designios políticos, domésticos e internacionales, dirigidos a "generar eventos" para un regime change en EU (una suerte de putch formalizada en el acta patriótica), así como con precisos objetivos empresariales y geoestratégicos, encaminados al control del petróleo mundial, incluyendo al sector petroeléctrico de México por medio de su privatización de facto en el contexto de un esquema de "regionalización energética". También incluyó el desarrollo de operativos encubiertos dirigidos al control del petróleo venezolano.

Parte nodal del esquema fue la ocupación militar y el dominio y usufructo de la inmensa reserva petrolera iraquí. Son altos los riesgos para la seguridad internacional de esa política de fuerza y la instauración de un estado de excepción en EU, así como profundas las implicaciones de este estado de cosas, tanto desde la perspectiva político-constitucional estadunidense, como de la política mundial y el derecho internacional.

Si el tema de las armas de destrucción masiva en Irak fue central en el pasado informe presidencial, en el de este año sólo las mencionó de paso. Fue otro gran engaño al público y al Congreso. La decisión de ocupar a Irak ya estaba decidida y lo que siguió fue un vasto programa orwelliano centrado en la mentira y la falsificación de datos y de operativos abiertos y encubiertos, para lograr el apoyo de la población y el endoso legislativo, que de paso sirvió para reclutar a Blair como cómplice, quien junto con los otros dos carroñeros, Aznar y Berlusconi, estaban más que dispuestos a dejarse embaucar.

Bajo la cubierta de guerra preventiva, la mira estuvo puesta, primero, en el botín iraquí y en los multimillonarios contratos de la "reconstrucción" y, segundo, en la difusión de una retórica "antiterrorista" para "justificar" la mantanza de miles de civiles bajo la cubierta de guerra preventiva. Era la "respuesta" al 11-9, a la nunca verificada existencia de "armas de destrucción masiva" y a la igualmente infundada supuesta relación de Hussein con Al Qaeda. El 11-9 ofreció la excusa ideal para justificar ante una indignada opinión pública la agresión contra Afganistán e Irak.

El develamiento de O'Neill indica la necesidad de escrutinio objetivo e independiente, de las acciones de "seguridad interna" desplegadas por el gobierno antes del 11-9, ya que, curiosamente, estuvieron dirigidas de manera sistemática a la "contención", desfinanciamiento y neutralización de los programas antiterroristas de Clinton. Sólo después del 11-9, con todo el capital político-electoral que se generó por los ataques, se puso en marcha de nuevo el programa "antiterrorista". La de febrero de 2001 en México fue la primera operación, a la que seguirían, día a día y semana a semana, acciones totalmente consistentes con los acontecimientos que facilitaron, agilizaron y desembocaron en el 11-9.

Bajo la luz de los nuevos desenmascaramientos existe alto orden de probabilidad de que estemos en presencia de operativos fríamente calculados, no ante lo que la Casa Blanca y la cúpula de inteligencia han querido presentar al público como "errores burocráticos", unos debido al "exceso de información", otros a la descoordinación, incomunicación o rivalidades entre los mandos medios de las agencias de inteligencia y de las dedicadas a garantizar la seguridad interior de EU.

Ante la propensión de Bush al uso del engaño y la ofuscación deliberada es preciso revisar su notoria oposición a cualquier investigación legislativa independiente en torno a las operaciones de su gobierno en materia de seguridad interna, "antes" de los ataques del 11-9.

sábado, 3 de enero de 2004

Petróleo y crisis de la Pax Americana

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 3 de enero de 2004.

La semana pasada se hicieron públicos algunos documentos de los servicios de inteligencia británicos relacionados con la guerra "árabe-israelí" que se desató en 1973. Estos indican la existencia de preparativos del Pentágono para la invasión y toma de pozos petroleros de algunos de los principales productores de crudo de Medio Oriente, Arabia Saudita, Kuwait y Abu Dhabi. En esa ocasión se puso en práctica un embargo petrolero contra Estados Unidos, de los exportadores árabes de crudo, por su postura en favor de Israel. Entre otras repercusiones, estos archivos secretos arrojan luz sobre el contexto en que se dio el giro observado en la política "económica" y de "seguridad" estadunidense hacia México, Canadá y Venezuela, naciones poseedoras de importantes reservas de combustibles fósiles.

Cabe aclarar que la diplomacia de fuerza de Estados Unidos desplegada desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, ya sea por medio de operaciones abiertas o encubiertas, se caracteriza por la combinación de instrumentos "diplomilitares" y económicos para el ejercicio del "bilateralismo intensivo". Por ser una política exterior articulada en función de los intereses de corto plazo del alto empresariado industrial, agropecuario y bancario -y de sus socios y cómplices locales-, su impacto acumulado genera traumas sociopolíticos y militares de naciones y regiones enteras. Su objetivo central ha sido la promoción de los negocios de sus inversionistas, abriendo espacios a sus grandes consorcios industriales y de servicios, ya sea por medio de empréstitos altamente condicionados o de esquemas de corte colonial, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que formalizan y fomentan, vía instrumentos "no militares", su control de las actividades económicas en ultramar, así como el acceso irrestricto de sus empresas mineras, petroleras y de gas -no menos que las dedicadas a la explotación comercial del agua y de la biodiversidad- a los recursos naturales de alto valor estratégico y económico.

Por muchas décadas, pero especialmente desde 1973, el control del petróleo mexicano, venezolano o del Medio Oriente, y del gas canadiense, ha sido un ingrediente central de la diplomacia y de los planes de contingencia militar de Washington, al punto de que los primeros bocetos para impulsar una "integración comercial de América del Norte" tuvieron como eje las ambiciones empresariales y "geoestratégicas" en torno a las reservas de combustibles fósiles de sus vecinos. Aunque éstas no son las únicas motivaciones de esa política exterior, lo cierto es que la brutal e ilegal ocupación de Irak, así como la desarticulación y eventual desmantelamiento de grandes empresas públicas mexicanas y de otras naciones de la región, de interés para sus consorcios eléctricos, petroleros y del gas, se han realizado sin importar los traumas y trastornos que se engendran a diestra y siniestra.

Como lo ilustra Gabriel Kolko en su imprescindible libro ¿Otro siglo de guerras? (Paidós, 2003), los "éxitos militares" de corto plazo de la Pax Americana son seguidos de grandes desastres humanitarios y fracasos políticos. Así ocurrió en Corea, Vietnam, Camboya, Chile y Centroamérica, y ahora en Afganistán y Medio Oriente, área de enorme peso estratégico impactada de manera profunda, junto con el resto del mundo, por la guerra de guerrillas propiciada por la ocupación colonial de Irak. Mientras la agresión contra Afganistán desestabilizó a toda una región, que incluye a naciones como India y Pakistán, que cuenta con armamento nuclear, Irak se transformó en un "lodazal mesopotámico" que profundiza la vulnerabilidad estructural de Estados Unidos, ilustrada por los atroces ataques del 11 de septiembre.

La ocupación de Irak ha cubierto en una densa e impredecible atmósfera de crisis a toda una región que contiene poco más de 60 por ciento de las reservas petroleras del planeta, lo cual es grave para la paz mundial, ya que todo el esquema de libre empresa organizado bajo la "Pax Americana" tiene como fundamento un acceso irrestricto -y un consumo igualmente masivo- a fuentes energéticas baratas. El petróleo, la industria aeroespacial y bélica, la automotriz y la generación de electricidad, actualmente son componentes vitales y complejos del capitalismo. La energía, junto con el capital, el trabajo y los recursos, son los pivotes de la sociedad industrial contemporánea, y el petróleo representa la fuente más importante.

El belicismo, unilateralismo y "terrorismo de Estado" de la Casa Blanca están generando una creciente globalización de las respuestas no convencionales, lo cual incrementa la probabilidad de que estemos ante desestabilizaciones regionales y un desastre energético potencial que podrían desatar una convulsión general.

Bush y Blair, de manera irresponsable e innecesaria, profundizaron el deterioro acumulado de las relaciones internacionales al garantizar, por medio de una riesgosa y fraudulenta "guerra preventiva" contra Irak, que las batallas por el control de ese recurso no van a ser pacíficas.

jueves, 11 de diciembre de 2003

Privatización y seguridad nacional

John Saxe-Fernández
La Jornada.
México 11 de diciembre de 2003.

La política auspiciada por el Banco Mundial desde mediados de la década de 1980, encaminada a llevar "a un punto de venta" las grandes empresas del sector estratégico (Ferrocarriles, Pemex, Comisión Federal de Electricidad y Luz y Fuerza del Centro), se intensificó con el gobierno foxista. Dado que violan la Constitución, las medidas aplicadas debilitan la vigencia del estado de derecho, así como los fundamentos de la "seguridad nacional mexicana". Esa seguridad es dimensión básica de la soberanía y está subsumida en el texto constitucional, especialmente en todos los casos contemplados en el artículo 27: "tratándose de petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos no se otorgarán concesiones ni contratos ni subsistirán los que se hayan otorgado..."

Por su amplio impacto en la economía nacional y familiar, por su contribución fiscal y por ser las exportaciones petroleras fuente principal de divisas "no condicionadas", Pemex, la CFE y LFC siguen siendo epicentros de la soberanía y de la seguridad nacionales, por lo cual el persistente ataque contra esos entes (sabotaje fiscal, administrativo y técnico) vulnera de manera flagrante el estado de derecho y pone en peligro la seguridad y la estabilidad sociales.

La intención de la industria gasera y petrolera de Estados Unidos, con el impulso de la Casa Blanca y de instrumentos vitales para el ejercicio del "bilateralismo intensivo" a su servicio (el Tesoro, BM y FMI, entre otros), se ha centrado en revertir "en los hechos" la nacionalización petrolera y eléctrica tanto en la dimensión operativa como político-administrativa. Hoy el gran esfuerzo de los "empleados" domésticos de esos intereses externos se centra en ajustar la Carta Magna a la rampante inconstitucionalidad del programa de "privatización de facto" del sector energético.

Para impulsar la entrega de facto de Pemex a empresas extranjeras, el BM gira instrucciones al gobierno foxista para que, al margen de la Constitución, esa empresa "...otorgue contratos colectivos para exploración y desarrollo de cada campo petrolero, para que en los más grandes se puedan extraer mayores rentas, ya que en ellos la extracción es más barata..." Es un "mandato" de Washington que Fox, Muñoz Leos y las autoridades de Hacienda acatan inconstitucionalmente, impactando fuertemente el diseño presupuestal de la empresa.

Según explicó David Cortés, miembro de la Unión Nacional de Trabajadores de Confianza de la Industria Petrolera, en una ponencia presentada en el foro La Jornada-Casa Lamm, la idea es utilizar el contratismo a ultranza para desactivar y eventualmente dejar a Pemex hecho un cascarón. Asimismo señaló que "...actualmente Pemex administra 10 mil contratos anuales" y "la actual administración pretende con los Contratos de Servicios Múltiples tener 20 o menos contratos con pocas empresas, para que éstas a su vez subcontraten, es decir, sustituyan a Pemex". Entre las áreas más sensibles en las que se realizan estos contratos están: "los estudios integrales de yacimientos, la perforación y terminación de pozos, las plataformas de producción, el procesamiento y compresión de gas, los proyectos integrales o llave en mano de exploración y explotación de crudo, como el de Chicontepec, la reconfiguración de las refinerías de Cadereyta, Tula, Salamanca, Ciudad Madero y Minatitlán".

Cuando Cortés menciona la sustitución operativa en Pemex no lo hace como figura retórica, ya que la intención de Washington es mucho más radical. Precisamente con la mira puesta en la eventual desaparición de Pemex, el BM ya propuso el establecimiento de un aparato institucional homologado al existente en Estados Unidos: se trata de un ente sometido al poder e influencia de las grandes empresas del ramo. Según el BM, el gobierno mexicano debe proceder al establecimiento de una burocracia que se encargue directamente de la administración de los mencionados contratos, mediante una (textual) "Agencia Federal (authority) de Hidrocarburos, que estaría separada de Pemex. Tal agencia se encargaría de las áreas de exploración y producción, negociaría y firmaría los contratos de exploración y producción sobre todas las áreas existentes y las que existan en el futuro, supervisaría el cumplimiento de los compromisos de inversión contraídos por Pemex, así como a la subsidiaria de exploración y producción y a las empresas privadas, y serviría como depósito de toda la información. Entes similares existen en Estados Unidos, como por ejemplo la Texas Railroad Comission".

El embajador de Estados Unidos, Tony Garza, fue integrante de esa comisión, que, como ya lo hemos indicado desde estas páginas, no tiene nada que ver con los "ferrocarriles", ya que es una suerte de OPEP, un organismo "regulador" de la industria petrolera subordinado a las empresas.
Estamos en presencia de una inadmisible intervención extranjera y violación constitucional en curso que ameritan el enérgico rechazo de la población y la acción que corresponda, según la Carta Magna, a los poderes Legislativo y Judicial.